Te grito desde el cielo.

Te grito desde el cielo.
Dedicado a la mujer amada.

Grito desde el cielo llamando
a mi aurora permanente,
no quiero estar ausente
de mi mundo allí abajo;
de ese mundo gaseoso y sutil
que envuelve tu cuerpo serrano.

Mi voz de silencio y de ecos
atraviesa el mundo para ser oído,
con forma de viento herido
imitando un trozo de cielo;
que es mi sueño hecho río
buscando tu inmenso desierto.

Andando se hace el camino
con la voz se hace el cantar,
cuando tu cielo se hace infinito
mi voz no llega tan allá;
mi sueño se pierde en el viento
y mis deseos caen al mar.

Jecego.

No dejes que tus sueños se eleven demasiado, porque se perderán.

El secreto de la montaña grande. Güimar.

El secreto de la montaña grande. 12/07/07.

La lava, hija de la montaña grande
cercada y por el mar acorralada,
lleva sus hijos a cuesta, sin decir nada,
sabiendo que el volcán fue su padre.

Las cosas se transforman con el tiempo
un hijo llega a ser un padre,
el amor llega a ser odio
y la roca, dorado jable;

con el tiempo las cosas pierden
su ruda, áspera y primaria acritud,
y van tomando las formas suaves
de la eterna juventud.

La única historia verdadera (Naturaleza)
ha sido la labrada en la piedra, (Petra)
porque la mano no engaña (Roma, Egipto, Atenas,)
mientras que la palabra yerra; (Historia)

son pocas las palabras exactas
que digan la verdad duradera,
mientras que las grabadas en la roca
tienen una única historia, si dura la piedra.

Hay quienes ocultan estatuas
porque quieren ocultar la historia,
y su ignorancia les lleva
a prescindir de la memoria;
que es la voz del silencio
historia de la palabra más hermosa.

La palabra retumba en la sala
y en la plaza prolonga su eco,
rompe el silencio en el pueblo
siguiendo la dirección del viento;
y se va, y se va lejos
dejando solo un recuerdo,
que es la memoria de que hablo
que evita se las lleve el viento.

Nada dura eternamente
muy poco la palabra hablada,
porque el viento no tiene memoria
solo queda lo que guardas.

Ahí está en su memoria
el secreto de la montaña,
lo lleva entre los surcos
de su piel arrugada;

son sus hijos queridos
verdes en muchos tonos,
para ver a su abuela, la mar,
que no sale de su entorno:
porque pesa mucho su masa
y quiere ver sus retoños.

La montaña nunca ha olvidado
que es hija de un volcán
oculto bajo las aguas;
y que de ella brotó un día
toda aquella lava que forma el malpaís
paraíso de la montaña; (de Güimar)
donde nacieron sus nietos:
valos, cardones y tabaibas,
que cubren todo el espacio
entre la montaña y la playa

Allí su abuela, la mar, se regocija,
viendo a sus nietos, hijos de la montaña
y le teje sus calcetines
con hilos de espuma blanca;

siempre en silencio,
siempre callada,
no valen las palabras
ante una imagen labrada,
sobre la piedra que brotó
desde dentro de sus entrañas,
un día ya lejano,
guardado en la memoria pétrea,
de nuestras Islas Canarias.

Jecego.


El mundo está lleno de palabras.


El mundo está lleno de palabras.
03/12/07.

Las palabras son presos
que escapan de la cárcel,
llevando sus argumentos
envueltos en el aire;
simulando ser perfectas
imágenes contextuales.

Son las palabras la clave de las cosas
porque les da nombre y sentido,
las cosas no son nada sin nombre
imágenes perdidas en el olvido;
hasta los sentimientos se hacen palabras
para ser reconocidos.

Palabras, palabras y palabras
llenan nuestro mundo y días,
cosas, pensamientos y vida
son tan solo palabras.

Jecego.

El amor se cultiva cada día

El amor se cultiva cada día.
20 de Octubre de 2007.

¿Quien retuvo el amor,
prisionero en una jaula?
¿Quien detuvo la voz,
de un pueblo que no habla?
¿Quien puede detener la imagen,
de una sutil mirada?
¿Quien puede retener en su mano,
las nubes de una alborada?

Nadie.
Solo una flor puede hacerlo
porque no necesita palabras,
como el amor que es todo silencio
y se esconde en el alma;
para convertir en imagen
el fulgor de una mirada.

¿Cuantas veces muere el amor
con el veneno de una palabra?.

Una buena imagen llena la vida de amor
y una mala palabra, puede vaciarla,
el amor es una ilusión frágil como una flor
que nace y muere espontánea;

cultiva cada día tu jardín de amor
para que su perfume; tenga llena tu alma,
yo lo cultivo siempre, cada segundo,
tú, no esperes a mañana.

Jecego.

El amor es una palabra sin frontera.

El amor es una palabra sin frontera.
26/11/07.

Amor es la palabra sin frontera
que se abrazó al hombre como fin y principio;
donde se eterniza la esperanza
de vivir para siempre en su espacio infinito;

debería ser común amarse todos los hombres
de este mundo tan mal repartido,
donde existen tantos rostros y colores
y tanta distancia entre pobres y ricos;
donde si fuéramos conscientes viviríamos
amándonos en esta tierra y paraíso.

La palabra esperanza, debe ser el cauce
por donde corra el río del amor infinito,
que haga que se conozcan los hombres
en un tiempo que nos conduce al abismo;

amor que madure las mentes humanas
y nos convierta a nosotros mismos,
haciendo que se pare el tiempo
antes de perdernos en el río;

porque esta vida solo es el discurrir del agua
y su cause, un angosto camino,
que se hará rompiendo la tierra
que será nuestro propio destino.

Jecego.

¿Que es amor?

¿Qué es amor? Me preguntas.

Mientras miras a mis ojos y suplicas
con tus manos cogidas a las mías,
dime que es amor vida mía,
dime que es amor,
que tus labios me digan con besos
lo que es amor en mi vida.

No quiero oír palabras
no quiero escuchar mentiras,
solo quiero que tus besos
me digan lo que es amor;

que mi pecho se desborde
con el calor de tu cuerpo,
y mi vida se derrame
por el único cielo que tengo.

No quiero escuchar tu voz
solo quiero amor puro y tierno,
que corra por mis venas
celebrando este encuentro;
que se llene el aire de tu embrujo
y se quede todo en silencio.

Ella.-Eso es amor vida mía,
ese es el amor que quiero;

El .- Te daré ese amor mi vida,
porque ese es el amor que tengo.

Jecego.

Para Ana Dominguez.

Para Ana Domínguez.
en su cumpleaños.
(16 de Julio del 09).


Como violeta humilde
como jazmín perfumada,
como rosa primorosa
como gardenia sublime;
todo un ramillete de flores
en un jardín como límite.

Así te ven mis ojos dichosos
que al mirarte reviven,
aquellos momentos felices
cuando fueron primorosos;
rodeados de flores como tú
en aquellos años mozos,
que fueron parte del gozo
que aquella flores me dieron.

Muchas felicidades en tu cumple
que yo me doy por contento.
sabiendo que tu por dentro
tienes tu corazón gozoso.

Jecego.

Para todas las Carmenes en su día.

Para todas las Carmenes del mundo.

Me gustaría poder hacer residencia
con esta poesía; de un cúmulo de felicidad,
en cada una de las Carmenes que habitan
la Tierra y de aquellas que son sus amigas;
tan humilde como mis palabras y las violetas
pero tan grande como la vida misma.

Me gustaría que estas palabras residan este día
en sus corazones, haciéndolas su residencia,
convertidas en Malagueñas en Isas y alegría
que enraícen en su felicidad, para siempre, cada día;
que mis palabras encuentren cobijo en sus corazones
y se haga eterna la felicidad en sus vidas.

Un abrazo para todas las Carmenes en su día
que mis palabras les den suerte
y que les dure toda la vida;

que sean como las violetas
humildes pero muy fuertes,
lo demás, Carmen, te lo traerá la vida.

Un amigo de todas las Carmenes
y por supuesto, de la mía.

Jecego.
De: Se equivocarme solo.

Canto a una sirena.

Canto a una sirena.
15/07/09.

Fue tu embrujo lo que me hizo ver
una preciosa sirena en la playa
con su piel plateada y reluciente,
o fue tu imagen que nubló mi frente
bajo la calida luz del sol que asomaba.

Muy temprano cuando la primera luz
del sol, segunda semanas de Julio
acariciaba mi cara en la playa,
surgió una imagen inmaculada
de dentro del mar, entre sus aguas.

Estire mis brazos para salvarle
como a Moisés entre las aguas,
pero la sirena no quiso aventuras,
y se mantuvo erecta sobre su cola
como una estatua sobre el agua.

Me miraba expectante y cautelosa
con su melena escurriendo el agua
unos segundos que me cautivaron,
luego dejó hundir su cuerpo en el agua
y con su cola en alto, me dijo adiós.

Su imagen, la guardo en mi retina
como un sueño convertido en poesía
con la luz del sol en mi cara reflejada,
como la alborada que en el horizonte
presenciaba el encuentro con mi hada.

¿Qué fue aquello, un sueño, un deseo,
el mar, el sol, el cielo, reflejo de las nubes
o de verdad, una sirena encantada?

solo se que al despertar:
estaba solo en mi almohada.

Y ahora me pregunto:
¿por que se me quedo grabada la imagen de tu cara?.

Jecego.

Horizonte.

Horizonte.

Límite o frontera
luz o oscuridad,
alcance de los ojos
espacio a mirar.

Límite de la mente
conocimiento o capacidad,
para ver de la vida lo hermoso
y ceguera para lo demás.

Cada amanecer un horizonte
de belleza sin igual,
para cada persona un criterio
pero horizonte, uno, nada más.

Es la forma de ver las cosas,
o la forma de mirar;
o el momento en que las miras
y en que ánimo estás.

El alma tiene mucho que ver
en tu forma de interpretar,
las cosa que ven tus ojos
a través de un buen cristal;
uno malo distorsiona el reflejo
de la imagen a mirar.

El horizonte está muy lejos
parece que se juntan, el cielo y el mar;
un buen cristal puede acercarlo
hasta poderlo tocar;
todo depende del momento
y el deseo de acercar.

Todos tenemos un horizonte
o meta que hemos trazado;
y debemos adaptar la lente
al espacio ya mirado;
y dejemos de mirar
a puntos diferentes,
para que el cristal de la lente
no quede desplazado.

Jecego.

Güimar sin los cipreses.

Güimar sin los cipreses.

Güimar perdió su encanto mas elevado
cuando el Delta con sus fuertes vientos,
acostó a los cipreses hercúleos
que adornaban el cementerio.

Luego el Ayuntamiento,
más fuerte que el huracán,
cortó los que quedaron erguidos,
con una máquina asesina.

Ocho cipreses tumbó el viento
dieciséis, la máquina asesina,
el cementerio quedó sin ninguno
de sus centenarias insignias.

No me parece una idea cristiana
cortar a los que pedían al cielo,
perdón para las almas
de los dormidos deudos:
que descansaban en sus raíces
confiando en el sueño eterno.

No habían cimas más altas
ni más cerca del cielo,
que las erectas ramas
de los cipreses viejos.

Aquellos incansables cipreses
que imploraban al cielo
con sus brazos inertes
perdón para sus deudos;
fueron abatidos por mandato
de una extraña gente
que seguramente pensaron
que no les llegaría la muerte.

Pero puedo asegurar,
a ese grupo de gente,
que ejecutó el mandato;
que su muerte le llegará
como le llegó a los cipreses;
y no tendrán quién pida por ellos
perdón para sus mentes;
y que han sembrado la semilla,
de la muerte, que germinará mañana,
para recordar por vida
su criminal hazaña.
Jecego.



que descansaban en sus raíces
confiando en el sueño eterno.

No habían cimas más altas
ni más cerca del cielo,
que las erectas ramas
de los cipreses viejos.

Aquellos incansables cipreses
que imploraban al cielo
con sus brazos inertes
perdón para sus deudos;
fueron abatidos por mandato
de una extraña gente
que seguramente pensaron
que no les llegaría la muerte.

Pero puedo asegurar,
a ese grupo de gente,
que ejecutó el mandato;
que su muerte les llegará,
como le llegó a los cipreses;
y no tendrán quién pida por ellos
perdón para sus mentes;
y que han sembrado la semilla
de la muerte, que germinará mañana,
para recordar por vida
su criminal hazaña.
Jecego.

Güimar en mi mente.

Güimar en mi mente.
26/04/09.

Yo nací en tu tierra, y canto
porque mi corazón es tuyo.

Canto en mis poemas tu imagen
junto a todas tus criaturas,
dejando que me acompañen
y con mi amor se fundan.

Tengo mis raíces en tu tierra
ojalá no se sequen nuca,
quiero ser tuyo para siempre
y que mis ramas te cubran;
con mis retoños y hojas verdes
y mis hijos como fruta.

Quiero verte cada día
desde el amanecer a la penumbra,
oír el canto de tus pájaros
y ver en la noche tu plateada luna;
hasta que se rompan mis deseos
o mi cuerpo se derrumba,
mis días se queden sin sol
y mis noches sin la señora luna.

Preciosa te llamo y te canto
desde la alborada de tus brumas,
hasta el ocaso de tu sol
y la presencia de tu luna;
porque no quiero perder mi tiempo
sin alabar tu hermosura,
bajo la luz del sol ardoroso
y de la cálida luna.

Te escribo para cantarte y decirte
porque sé que tú me escuchas,
o lees mis poemas en la noche
porque tú eres tierra única;
y cuidas de tus hijos como madre
como la parra, a sus uvas,
oculta bajo sus hojas verdes
del sol ardiente y de la lluvia.

Jecego.

Güimar desde las alturas.

Güimar desde las alturas.

Yo miro a mi pueblo desde arriba
porque veo el atlántico azul, y sus playas,
de espuma que acaricia su orilla:
de callaos y rocas volcánicas;
y la montaña grande que esconde
el barrio del Socorro, y su playa.

Me gusta mi pueblo: porque la naturaleza me abraza,
y en él encuentro todo lo que necesito;
lo que embriaga mi alma
una aurora temprana,
un campo verde esmeralda
y una familia que me ama.

Me gusta mi pueblo porque el sol
cuando raya el horizonte,
le da a las nubes el rol
de museo, de dimensión enorme;
dando formas hermosas e informes
que a la imaginación desborda,
cuando en mi retina se dibujan
los colores, de esas imágenes gaseosas.

Me gusta ver mi pueblo desde las dehesas
porque allí abajo, tengo todos mis amores:
unos, en sus hogares en cuerpo y alma,
otros, en espíritu, en el camposanto;
estos últimos desorientados, sin cipreses,
que algún desalmado, los ha cortado;
porque no pensó que el también morirá
y no tendrá la compañía de los cipreses, sus soldados.

Me encanta mi pueblo porque la vida sigue
aunque no supere el recuerdo de la tormenta,
que ya muchos, no tienen en cuenta,
ni la suerte que le persigue;
porque mirando al horizonte consiguen
lo que la suerte les niega.

Me gusta el amanecer, cuando Venus se despide,
me parece un hada que me dice: mañana volveré;
y el sol en el horizonte, rompe la oscura noche,
y en un momento, llega del monte a la mar,
con su luz y calor, dando vida a todo ser,
que habite en mi pueblo, y ocupe su lugar.

Jecego.

Soliloquio.

Soliloquio

Llevo mucho tiempo hablando solo, yo oigo, y una voz que no es la mía me contesta; siempre está a mi lado un personaje que interpreta mis pensamientos y da respuesta a los mismos; la verdad que es incomodo oírse sin ser oído por nada visible.

Hay muchas personas que hablan solas; en la calle, en la plaza, quietas ante una farola o caminando sin parar, casi siempre en voz alta, unas veces con voz sosegada y otras con bastante énfasis, y yo me pregunto ¿que hay en sus mentes para que sean a la vez, mármol y estatua, trigo y harina o barro y figura? A veces las conversaciones son larguísimas, parece que no tienen final. Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos, dijo Aristóteles. O quien habla solo espera hablar con Dios, según Machado. ¿Estarán hablando con Dios, o su alma en dos cuerpos, les permite ser arte y parte de su íntimo soliloquio?

En mi caso, creo que solo me oigo yo, que como dijo Aristóteles tengo un alma y dos cuerpos, el físico, que veo y toco y otro invisible que me acompaña a todas partes y a todas horas como si fuera mi propia sombra durante el día; mi doble, invisible no dirá nada; y de noche, como dijo un anónimo, “la noche es la sombra de Dios” si Él me oye no comentará nada tampoco. Entonces creo que mi soliloquio solo es una guerra entre dos partes de mi cerebro, el sí y el no, lo creíble y lo inverosímil.

Como dijo Antonio Machado, el hombre de cabeza mediana, enviste contra todo lo que no le cabe en la cabeza; y este puede ser mi problema, que lo que mis ojos han visto y mi inteligencia ha traducido, no está de acuerdo con la idea que tengo de la razón, que provoca el desdoblamiento de mi cerebro.

Hay personas que creen que el amor y la felicidad están fuera de sí mismas y salen a buscarlos fuera; piensan que la cosecha del amigo es mejor que la nuestra, o que la vaca del vecino da más y mejor leche que la propia ; error garrafal, “nada del vecino es mejor que lo tuyo” solo ocurre que no miras con el mismo cariño lo que te pertenece que lo ajeno, y eso será tu ruina, cuando has usado los dones ajenos, los no propios, una vez, te has manchado, te has convertido en un esclavo para siempre, porque la memoria, es el enemigo mortal del descanso. Y el vecino se beneficia moralmente, porque se cree envidiado y te ofrecen sus dones y sus dotes para convertirte en su esclavo.

Dicen, que el camino se hace al andar: ¿sabes cuanto camino has recorrido para recoger parte de la cosecha del vecino, para satisfacer a tu mente equivocada y a tu cuerpo enfermo por la envidia, arruinando tu alma?, nunca lo sabrás porque tu mente estaba fuera, separada de ti, solo tu cuerpo se percató de disfrutar de esa cosecha ajena, ignorando la propia, cuando deberías saber “que el amor y la luna, cuando no crece disminuye” y que cuidando con amor tu huerto, y poniendo en él, la misma pasión que pusiste en la del vecino, tu cosecha habría mejorado, y eliminado el deseo de robar. Ahora ya es tarde, tendrás que hablar en silencio, sin esperar respuesta, porque el vecino es un advenedizo, que cultivaba en huerto ajeno, mientras que tú tienes tu propio huerto, y las cosechas solo duran una temporada; cuida con cariño a tu jardinero, él recogerá las mejores flores para dártelas con amor y quizás puedas olvidar el error cometido.
Todo lo bueno y lo malo de la vida está dentro de ti, no busque nada fuera, no ayudará a tu conciencia. Haz que tus dos cerebros actúen al unísono, pensando primero y actuando después No dejes que uno de tus cuerpos actúe sin la complicidad de tus dos cerebros.

Al final todos hablamos solos, aunque talvez nos salve el hecho de que lo hacemos en voz tan baja que no nos oye nadie, o nos resignamos a nuestros pensamientos, que tienen la desventaja de que duran poco y son incoherentes e incompletos o duran demasiado y ensimisman.
Igual ocurrió cuando tomaste parte de la cosecha del vecino, tú creías que nadie te vería, tamaño error, estabas ciega ante tan grave acto, el vecino estaba conforme con el robo, y se dejaba robar, a él no le interesa su verdura y se sentía gratificado viendo que tú te beneficiabas con sus dotes, y como lo hacías con tanta frecuencia, te consideraba una enferma a la que había de ayudar de alguna forma, a él no le importaba como, solo tú eras la manchada, además admiraba tu astucia escurridiza tratando de ocultar lo que tantos ojos estaban viendo. Solo algunos descerebrados creen que lo que ellos no quieren ver, no lo verán los demás y lo que yo no quiero oír no lo oirán otros, y que lo ajeno es propio solo con desearlo; todavía hay personas que buscan en lo ajeno lo que tienen en su casa.
Los pensamientos se pueden ocultar porque no se ven.
Los actos buenos poco se aprecian, y menos se comentan.
Pero los actos malos se ven se multiplican y se comentan.

Tú lo tienes todo, solo tienes que buscarlo dentro de ti, cultivarlo y tratarlo con cariño, la felicidad viene sola, pero hay que ir a su encuentro.
Y repito, la luna y el amor, cuando no crece, merma.

Jecego.

Hablar.

Hablar.

Hablar, es relacionarse con palabras
escribir, relacionarse con cartas;
intimar, relacionarse con los cuerpos
morir, dejar de hablar, escribir e intimar;
cambiando el camino sabio de la palabra
por el oscuro bosque de la muerte.

Relacionarse por medio de la palabra
nos abre el mundo de la esperanza,
de llegar al fin del camino de paz
que llevamos inscrito en el alma;
porque es la palabra el eslabón
de la cadena que faltaba,
para que todos fuéramos hermanos
hijos de la misma patria:
y es efímero y vano renunciar
a nuestro carácter soberano,
de ser español y hablar de España
por los cuatro costados.

Sería vanidoso pensar
en otra torre de Babel,
regresar otra vez al ayer
y volver de nuevo a empezar;
porque siempre será el mismo cantar
simular ser un rebelde,
con aire de vencedor
para sembrar de nuevo la muerte.

Jecego.

Guitarras.

Guitarras.


1.-Soñé que tocaba una guitarra
cubierta con un paño celeste,
y cuando sus cuerdas sonaron
sentí un latido en mi vientre;
que hizo golpear mi sangre
en unos segundos mi sienes,
que hasta mi mente trajeron
recuerdos de otro accidente.

¡Oh! virtuosa guitarra
quítate ese paño celeste,
para que si vuelvo a soñar
rompa mi sangre, mis sienes.

Jecego




Otra de guitarras.
2.- Una sirena encontró una guitarra
en el mar, y la apoyo en su vientre
y sonaron sus cuerdas
aunque fuera, por accidente;
un sireno que oyó, a la guitarra sonar,
rápido, acudió a su encuentro,
y juntos iniciaron el intento,
de hacer música en el mar.

Y desde entonces se oye
a los náufragos contar:
que han oído el eco
de una música celestial.

¿Habrán conseguido las sirenas
hacer música en la mar?.

¿O simplemente es el vibrar
de las células de sus tímpanos
con las olas, al chocar?.

No, ha sido el miedo de los marineros
que les hizo soñar,
con cantos de sirenas
en lo mas hondo del mar.

Jecego.

Gúimar en mi mente.

Güimar en mi mente.
26/04/09.

Yo nací de tu tierra, y canto
porque mi corazón es tuyo.

Canto en mis poemas tu imagen
junto a todas tus criaturas,
dejando que me acompañen
y con mi amor se fundan.

Tengo mis raíces en tu tierra
ojalá no se sequen nuca,
quiero ser tuyo para siempre
y que mis ramas te cubran;
con mis retoños y hojas verdes
y mis hijos como fruta.

Quiero verte cada día
desde el amanecer a la penumbra,
oír el canto de tus pájaros
y ver en la noche tu plateada luna;
hasta que se rompan mis deseos
o mi cuerpo se derrumba,
mis días se queden sin sol
y mis noches sin la señora luna.

Preciosa te llamo y te canto
desde la alborada de tus brumas,
hasta el ocaso de tu sol
y la presencia de tu luna;
porque no quiero perder mi tiempo
sin alabar tu hermosura,
bajo la luz del sol ardoroso
y de la cálida luna.

Te escribo para cantarte y decirte
porque sé que tú me escuchas,
o lees mis poemas en la noche
porque tú eres tierra única;
y cuidas de tus hijos como madre
como la parra, a sus uvas,
oculta bajo sus hojas verdes
del sol ardiente y de la lluvia.

Jecego.

Güimar desde las alturas.

Güimar desde las alturas.

Yo miro a mi pueble desde arriba
porque veo el atlántico azul, y sus playas,
de espuma que acaricia su orilla:
de callaos y rocas volcánicas;
y la montaña grande que esconde
el barrio del Socorro, y su playa.

Me gusta mi pueblo: porque la naturaleza me abraza,
y en él encuentro todo lo que necesito;
lo que embriaga mi alma
una aurora temprana,
un campo verde esmeralda
y una familia que me ama.

Me gusta mi pueblo porque el sol
cuando raya el horizonte,
le da a las nubes el rol
de museo, de dimensión enorme;
dando formas hermosa e informes
que a la imaginación desborda,
cuando en mi retina se dibujan
los colores, de esas imágenes gaseosas.

Me gusta ver mi pueblo desde las dehesas
porque allí abajo, tengo todos mis amores:
unos, en sus hogares en cuerpo y alma,
otros, en espíritu, en el camposanto;
estos últimos desorientados, sin cipreses,
que algún desalmado, los ha cortado;
porque no pensó que el también morirá
y no tendrá la compañía de los cipreses, sus soldados.

Me encanta mi pueblo porque la vida sigue
aunque no supere el recuerdo de la tormenta,
que ya muchos, no tienen en cuenta,
ni la suerte que le persigue;
porque mirando al horizonte consiguen
lo que la suerte les niega.

Me gusta el amanecer, cuando Venus se despide,
me parece un hada que me dice: mañana volveré;
y el sol en el horizonte, rompe la oscura noche,
y en un momento, llega del monte a la mar,
con su luz y calor, dando vida a todo ser,
que habite en mi pueblo, y ocupe su lugar.

Jecego.

Furia y otras

Furia. Lunes 07/01/08.

La campana puso
tanto ardor en su batalla,
que el badajo del sacristán nuevo
se vio apurado al tocarla;
imprimió tanta fuerza al movimiento
para avivar la brasa,
que al termino de la tormenta
quedó sin sonido la campana.

Jecego.

El sacristán y la campana. Noviembre.

Cada año antes de navidad
practican las campanadas,
la llaman “de los inocentes”
por la pasión en tocarlas;
no tocan a fuego
ni a misa ni nada,
solo tocan por ellos
mientras dure la llama;
entre el badajo reciente
y la vieja campana.

Jecego.


Todo en mi es poesía.

Todo en mi es poesía
hable, cante, o llore:
cuando hablo, las flores me hacen coro
si canto, los pájaros compañía
si lloro, mis lágrimas me sonríen.

Jecego.


Los ojos de la fiera. 06/01/08.

Vi como brillaban de cólera
los ojos de una fiera mansa,
cuando su madre le daba
consejos de templanza;
y que ella rechazaba
con mirada que quemaba.
Hay fieras que confunden
la educación con la ignorancia,
y se sienten poderosas
enseñando sus garras;
único recurso de la fiera
que no entiende de templanza.

Se estiraban sus pestañas
su boca hacía muecas raras,
de sus ojos salía el fuego
que calentaba la sala;
su rugido en tumulto de gestos
expresiones calladas que suenan en silencio
forma clara para evadir la mirada
del objeto presente en su pecho.

Todos reunidos celebraban
cumpleaños de sus padres viejos,
pero su cara de pocos amigos
en vez de amor expresaba miedo;
ofreciendo una imagen distinta
a la reunión creada en aquel momento.

Mostrando alterada la imagen de su cara
a sus vecinos con nombres concretos,
producto de la presión anímica
que guarda oculta en su seno;
trataba de dar sentido formal al silencio
del veneno que lleva oculto en su cuerpo.

Jecego.

Fuí al monte por manzanas.



Fui al monte por manzanas.


Entre multitud de manzanos
no pude coger nada,
porque la mosca había picado
toda su piel sana;
haciendo en mi fruta unas cribas
que su rostro afeaba.

¡Lo que marca el tiempo!;
en primavera, era un vergel primoroso
con sus flores, blancas y rojas,
dilataban los ojos gozosos;
ahora su fruto herido por la mosca
muestra herido su rostro.

La fruta como la mujer
lleva la suerte en su cara,
cuando más hermosa es
más le persigue la plaga;
y es presa de ésta,
si no cubre su cáscara;
cuando ya ha sido picada,
lleva dentro su larva;
que enferma su corazón
y será imposible curarla.

Cuando madure su carne
por cicatrices surcadas,
no será del apetito
de otra persona amada;
porque el túnel que la atraviesa
y esconde sus larva,
no es grato para los ojos
ni tampoco su sabor agrada.

Los frutos hay que cuidarlos
manteniendo la mosca a raya,
porque cuando pica la mosca
queda la fruta marcada.

Jecego.

Una niña presumida.

Una niña presumida.

Quiso hablar de amor
una niña presumida,
porque había sentido el rubor
de palabras aprendidas.

Su madre quiso explicarle
la verdad de la vida,
pero ella no quiso escuchar
lo que su madre decía.
Y se lanzó a la aventura
buscando el amor de su vida.

Su madre consternada
llorando a lágrima viva,
trataba de convencerla
de que el amor es mentira:
cuando manda el corazón
sin razones ni experiencia,
hay que cultivar la razón
antes que abrir la piernas

El sexo no es amor
aunque el amor lleva al sexo:
ahora se llama amor a una cita de teléfono,
a unas palabras o a un encuentro,
y solo por vaciar lo que se lleva dentro
se recurre a la palabra amor.

Hoy esa palabra no tiene sentido
porque su pronunciación es hueca;
se usa para coger las tetas
a la pareja de turno;
luego a la cama o a la cueva
o al coche al desnudo:
luego, hasta otro día
que te llamare por teléfono,
y mientras no aparezca otra pareja
volveré a tu encuentro.

Ya no hay amor
esa palabra es mentira,
y así acabarán por vida
haciendo sexo sin amor.

Jecego.

Una flor de jazmin.

Una flor de jazmín.

Fui a un jardín cercano
por una flor de jazmín,
para la mujer que amo
arisca como una perdiz;

y fue tan bondadosa la flor
con el perfume que emanaba,
que embriagó a mi dulcinea
que no pudo decirme nada;


y el silencio fue más elocuente
que mis sublimes palabras.

Ahora, cada día voy al jardín
por una flor para mi amada,
porque su aroma es más eficaz
que todas mis palabras.

Jecego.

Fué a un jardin por una flor

Fue a un jardín por una flor.

Un viejo pajarillo,
se acercó a una rosa,
y con su pico acarició
los pétalos de la hermosa;

la rosa separó sus pétalos
y dejó al pajarito acariciarla,
y el pájaro se enamoró
mientras la rosa le miraba;

el pajarito había encontrado
en la flor, el calor que le faltaba;


ya podía morir tranquilo,
y estirar sus tullidas alas,
porque la rosa se hizo cómplice
de la vida que terminaba.

Y sacó una espina la rosa
que clavó en el pecho del pajarito,
que le ayudó a morir contento
con la felicidad en su pico;

la rosa fue más roja
con la sangre del pajarito,
y murió feliz el pajarillo
y fue más hermosa la rosa.

Jecego.

Frases afortunadas

Frases afortunadas:

El filósofo austriaco Ludwing Wittgestein dijo una vez:
Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi propio mundo, o lo que es lo mismo, saber poco restringe y constriñe mucho, y lo condiciona todo.

Para ti solo soy lo que tu ves. Pero dentro de mí hay muchas cosas que nunca podrás conocer. Tus ojos solo podrán ver hasta los límites de mi piel y mi piel oculta todo lo que soy.

Solo es mío lo que está dentro de mi; lo que tu puedes ver es de todos.

Lo que tú llevas y yo puedo ver, es mío también.

En busca de un paraiso.

En busca de un paraíso. 26/07/08.

Buscando en mi mente recuerdos
de mi feliz infancia, encontré un nido,
muy parecido a la idea de paraíso,
en un camino de rosas, mi camino;
un nido por lo pequeño y hermoso,
un nido donde guardo lo vivido.


Este paraíso recogido en mi mente
como recuerdo de mi infancia,
es la fiel y frágil constancia
de que la memoria no duerme;
solo se encarna en recuerdos
oculta en la imagen de su historia.

Desde la montaña grande de Güimar
mirando al Este, cerca del mar bravío,
en el paisaje volcánico que le adorna
encuentro mi paraíso;
entre cardones y tabaibas
balos y enredaderas, escondido,
en una atmósfera de atardeceres
con la memoria ceñida a mi nido.

Y es que la memoria no descansa
solo se recoge en su sitio,
y cada mañana se expresa diferente
como un duende en alborada;
y con imágenes pone en tus pupilas
su paraíso de nubes en el alba;
que aún recuerdo de niño
cuando iba, por cardones y tabaibas.

La memoria es la piedra donde se guarda
todos los hechos de la historia,
donde se guardan paraísos prisioneros
ajenos siempre a las palabras;
ahí guardo yo mi paraíso
en esa piedra encerrada.

Jecego.

La palmera abatida.

Febrero 2007.
La palmera abatida.
07/07/2009.


Que tormenta tuvo que haber
para abatir a una palmera,
que con sus brazos extendidos
desafiaba a la tierra;
clavando en ella sus raíces
mientras extendía sus brazos al cielo.


Dios no quiso permitir
luchas entre sus hijos,
y mando a su guerrero el viento
a poner paz en sus nidos;
hablo con la palmera primero,
luego con su amor el cielo,
y como ninguno quiso escuchar,
echo la palmera al suelo.


Ahora busca entre parajes
a su amado palmero;
porque sus alas no llegan
ahora tan lejos:
la tierra le ha limitado el agua,
y el sol, la luz a su cuerpo,
así ha pagado su ira
la palmera en el suelo.


Comerá sus propios dátiles
verdes en este tiempo,
porque al verse hermosa creyó
que su fin, no era terreno;
y quiso salirse de sus dominios
ignorando las leyes del universo,
y que Dios da a cada uno
su trocito de terreno.


A veces el terreno no es bueno
y hay que trabajarlo,
para eso tienes tus raíces
tus ramas,
el sol,
el agua,
y tiempo,
mucho tiempo, para labrarlo,
pero nunca, desafiar al cielo.


Jecego.

En busca de mis sueños.



En busca de mis sueños.
(23 de Mayo, 09)

He pasado mi vida soñando
pero no se lo que he soñado,
me siento agobiado pensando
en el misterio de mis sueños.

Busco en mis rincones restos,
sombras o ecos de lo soñado,
y en mi búsqueda solo encuentro
algún recuerdo de mi pasado.

A veces pienso que he vivido antes,
en otra vida, en otro tiempo y me veo:
caminando por caminos y veredas
que en realidad he caminado;
y siento una unión relativa
entre mis sueños y mi pasado.

Y queriendo retener en mi memoria
lo efímero de mi sueño,
abro los ojos para retener una imagen
que se evapora cuando despierto;
y sigo en la duda si existe relación
entre lo vivido y lo soñado.

Sigo ahondando en mis recuerdos
algún detalle que de luz a mis sueños,
y solo encuentro sombras y ecos
y alguna nube de silencio oscuro;
que no me dicen ni trae nada nuevo
ni siquiera vagos recuerdos de ese mundo.

Yo me rindo ante mis sueños
en el seno de ese mundo silencioso,
que vive en mí, mientras duermo
y al despertar,
es solo: un vago recuerdo misterioso.

Jecego.



En busca de la noche.

En busca de la noche, mi hada.

Me refugio en ti, alejándome de la ciudad alborotada,
llena de ruidos y voces, donde las calles tienen nombre,
rayas, semáforos, paso de peatones,
y las personas somos cosas, o nada;
siempre leyendo carteles, diciéndote a dónde vas
o, talvez, comerciales anuncios de rebajas

Me refugio en ti, porque en tu seno
no oigo ruidos, no veo nada:
en tu silencio me oculto de pleno
y me abrazo a una intimidad soñada;
con mi pensamiento perdido
entre tus brazos, mi hada.

Me refugio en ti, buscando mi paz,
escudriño tus rincones oscuros
donde los pensamientos son puros
y las ideas más claras;
por si encuentro en tu amplitud un espejo
donde pueda ver las luces de la ciudad,
donde pueda descansar mi cuerpo, ya viejo,
y encontrar el amor que me abraza.

Me refugio en ti, porque eres mi compañera,
la que nunca me ha fallado, en mi vida larga,
al final de cada día, has venido a mi lado
a poner mi cabeza en tu almohada;
y será así hasta el fin de mis días
mientras mi mente se apaga;
tú serás mi espejo, donde yo mire en tus noches largas:
mi ciudad con sus semáforos, sus luces y sus rayas.

Me refugio en ti, porque aunque muera, no muero,
porque la muerte solo es:
oscuridad, un espejo, y silencio; mucho silencio......
y todo eso lo llevo......
implícito en mi cuerpo.

Jecego.

Ámate, mujer.

Amate.
Asociación de mujeres
con cáncer de mama.

¿Porqué estas triste mujer?
¿no te das cuenta que eres poesía?

que la poesía no cuenta tragedias
solo cuenta los días y las cosas,
que fueron hermosas como rosas
y ejemplo de fantasía.

Mírate en tu espejo
esboza una sonrisa con tus labios,
mira a tus ojos y veras el reflejo
de un día hermoso en tu diario;
como deben ser preciosos todos
los días de tu vida sin espejo

Anímate, Amate, Quiérete,
da ejemplo de fortaleza,
ejercitando tu sonrisa;
no dejes que un miserable
virus, siembre en ti la tristeza
que pueda arruinar tu vida.

Que importa una raya más o menos
en un tigre o en una cebra,
la vida sigue siendo bella
si así lo refleja en tu cara en tu espejo.

Repite al día muchas veces
aquella sonrisa del espejo,
y vive sin complejos tu vida
llevando las rayas del tigre, muy lejos.

No dejes de ser poesía, mujer.
Hazlo por mí.
Anímate, Ámate y Quiérete… así.
Un amigo.
Jecego.

Beroles

Febrero, 07.
05/02/2007.

Beroles.

Berol de hoja carnosa
tallo grueso y estriado,
que llevas consigo las huellas
de hojas que se han secado;
a la orilla de los caminos
de las Dehesas y los Pelados.

Tus hermosas flores amarillas
de aspecto arracimado,
brotan dentro de las piedras
sin temor a sus dardos;
de ese volcán que bajó
hasta el mar desbocado.

No les gusta la soledad
aunque nacen entre piedras,
siempre formando grupos
entre el sol y la tierra;
ofreciendo sus mejores galas
al cielo su flor inmensa.

Parecen unos guardianes
en la soledad de las piedras,
ofreciendo a los hombres
su escultura esbelta;
que termina en corona de oro
como rey de la estepa.

Jecego.

Inutilmente te busco.




Inútilmente te busco.

Ansiosamente busco entre mis muchos días perdidos
algo que es tuyo, que no es mío, que me abrasa,
que quema mi pecho, de forma oculta y sigilosa
entre mis vísceras escondido, como una brasa.

Busco y busco, no encuentro nada en mi cuerpo
pero me quema, me abrasa, me reduce al dolor,
al ansia, a la sed, al desamor, a ausencia, a nada
y se que es tuyo, el misterio que quema mi alma.

No se donde escondes el veneno que me mata
si en mi sangre, en mi pecho, en la cuna de mi alma,
que ni lo veo ni lo toco, solo siento como vaga
por mi cuerpo a sus anchas, como ola en la playa.

Lo busco y no lo encuentro, apreto el puño y escapa
como perfume de mi mano, dejando el vacío del aire,
que pasa de largo, sin dejar huella, solo el rumor
de su paso, por el cuerpo que quiso asirse a la nada.

Ahora creo que fue tu amor que vino a buscarme
que yo no comprendí su lenguaje de silencio,
me faltaron palabras o quizás besos que hablen
pero ahora ya es tarde para ir a su encuentro;

habrá tomado otro rumbo, otro camino, otro aire
entre ruidos de besos, y abrazos que arden.....
de nada valdría buscar entre las brasas
las cenizas que quemaron otros brazos en un baile.

Ahora ya es tarde.

Jecego.



La fe.




Fe.

Fe, palabra pequeña
de infinito tamaño,
no cabe en la tierra
ni en el hombre tacaño;
que quiere y no puede
que ignora y no sabe,
que la fe, es la base
de la vida del hombre.

Que quiere ocupar el mundo
siguiendo los pasos del orbe,
pero el hombre es un ser incomodo
que se evidencia en costumbres.

Sin fe el hombre es voz de nadie
que abre distintas puertas en su tiempo,
llevando un mensaje equivocado
de ilusiones muertas en su cuerpo.

La fe es lo que mueve al hombre
sin fe nada lleva,
solo deambula sin voz
solo sonidos balbucea;
porque la fe eleva la conciencia
y sin conciencia nada queda,
del hombre que quiso ser y no fue
solo le quedó la materia.

Jecego.

Esta noche es noche buena.

Esta noche es nochebuena.

En el cielo se ha perdido una estrella
se ve su espacio vacío en esa nube estelar,
quizás no se ha perdido, y solo haya ido
a Jerusalén, a ver al niño Jesús y cantar;
villancicos al rey de los cielos
a Santa María y San José,
para todas las personas del mundo,
pedirle reflexión, amor y paz.

Se llama Jesús esa estrella
solo El nada más, puede hacer que el mundo,
en un solo segundo
pueda hacer de la guerra, la paz.

Y pasarán muchos años, siglos talvez
para que terminadas las luchas de religiones,
en nuestras mentes encontremos razones
para saborear la miel de la paz,
entre todos los hombres, a la vez.

Se acaben las tormentas ideológicas
que hombres tan arrogantes pregonan
razones sin razón, luchas entre hermanos,
con ideas que como estandarte enarbolan:
dando libertad a un fanatismo caduco
que le conducirá a la muerte que buscan,
bajo la tierra, en tumbas comunes
reavivando la memoria de recientes luchas.

Así se conseguirá, que los nietos emulen a los abuelos
y en vez de paz, tengamos otra guerra
y venga a ayudarnos un pueblo
con una estrella en su bandera.

Entonces se acabarán los villancicos
el niño Jesús y los Reyes Magos
y nuestros hijos serán esclavos
con sotanas y mantos arabescos
.
Quedando solo el recuerdo
de la Noche Buena y Navidad.

Defendamos nuestras costumbres
sin revolver nuestro suelo,
donde solo encontraremos recuerdos
de nuestros engañados ancestros.
Sigamos como siempre
con Noche buena y Navidad.

Memoria guanche.

Memoria guanche. 19/01/09.

Caminaba por el Malpaís recordando
viejos tiempos que aún guarda mi memoria
entre rocas de lava, cardones y tabaibas,
y me seguía a todas partes una sombra;

mi sombra cogía mi mano, de la suya
que se sentía agradablemente acompañada,
yo sentí que mi corazón latía más deprisa
quizá mandando sangre para aquella sombra;

caminé más despacio por si oía alguna voz,
pero no oí nada, nada.....
solo, mis pisadas en la vereda
que eran como tambores que retumbaban;
entre aquellas rocas de lava negra,
cardones, balos y tabaibas.

Ya no me sentía solo, en mi andar recordando,
una sombra me acompañaba y quería ser mi amiga,
por eso se cogía de la mano de mi sombra,

quizá fuera la sombra de un guanche que se había perdido
y andaba buscando un camino para llegar a la cueva
que un día fue el refugio de su vida arrebatada por el tiempo.

Y quería ser mi amigo en esta era.

O quizás, la de un guanche niño que se había perdido
que me confundió con su padre por el camino,
o talvez, la sombra del silencio que dejaron en el tiempo
aquellos guanches que fueron, por la fuerza proscritos.

Jecego.

La luna pedilona.


La luna pedilona.
26/01/09.

Para que miras al cielo, le decía el Sol
pidiendo a Dios ayuda,
si está cansado de decirte:
que le estás quitando el sueño

Para qué miras al cielo
pidiendo a Dios clemencia,
si ha perdido la paciencia
haciendo dibujos de tu cuerpo.

No mires lejos buscando hermosura
porque tu eres la escultura
que fabricó el mismo cielo
con aires de belleza nocturna;

solo mírate en el mar como espejo
para que quepa tu figura,
y encontrarás el remedio seguro
que curará tu locura.

Y te verás como Dios te hizo
hermosa como ninguna,
con tu luz rielas los mares
en las noches oscuras;

entras en todos los corazones
y siembras con amor y ternura,
semillas que nunca se pierden
hijos que en la tierra perduran.

Las cosas no son ni feas ni bellas
solo hay que estar conformes con ellas;
no busque fuera de tu cuerpo, que es tuyo
porque solo encontrarás; un cielo lleno de estrellas.

Tu belleza es infinita
pero tus deseos le superan,
mírate en el mar y verás
que superas a las estrellas.

Jecego.
Inacabada.

La poesía más pequeña.

25/01/09.

La poesía más pequeña. (No será poesía, pero es verdad).

Día
Amor
Esperanza
Verdad y
Vida.

El Día es la luz de tu vida
El Amor, tu gratitud a la vida
La Esperanza te da fe en tu vida
La Verdad, es la razón de tu vida
Tu Vida es la suma de tu tiempo:

Y tu tiempo es la suma de tus:
días, amor, esperanza, verdad y vida.

Jecego.

La poesía más pequeña es tan grande como una vida.




La vida es nuestro tiempo
que se viste de luz por el día,
y por la noche, de sombras,
como los muertos;

entre luces y sombras, todo el tiempo
así pasamos la vida,
entre buenos y malos momentos,
a los buenos les llamo: vida,
los malos, no los cuento
¡porque son tantos!;
que me faltaría vida para contarlos
en mi limitado tiempo.

Jecego.

El tiempo es poco en una vida, no lo perdamos contando los malos momentos. Jecego.

Dijo un sabio un día; En la vida todo es triste, pero triste y todo, es lo mejor que existe.

Huyendo del ruido.

Huyendo del ruido.

En busca del silencio sigo caminando
descalzo, para no hacer ruido,
le digo con el dedo en mis labios
a mi sombra, silencio amigo;
al viento que choca en mi cuerpo
le tapo mis oídos, pero hace eco en mis manos
y puedo oírlo, pero sigo andando mi camino.

Llegue a un campo abierto, desierto como un río
no encontraba el silencio,
se oían; conejos, pájaros, perdices y mirlos,
todo eran sonidos que partían
de otros seres vivos;
cuando éstos dormían, el viento en las ramas
hacían lo mismo: voces, cantos, y silbos.

Caminado salí de aquel campo ruidoso y vivo
y entré en una cueva, y en su cobijo;
aumentaron los ruidos, de ratas, murciélagos,
lechuzas y conejos, y hasta se sumó el silencio
que retumbaba en mis oídos;
entonces pensé:
cuando no puedas con tu enemigo
únete a él, y así lo hice;
me calcé mis zapatos, hablé y canté a gritos,
en ese momento se callaron todos mis vecinos
creo que querían escucharme.........
o tuvieron miedo de un animal más grande.

Entonces encontré el silencio que buscaba
y descubrí que siempre estuvo conmigo,
que no hay que ir lejos a buscar
lo que se tiene en sí mismo.

Jecego.

El hombre y el día.

Enero 09.

El hombre y el día.

Buscando la primer poesía.
en el caos de una noche muy larga,
tropezaba con todas las rocas que habían
en aquel mundo de lava fría, congelada;

en la oscuridad, tropecé con algo
que produjo una avalancha,
que allá en el fondo de ese abismo
produjo una explosión que soltó la llama;
y con su luz se hizo el día
que ahora no apreciamos nada.

Pero hemos tenido que esperar
siglos, milenios, muchas vidas,
para que apareciera la palabra
y poderle llamar a esa luz: DÍA;
y creer que fue la primera poesía,
que se hizo sin palabras.

Además el DÍA, seguirá siendo
al menos en la vida mía,
la luz que despierta del sueño
al hombre, que en sí, es poesía.

Jecego.


Noche
Trueno
Hombre
Luz y
Día.

En mi memoria.

En mi memoria.

Buscando en el baúl de mis recuerdos
encontré un beso escondido,
al verlo se iluminó mi mundo
y al revivirlo se me abrió el cielo;
y vi tu imagen junto a mi pecho
y tus ojos cerrados, durmiendo,
quise despertarte y no pude
amordazado por tu beso.


Recordando mis veinte años
tus dieciocho recién cumplidos,
encontré un abrazo fundido
de tu cuerpo junto al mío;
una promesa de amor eterno
un beso y un suspiro,
que el tiempo se encargó
de arrancar hoy al olvido.

Lo traje de nuevo a mi mente
porque quiero revivirlo,
atarlo a mi cuerpo con cadenas
que no pueda arrancar el olvido;
y hacerlo perenne en mi pecho
con aquel beso perdido.

Jecego.

En busca de un paraíso-


En busca de un paraíso. 26/07/08.

Buscando en mi mente recuerdos
de mi feliz infancia, encontré un nido,
muy parecido a la idea de paraíso,
en un camino de rosas, mi camino;
un nido por lo pequeño y hermoso,
un nido donde guardo lo vivido.


Este paraíso recogido en mi mente
como recuerdo de mi infancia,
es la fiel y frágil constancia
de que la memoria no duerme;
solo se encarna en recuerdos
oculta en la imagen de su historia.

Desde la montaña grande de Güimar
mirando al Este, cerca del mar bravío,
en el paisaje volcánico que le adorna
encuentro mi paraíso;
entre cardones y tabaibas
balos y enredaderas, escondido,
en una atmósfera de atardeceres
con la memoria ceñida a mi nido.

Y es que la memoria no descansa
solo se recoge en su sitio,
y cada mañana se expresa diferente
como un duende en alborada;
y con imágenes pone en tus pupilas
su paraíso de nubes en el alba;
que aún recuerdo de niño
cuando iba, por cardones y tabaibas.

La memoria es la piedra donde se guarda
todos los hechos de la historia,
donde se guardan paraísos prisioneros
ajenos siempre a las palabras;
ahí guardo yo mi paraíso
en esa piedra encerrada.

Jecego.

En busca de la noche, mi hada.


En busca de la noche, mi hada.

Me refugio en ti, alejándome de la ciudad alborotada,
llena de ruidos y voces, donde las calles tienen nombre,
rayas, semáforos, paso de peatones,
y las personas somos cosas, o nada;
siempre leyendo carteles, diciéndote a dónde vas
o, talvez, comerciales anuncios de rebajas

Me refugio en ti, porque en tu seno
no oigo ruidos, no veo nada:
en tu silencio me oculto de pleno
y me abrazo a una intimidad soñada;
con mi pensamiento perdido
entre tus brazos, mi hada.

Me refugio en ti, buscando mi paz,
escudriño tus rincones oscuros
donde los pensamientos son puros
y las ideas más claras;
por si encuentro en tu amplitud un espejo
donde pueda ver las luces de la ciudad,
donde pueda descansar mi cuerpo, ya viejo,
y encontrar el amor que me abraza.

Me refugio en ti, porque eres mi compañera,
la que nunca me has fallado, en mi vida larga,
al final de cada día, has venido a mi lado
a poner mi cabeza en tu almohada;
y será así hasta el fin de mis días
mientras mi mente se apaga;
tú serás mi espejo, donde yo mire en tus noches largas:
mi ciudad con sus semáforos, sus luces y sus rayas.

Me refugio en ti, porque aunque muera, no muero,
porque la muerte solo es:
oscuridad, un espejo, y silencio, mucho silencio,
y todo eso lo llevo
implícito en mi cuerpo.
Jecego.

Picaresca. El y ella el día de su boda.

Ella y él el día de su boda. Picaresca.

Ella - ¿Te acuerdas el día que nos casamos?
eran las 11 de la mañana, y a las 12, almorzamos, papas arrugadas, pescado salado, y vino blanco.

El – Claro que me acuerdo. Mi madre después de comer me mandó a coger hierba para las cabras mientras ella iba a comprar queso a la venta.

Ella – Y a mí me mandó a la cueva, a quitar los grelos a las papas; y enseguida llegaste tú a ayudarme, decías; pero todavía no me explico porque buscabas las papas en mis bragas; tan bonitas que eran. Mi madre me las había hecho de un saco de harina. Y me las rompiste toda. – De alguna forma tenía que ayudarte antes que viniera mi madre.

Ella –Mi madre me había dicho que allí tenía un animal que no me acuerdo el nombre, pero con aquellas bragas de saco, no se escapaba, y ella me las revisaba todos los días; así que no me explico porque tú ibas a buscar las papas allí.

El – Cuando yo llegué a la cueva, me entró como una ceguera, que en vez de papas buscaba la madriguera donde estaba escondido el animalito.

Ella – Luego me di cuenta que lo que tu quería no era ayudarme a quitar los grelos a las papas, sino matar a palos, al animalito que decía mi madre; porque con las ganas que le dabas.

Ella – Hay señor, que ya viene tu madre y las papas sin limpiar.

El – Coñó, ya el conejo me desriscó a la perra…

Ella – Ese es el nombre del animalito que mi madre me decía que no soltara; pero yo creo que con los palos que le diste, huyó o está muerto.


Elegía otoñal.

Elegía otoñal. (A través de la ventana, en las dehesas)

¡Pobres árboles! Desde mi tibio lecho, mirando danzar alegres en las huertas, los pajaritos grises y azules, escucho soplar el viento helado que viene a desnudarles del irrisorio manto escarlata y oro con que el otoño cubrió vuestra agonía.
Así también, en el interior de mi ser, en la necrópolis de los recuerdos, vela aquel otro yo, joven, fuerte y amante, y contempla con dolor como va deshojándose el follaje de mis ilusiones, como va amarilleando, o arrugando con púrpura de ocaso, las esperanzas; como va desnudándose de su pompa el tronco añoso de mi vida.
¡Pobres árboles! Hombres y mujeres que ayer recogían sus frutos y su sombra y daban gracias al cielo por tanta bondad, mientras el sol tímidamente acariciaba su rostro a través del follaje, hoy vienen a recoger sus hojas secas, para abonar otras plantas y poner como colchón a los animales de la casa, como cultura agropecuaria y para hacer que la muerte de uno, sea la vida de otro y que la muerte no sea solo llanto, sino traiga la alegría de una nueva vida.
Yo tengo también memorias hermosas, que un tiempo, bajo la sombra verde de la esperanza, contábamos historias de amor; y ahora acuden a recoger los frutos fríos y las ilusiones mustias para darles sepultura en lo más profundo del cerebro, ese columbario ruinoso en cuyos viejos nichos cada día de vigor y de goce está sellado en su urna cineraria.
¡Pobres árboles! Yo oigo silbar el viento gélido que amarillea vuestras hojas, que abrasa vuestras ramas, tornándolas en oscuros esqueletos que pronto con su mortaja vestirá la nieve blanca, o la helada agua.
Luego volverán los primorosos besos de la primavera a fecundar vuestros tallos y a procrear una generación nueva en vuestras copas verdes y espléndidas, mientras que la ráfaga glaciar que consume mi ser pasa silenciosa; las células muertas que de mi se desprenden vuelan sin ruido y nadie las recogerá; la nieve que cae sobre mi cabeza no volverá a fundirse jamás, y la vida se irá apagando en vagos destellos de hermosos recuerdos que aun perviven en algún rincón de mi cerebro; mientras ahí fuera escucho el viento que espera, sin prisa para llevarse mi cuerpo ya consumido, sin esperanza……
Adaptado de: Nicanor Bolet Peraza.

El viento y la Navidad.

1.- El viento y la Navidad. Diciembre del 06.

En un castillo había una enorme cueva donde se escondía el viento.
Aquel era un viento extraño. Quizá estaba herido por los años, o porque el bosque que le rodeaba, no le dejaba viajar a sus anchas, sin que su cuerpo fuera herido; se sentía amordazado, sin libertad, triste; con esa tristeza que los seres vivos expresan en su cara cuando algo falta en su vida, sin poder averiguarlo, o con miedo de hacerlo.

El viento aparentaba estar sin fuerzas, desfallecido, no era viento, solo era resaca; o quizás estaba tomando fuerza para entrar en otra batalla
Aunque como siempre: todo lo que empieza acaba, salvo que muera en el camino.

Pero en este caso, la vida le sonrió al viento. Pudo salir de su mundo entristecido sin necesidad de usar sus fuerzas. No tenía que herir a nadie, ni romper las ramas de los árboles, ni siquiera estropear los pétalos de las flores; nada malo tenía que hacer para tener un día feliz, en paz consigo mismo y con todos los componentes del jardín del castillo, que se temían mutuamente; el árbol porque hería sus ramas, y el viento porque en sus troncos le herían sus fuerzas.

Ese día del mes de diciembre, una suave brisa penetró por la enorme puerta del castillo, parecía que sonreía, su aspecto era de paz y humildad; mostraba cara de felicidad, de contenta, y quería compartir aquella riqueza y sutil brisa de poniente, que los intelectuales llaman: céfiro (o viento suave y apacible) con todos los árboles del jardín, con los pájaros, y sobre todo con el viento malvado que se ocultaba en su cueva.

Y la brisa lo consiguió, no sé como lo logró, pero lo hizo. ¿Sería su imagen?, ¿su apacible presencia? o ¿simplemente su estructura humilde, sin greñas de violencia como presentaba el viento?, la brisa emanaba calor,- paz, - sentimientos -; envolvía todo a su alrededor, y hasta derramó amor y consuelo, acariciando con la seda de su estructura impalpable, gaseosa, a todo lo que había a su alrededor; casi parecía la aurora boreal más que una brisa; yo creo que se asociaron las dos cosas, y se formó lo nunca visto: “una brisa boreal” no lo sé, pero el viento se rindió a los pies de la brisa, en silencio, con humildad, mas bien parecía un cordero en vez de un fiero león .

Ese día, todo fue PAZ y alegría en la cueva del viento, donde por primera vez durante la noche, lucieron las estrellas y fue una Noche Buena; y al siguiente día, un refulgente sol, creó el Día de Navidad; - que trajo una fugaz primavera al jardín del castillo, abundaron las flores y aves; todos los bosques lucieron sus mejores galas para hacer felices a todos los hombres, mujeres y niños del mundo.
El cielo había hecho una copia del jardín en el mes de abril y la envió con la brisa.
Hoy, gracias a “la brisa suave de poniente” llegó la paz y la felicidad en forma de NAVIDAD, que durará una eternidad en el castillo y en el mundo.

Gracias a la “brisa boreal”por traernos la paz: decimos todas las persona de buena voluntad…y yo particularmente, por encontrar la mía.

Jecego.

El vinto me trajo su voz.



El viento me trajo su voz.
14/11/07.

Fue el viento quien trajo la voz
que pronto invadió mi alma,
se hizo dueña de mi cuerpo
y enraizó con sus palabras;
fue un prodigio aquel momento
en que el viento trajo su carga,
y forjándose en mi pecho
creció su diosa abundancia.

Y surgió el milagro en mi desierto
con aquella voz cálida y extraña,
que cultivándose en mi alma
convirtió en vergel mi pecho;
hoy es un jardín primoroso
cuidado por silentes hadas,
que me traen sus perfumes
con el viento de sus alas;
y hace más grande mi pecho
para que quepa mi alma,
llena de esa música celeste
que me trajo el viento de mis hadas.

Hoy celebro la fiesta con recuerdos
y los materiales viejos que guardaba,
entre las palabras, la música y la voz
del viento que me traen sus alas;
que hacen que mi vida sea un sueño
en eterna y permanente danza.

Jecego.

El viento limpia.

El viento limpia. 15/11/2006.

Hoy empezó el viento que trae mi otoño.
El viento de la montaña que se llevará mis hojas,
mis flores, mis frutos, mis recuerdos,
el que se llevará mis sueños y mis memorias;
hoy empieza el principio de mi fin
hoy empezaré a perder mis hojas.

Quedarán mis ramas oscuras o grises
porque perderé los matices, verdes de mis ramas,
y solo quedará el esqueleto erguido
que mantenía aquella belleza rara;
que en primavera era ejemplo
de un jardín que encantara.

Ya agostada mi vida
con más fe que esperanza,
cubierta mi cúpula, con hebras grises,
que muchos llaman canas;
yo digo que es: por haber tomado
tanta leche de cabra,
por lo que mi pelo se ha tornado
como nieve en la montaña.

Y no renunciaré al camino
aunque vaya solo en mi marcha,
aunque haya perdido mi ropa
si así lo quiso el destino;
si ha sido así mi epopeya,
así tendré que contarla,
aunque no haya sido de continuo
y haya sido solo a rachas.

El viento se llevará todo lo seco
de mis viejas ramas:
mis hojas verdes,
mis flores blancas,
y algún fruto que quedara,
colgando de una rama.

Pero, cuando el viento se vaya lejos
llevándose las hojas de mis amores,
vendrá la primavera que me traerá de nuevo,
todos los primores de mi alma:
nuevas ramas, hojas y flores,
y sus perfumes que me encantan,
aunque mi pelo siga siendo blanco
como la leche de cabra.

Jecego.

El viejo y la soledad.

El viejo y Soledad.

En el barranco de Chiñico, en las Dehesas de Güimar, había un viejo, más conocido por su desventurada vida, que por su edad.

Había ido allí a refugiarse del medio donde vivía, con una familia ideal, de lo mejor de su ciudad natal; donde todos eran inmejorables personas dentro y fuera de la casa; donde recibía toda clase de atenciones y mimos. Pero algo había en el ambiente que le rodeaba como una areola con envoltura translúcida, etérea, impalpable; como una mordaza que le atenazaba, y no le dejaba respirar; estaba sumido a los límites de su cuerpo, sin mas aire que el que ocupaban sus pulmones; ya apenas podía oír el eco de su propia voz.

Quizá a eso se le llama depresión.

El viejo se sintió culpable de su mala suerte.
Estaba cansado de recibir bondades de su medio sin poder dar nada.
Era tanto lo que recibía que no tenía tiempo para dar ni decir lo que quería.
Apenas iniciaba una conversación se le frenaba con otra conversación diferente.
Él pensaba que sus temas no tenían valor, y que por eso se les sustituía por otros ajenos para sí mismo y para el momento.
Al viejo le gustaba hablar y que le contestaran sobre lo que él hablaba. No quería le dijeran – no-, sin terminar la frase que él había iniciado.
Le gustaba hablar y que le escucharan, le gustaba sentirse persona civilizada, y no siervo, con la obligación de decir amén a lo que escuchaba.

Oír y escuchar, no es lo mismo, decía el viejo. Yo se escuchar y luego contesto.
Estaba harto de que las cosas, aunque pusiera todo el interés de mundo por hacerlas bien, siempre le salían mal, o no era bien recibidas.
Estaba asociado al no, nada parecía bien; todo tenía que ser acuñado por otra persona.

Con todos esos pensamientos metidos en su envejecido cerebro huyó al monte, se metió en una vieja galería abandonada y empezó su vida ermitaña.

Allí el silencio era ensordecedor, los ruidos del silencio se asociaron a los latidos de su corazón que podía escuchar más fuerte que en los momentos más emotivos de su juventud; aquí, en este lugar, se asociaban, se unían, los recuerdos con la soledad, y la risa con el llanto en un fondo ruidoso; como los callados en la orilla del mar.

Pasaron varios días oyendo, sí, no, talvez; algunos días después, cuando se estabilizo el cuerpo, y el corazón adquirió el ritmo propio a la altura y al lugar que estaba ocupando, llegó su estabilidad emocional y fue consciente de su vida actual.
Con ella, llegó Soledad, la compañera que estaría a su lado, mientras él quisiera.
Ella le juró que le escucharía cuanto dijera, que sería todo oído; que jamás le reprocharía nada; y además, lo que él dijera, iría a la tumba con ella.
Nada se ajustaba más a los deseos del viejo que consagró su vida a Soledad, su compañera actual, la mujer invisible pero entrañablemente generosa, que vino para hacerle compañía, en aquel momento y lugar, cuando más lo necesitaba.
Allí, en aquel mundo mágico, de silencio, oyéndose a si mismo en compañía de Soledad se quedó el viejo ermitaño hasta que acabó su depresión.

El viejo y la primavera.

El viejo y la primavera.

Un viejo hablaba con su sombra
y tristemente le decía:
que triste mi vida vacía
cuando veo pasar la gente;

nadie se detiene para hablarme
muchos ni siquiera me miran,
me ven y me veo como un otoño ventoso
en lo que fue un jardín en primavera.

Pasaron por mí dos señoras
como las que se ven en algunas ocasiones,
su esbelto cuerpo delante
detrás, sus razones en popa;

y el viejo comentaba con su sombra:
¿dónde están mis ojos saltones?
antes cuando veían un monumento
mi corazón tocaba sus tambores;

ahora, cuando se aleja mi primavera
mis ojos solo ven nubarrones,
que no dicen nada a mi corazón
y se anulan mis tímidos sones;

que siguen su camino inmisericorde
recogiendo las hojas secas que lleva el viento,
recordándome que el viejo en su tiempo
también tocaba los tambores.

Así se va mi primavera
así llega mi otoño,
la vida solo es un suspiro
que se aleja y me deja.

Jecego.





¡Cuanto enseña el tiempo!.

¡Cuánto enseña el tiempo!. Jecego.

El tiempo te enseña
la diferencia que hay
entre una palabra bonita
y encadenar tu alma.

Y uno se da cuenta
que el amor no es a la carta,
que irse a la cama con un amigo
no te da seguridad ni esperanza.

Que las caricias no son contratos
ni los regalos son promesas,
que son el pago que hace alguien
por algo que le interesa;
solo satisface sus deseos
sin importarle la pareja.

Y el tiempo nos enseña a construir
y asegurar lo que tenemos hoy,
porque el día de mañana es incierto
e inseguro para planes de amor;
porque lo que hoy nos parecen bonito
mañana puede ser fuente de dolor.

Los años que tengo vividos
me han enseñado, que todo abuso
por deseo o por venganza,
termina quemando al cuerpo
y destruyendo el alma.

Así, que plantaremos flores que nos gusten
para decorar nuestra sala,
a cambio de que alguien nos traiga
las flores a casa.

Y aprenderemos que uno puede aguantar,
que uno es sereno y valiente,
que uno vale más; que puede soportar más,
y que las enseñanzas nos hacen prudentes;
y que la vida es una escuela que no debemos abandonar.

El Sol, y el cielo perdido.

El Sol, y el cielo perdido.

Yo fui un sol, dueño de un cielo
con muchas estrellas a mi alrededor,
las cultivé como perlas con esmero
pero fueron abandonando mi calor;
ahora, solo, triste y viejo,
muero de pena, angustia, y dolor.

Es muy triste vivir como vivo
viendo llegar mi dolor,
todas mis estrellas partiendo
a su triste ocaso, Señor:
dejando en mi pecho el resplandor
de aquellas estrellas que cuidé:
como perlas, o diamantes; con mi sudor,
dejando mi pecho vacío; sin más que perder.

El viento, arranco de mi pecho su fragancia
el sol, secó en mis venas su savia,
la noche, oscureció mis días
y el silencio, arrancó mi alma;

Torpe he sido en silencio, en mi mundo, en mi nada,
nunca tuve nada para mí, lo compartí todo,
y ahora cuando mi vida se acaba
todo me abandona: mi suerte, mi sol, mi noche, mi alba.

Ya el sol descendió a mi arena
con sus rayos, calienta mi playa,
el mar se acerca y la acaricia
para que yo ponga mis plantas.

Sueño cruel, no castigues más mi pecho,
deja descansar mi alma,
que si no me ha salido bien, lo que he hecho,
seguro que al despertar, lo mejorará mi sombra;
porque el poderoso león ha muerto,
sin llevar nada entre sus garras.

Y allá en los incógnitos mares
pescaré con anzuelos y mis canas
a la luz de la luna plateada;

que iluminará las arenas de mi playa
y talvez me acompañe una sirena
que esté por allí, ejerciendo de aya.

Jecego.

El silencio en Las Dehesas.

El silencio en Las Dehesas. 05/07/2009

Allí en la montaña, donde la vida es verde,
esmeralda reluciente de la tierra,
habita la vida en el silencio más elocuente
en los árboles, las vides y la hierba;
con sus pájaros, roedores y lagartos
sin carné, sin títulos ni reglas,
con otros retos que cumplir
son también ciudadanos de la tierra.

Allí donde el silencio se hace palabra
y la palabra se hace hierba,
habita un mundo sin mando
donde el verde es su bandera;
el sol es el padre de todo
y el silencio su frágil parcela,
y cada uno, en su limitado terruño,
defiende sus costumbres a su manera;
que son los que les ha dado
su sabia madre, la tierra.

Jecego.

El silencio deja oir su voz


El silencio deja oír su voz.
11/08/08.

Cuando hablas dejas en libertad tus pensamientos.
Cuando callas oyes la voz del silencio que te habla repitiendo el murmullo de las palabras que liberaste.
Cuando escuchas, recibes el eco de tus palabras, y de otras voces que les acompañan en su viaje.
Cuando miras hacia fuera, ves el mundo con los colores que él te ofrece, y los tonos que la hora del día te da.
Cuando miras hacia dentro, puedes ver la verdad con imágenes propias, sin arreglos, sin colores, sin mentiras, tal como tú la has formado.
Cuando caminas, te abandonas a ti mismo, porque vas dejando atrás tu tiempo, tus mejores tiempos, que son tu única propiedad.
Cuando dices adiós, has dado libertad a la palabra más importante, la que lo abarca todo, la que cierra un ciclo, la que despide aquel momento y a veces, hasta la misma vida.

Entonces aparece el silencio que nos deja sin palabras, sin ecos, paralizados en el tiempo, recordando el momento antes de aquel adiós. Y caminas hacia alguna parte, casi sin mirar el camino, recogido en tu pensamiento, quizás arrepentido de pronunciar aquella palabra; pero ya no hay tiempo para recogerla, y hay que seguir caminando hacia alguna parte, oyendo su eco.
De pronto aparece tu voz que rompe aquel profundo silencio, solo humillado por tus propios pasos, diciendo: no debí pronunciar la palabra “adiós”, solo hasta luego, porque adiós, me hace muy largo el camino, que además no me llevará tan lejos....

La distancia de los tuyos no te traerá el silencio; o podría ser, que el “silencio” sea solo una palabra que se transforma en recuerdos y sean los “recuerdos” los que nos hablan, rompiendo el silencio de las palabras que se ocultan dando paso a sus ecos, a su melodía, a su ego.

Debemos creer que el pensamiento es más fuerte que la palabra y deja oír su voz más allá del silencio.

Jecego.

El silencio

nada de esto tiene forma concreta
solo son impulsos del cerebro,
que estimulan nuestras neuronas
provocando movimientos;
pero son más verdades y dicen más
que las palabras que lleva el viento.

3.- Cuando callamos, contamos mejor
los pensamientos que llevamos dentro,
porque no nos confunden las palabras
inexactas de nuestro verbo;
cuando no se encuentra la exacta
es mejor, optar por el silencio.

4.- El silencio es una forma hermosa de comunicar,
nada dice más verdad, que unos ojos entreabiertos
que penetran muy adentro de tu pecho
y graban en él, el tesoro que lleva dentro;
ahí no hay adulteración con palabras raras
solo comunicación en silencio.

PD.- El viento y las palabras se confabulan
para sembrar en las personas descontento,
y recoger tempestades de palabras
que luego se irán con el viento.

Si una imagen vale más que mil palabras,
también las vale el silencio.

Jecego.

El secreto de la montaña.

El secreto de la montaña grande. 12/07/07.

La lava, hija de la montaña grande
cerca y por el mar acorralada,
lleva sus hijos a cuesta, sin decir nada,
sabiendo que el volcán fue su padre.

Las cosas se transforman con el tiempo
un hijo llega a ser un padre,
el amor llega a ser odio
y la roca, dorado jable;
con el tiempo las cosas pierden
su ruda, áspera y primaria acritud,
y van tomando las formas suaves
de la eterna juventud.

La única historia verdadera (Naturaleza)
ha sido la labrada en la piedra, (Petra)
porque la mano no engaña (Roma, Egipto, Atenas,)
mientras que la palabra yerra; (Historia)
son pocas las palabras exactas
que digan la verdad duradera,
mientras que las grabadas en la roca
tienen una única historia, si dura la piedra.

Hay quien oculta la estatua
porque quiere ocultar la historia,
y su ignorancia le lleva
a prescindir de la memoria;
que es la voz del silencio
historia de la palabra más hermosa.

La palabra retumba en la sala
y en la plaza prolonga su eco,
rompe el silencio en el pueblo
siguiendo la dirección del viento;
y se va, y se va lejos
dejando solo un recuerdo,
que es la memoria de que hablo
que evita se las lleve el viento.

Nada dura eternamente
muy poco la palabra hablada,
porque el viento no tiene memoria
solo queda lo que tu guardas.

Ahí está en su memoria
el secreto de la montaña,
lo lleva entre los surcos
de su piel arrugada;
son sus hijos queridos
verdes en muchos tonos
a ver a su abuela, la mar,
que no sale de su entorno:
porque pesa mucho su masa
y quiere ver sus retoños.

La montaña nunca ha olvidado
que es hija de un volcán
oculto bajo las aguas;
y que de ella brotó un día
toda aquella lava que forma el malpaís
paraíso de la montaña; (de Güimar)
donde nacieron sus nietos:
valos, cardones y tabaibas,
que cubren todo el espacio
entre la montaña y la playa.

Allí su abuela, la mar, se regocija,
viendo a sus nietos, hijos de la montaña
y le teje sus calcetines
con hilos de espuma blanca;
siempre en silencio,
siempre callada,
no valen las palabras
ante una imagen labrada,
sobre la piedra que brotó
desde dentro de sus entrañas,
un día ya lejano,
guardado en la memoria pétrea,
de nuestras Islas Canarias.

Jecego.

El río de mi vida.

El río de mi vida.

Yo soy como un río que naciera
cerca de la orilla del mar,
que apenas nace, muere en su orilla,
sin apenas navegar;
sin afluentes, sin vida, sin peces
y, sin dejar estirpe, en su corto andar.

Sus aguas no tuvieron tiempo,
para eliminar su sal,
por eso se secaron las plantas
de sus orillas al pasar;
dejando un recuerdo gris,
con señas de identidad.

Soy lo que soy al azar,
porque no pude ser otra cosa
en mi torpe caminar;
en mis orillas se secaron las rosas,
los lirios, los jazmines, el azahar,
voy sin perfumes, en mi camino hacia el mar.

De mi vida solo queda el cauce
que hice en mi corto discurrir,
ahora cuando voy a morir,
quiero volver a nacer;
aunque lo haré muy lejos del mar
para dejar en mis orillas, huellas de placer,
como: rosas, lirios, jazmines y azahar.

Jecego.

El mundo está lleno de palabras.


El mundo está lleno de palabras.
03/12/07.

Las palabras son presos
que escapan de la cárcel,
llevando sus argumentos
envueltos en el aire;
simulando ser perfectas
imágenes contextuales.

Son las palabras la clave de las cosas
porque les da nombre y sentido,
las cosas no son nada sin nombre
imágenes perdidas en el olvido;
hasta los sentimientos se hacen palabras
para ser reconocidos.

Palabras, palabras y palabras
llenan nuestro mundo y días,
cosas, pensamientos y vida
son tan solo palabras.

Jecego.


¿Que fue primero, la noche o el día?
¿la gallina o el huevo?
¿la tierra o el océano?
¿el pan o el trigo?
¿el hombre o la fiera?
¿la lluvia o el viento?
¿la escalera o el cielo?

No sabría responder a nada de eso
pero si se, que antes de la palabra,
nada tenía nombre, todo era “eso”
señalado con el dedo;
creo que “eso” fue la primera palabra
que se conoció en el universo.

Jecego.


Un mundo sin Sol, sería un mundo ciego.
Un mundo sin luna, un mundo sin amor
Un mundo sin agua, un mundo seco.
Un mundo sin palabras: Un paraíso o un infierno .


¿Que sería del mundo sin tú ni yo?

El Malpaís, la playa y la voz.

El Malpaís, la Playa, y la voz
18 de Octubre d 2007.

Lucha encarnizada entre hermanos
Que casi sin descanso pelean,
Muchas veces sangra el mar sus celos
Escritos en la roca con espuma blanca;
El Malpaís se defiende en primera fila
Con sus armas de piedra lávica.

El Malpaís se enfrenta como puede
A los pies de su madre la montaña,
Y sus hijos de múltiples verdes
Defienden a su madre de la mar salada;
Solo su madre lucha con las olas
Rompiéndolas a sus plantas,
Con las armas que le dio el volcán
Hechas con su propia lava;
No quiere que moje a sus hijos
Con la sal de sus bravas aguas.

Cuando Dios creó el mundo
Lo hizo con la dudosa esperanza,
De hacerlo todo bien, como un sueño,
Como un paraíso de paz y bonanza.
Pero se equivocó cuando dio voz a los hombres
Que no comprendieron sus palabras,
Y ahora con ellas discuten
Igual que el Malpaís y la playa.

Jecego.

El huracán en Güimar.

El huracán en Güimar.

Los cipreses siempre han sido árboles de cementerio, siempre fueron monumentos funerarios, guías objetivas del lugar sacrosanto; pero ahora tenemos en Güimar, después del huracán, un cementerio de cipreses, ya que el fuerte viento de unos 200 km./h, los acostó junto a sus muertos, quizás ahora, pasada la tormenta, se pueda decir: que tranquilos están los muertos con los cipreses acostados a su lado; porque antes en su perspectiva horizontal, los veían muy altos, muy lejos, quizás más pendientes de los aviones para saludar a sus gentes que de acompañarles en su reposo. Ya dejaron de ser sus guardianes; ahora son sus compañeros muertos en la batalla de la vida y como siempre la muerte en batallas se justifica con la presencia de un ejército dirigido por un dictador; en esta ocasión un huracán provocado por grandes emanaciones de calor y humo que tiene como resultado el recalentamiento de la tierra. El ejército que provoca los humos somos nosotros mismos, toda la humanidad, y el dictador ¿Quién será? Estamos acostumbrados a buscar un culpable para todo y creo que en esta ocasión también lo encontraremos. Pero, ¿hallaremos soluciones? O seguiremos buscando culpables. Parece ser que obtenemos mejores resultados buscando reos que soluciones. No nos vale de mucho tener un cráneo grande, porque la masa encefálica no ha crecido lo suficiente como para distinguir lo bueno de lo malo; si por bueno tenemos que sacrificarnos seguiremos haciendo lo malo.
No somos el día ni la noche, solo somos nuestra propia sombra, que unas veces nos sigue y otras nos enseña el camino, depende del sol.
Yo solo soy aquello que les falta a algunos de mis amigos y le sobra a otros; por eso no hablan bien del que piensa como; pero yo me quiero así; porque tengo lo que les falta a ellos: tiempo para madurar. Cuando pase algún tiempo, me verán con otros ojos. Y a mi solo me importa el final.
Siempre he sabido esperar y lo seguiré haciendo.
La fruta solo es dulce cuando madura, y necesita su tiempo.

Hazle caso a tu corazón, no te pares, y como él, sigue caminando; el tiempo no es buen compañero y no se parará a esperarte; te dejará botado en el camino y seguirá hacia su destino. Cuando tu corazón se pare ya tendrás tiempo para descansar.
Yo no soy perfecto, si lo fuera, no podría reconocerme, dijo un sabio.
Soy lo que soy, lo que tu vez, un ser con mucho tiempo.
Igual que los muertos sabré esperar.

El hombre busca.



El hombre busca.
07/12/07.

El hombre busca su destino
en la sombra de un momento,
y el instante le repite
no soy tiempo, solo eco;
al no tener cuerpo se confunde
el destino con el tiempo.

Sin palabras, en silencio se aferra
en la razón del pensamiento,
porque la vida va paralela
al mundo de los recuerdos;
y el hombre siempre ha sido
del espejo, fiel reflejo.

Y la apariencia queda al aire
y libre la cuna del pensamiento,
y éstos, construyen palabras
que libres se hacen viento;
y vuelan por el mundo
buscando calor de cuerpo.

Ya el hombre se aproxima a su destino
con palabras calentó su cuerpo,
buscando la perfección habló
y escuchó de su obra el eco;
siendo su voz el ejemplo
de su ego en un espejo.

Ahora se conoce por su nombre
y se comunica con el tiempo,
se llaman: María, Juan o Pedro
y se distinguen por ser hombres;
se eterniza con la palabra
desde un soberano presente.

Jecego.

El gorrión y el canario.

El gorrión y el canario. 04/07/2009

Se lamentaba un gorrión fuera de la jaula
donde estaba encerrado un canario,
porque quería ser prisionero
antes que libre sin comida y sin agua;
en la jaula había agua y comida
y él tenia que buscarla,
así ven las cosas los náufragos
desde dentro o fuera del agua.

El canario comía, bebía y cantaba
mientras el gorrión le miraba:
el gorrión se puso a pensar
que más vale la libertad que la jaula.
Que la solidaridad a veces, hace milagros,
y por eso visitaba al canario enjaulado.
El canario premiaba la compañía del gorrión
cantando, porque dejaba de ser solitario.

El canario agradecía la visita del gorrión
que era libre como el río y como el aire,
mientras él solo era un pájaro enjaulado
en un mundo injusto y miserable.

Un día el gorrión le trajo un grano de mijo
y el canario le dio un poco alpiste,
luego le dio agua con el pico
y se hicieron muy amigos los dos;
el gorrión fue solidario con su amigo en su jaula,
pero en su libertad pasaba hambre y sed
ahora comparten la libertad y la comida
y son algo más felices, acompañándose.

Jecego.




El cielo sobre el malpaís de Güimar.



El cielo sobre el malpaís de Güimar. 04/07/2009.

El cielo quiso ser generoso
con el malpaís de la montaña,
y dejó caer un trozo de sí mismo
entre la montaña y la playa;
como obra insólita de amor
entre el cielo y la montaña.

Y como así se escribe el amor
con hechos, y no palabras,
adornó con muchos hijos
valos, cardones y tabaibas;
y todos miran al cielo
alabando, dando gracias,
a su padre engendrador
de su madre la montaña.

Ella también mira al cielo
con su vientre hacia arriba,
pidiendo al sol que le broncee
su piel de roca y arcilla;
porque quiere estar hermosa
para que su amor, el cielo azul,
no mire a la luna que le persigue
siempre sutil y primorosa;
no quiere compartir a su dueño
con la luna plateada y hermosa.

En ese paisaje, de cielo, roca y agua
están sus hijos: valos, cardones y tabaibas,
que como rocas verdes, miran al cielo
vigilando a la luna, y superando su estampa:
para que el cielo siga siendo fiel
a su madre la montaña.

Si pudiera encontrar en mi lenguaje
la palabra que dijera lo que siento
del malpaís de la montaña,
dejaría al Teide sin el titulo
de paisaje más hermoso
de las Islas Canarias.

Jecego.

Dime donde estás.

¿Donde estás?.

Busco tu cuerpo en un amanecer
entre las nubes que bailan en el horizonte,
porque sus imágenes me confunden
con las sombras de tu velo;
haz una señal que me diga
cual es tu imagen secreta;
dime de que color es tu silueta
para encontrar la nube de tu cuerpo.

Jecego.

¿Dónde están las palabras?.





¿Dónde están las palabras? (20/03/09)

Bajo los pies de Izaña, en la quebrada,
barranco de Badajoz abajo, caminaba,
buscando palabras perdidas entre las ramas
de aquellos cuerpos verdes, llamados jaras;

no encontraba espejo donde mirarme
no veía un charco de agua para ver mi cara,
solo mi sombra sobre la arena caliente
señalaba mi presencia exacta.

¿A donde iba yo en mi andanza?
no tenía metas, nadie me esperaba,
oía mis pasos, el viento me hablaba en las ramas
y mi compañera, la sombra, callaba…

yo seguía bajando, hacia ninguna parte
en mi mente algo me decía, Poesía, ¿Dónde estás?
yo la buscaba, sin papel ni lápiz, memorizada,
porque mi cuaderno se había quedado en Izaña,
en aquel paraíso perdido en la ladera,
en la herida de la montaña.

En vano buscaba palabras para guardar
porque se habían perdido en la hermosura,
de ese barranco que describir no puedo
sin palabras,
pero que entraña sentimientos ocultos
y esconde historias extrañas.

Ahí estaban las palabras que buscaba
ensimismadas en la belleza oculta de las ramas,
hojas con gotas de rocío primorosas
que esconden secretos en su alma.

Entonces, tome las palabras de mi memoria,
escribí esta poesía, y se las cuento
como historia.

Jecego.

Dime cuando volverás.

Dime cuando volverás.
31/03/09.

Desde una roca, en el Malpais de Güimar
hablaba a solas con una ola,
ella sola llenó mi vida
pero se iba; y en aquella hora,

formó una cresta sobre el mar
y se apartó de las rocas,
donde dejó parte de su vida
en forma de suave espuma.

La ola se retiraba de mí
de la forma más cariñosa,
sin darme la espalda retrocedía
fundiéndose con otras olas;

se cubría a sí misma con un crespón
hecho de espuma blanca,
agitando su cabeza sobre el mar
me decía algo como : adiós, adiós..;

nunca comprenderé porqué
se retiraba de mí, mi ola,
ya que yo, el viento, fui
quien le dio su forma de ola;

antes solo era una masa de agua
que no podía navegar,
ahora, ya transformada en ola,
me deja y se va.

¿Será aquello verdad?
que dice:
si quieres algo, atalo bien atado,
porque el viento te lo puede llevar,
y si es a la mar …..
olvídalo.

Le he preguntado: cuando volvería,
y su voz, se hizo silencio,
viró su espalda a la costa,
y ni adiós…….me dijo.

Jecego.

Día de Canarias.





Día de Canarias.
(29 de Mayo 09)

Siete Islas sobre el azul Atlántico
siete flores en el Jardín de mi vida,
siete rosas, bajo el cálido sol
siete rocas de esmeraldas vestidas;

regalando al cielo su esplendor
recordándole ser sus hijas,
vestidas de tonos verdes
sobre su piel parda y curtida,

con sus hermanas menores
enseñándoles a ser Islas,
porque somos más de siete
y estamos siempre unidas.

Queremos se reconozca
que somos más de Siete Islas,
que el Teide es nuestro padre
y no tiene preferidas.

Las pequeñas, recordamos
a la gente que nos mira,
que todas somos iguales
de la misma Madre parida,

bajo la sombra de nuestro Padre
y del cielo que nos cría,
en las aguas de nuestra Madre
celebramos nuestro Día.

Jecego.




Deseos.







Deseos. 13/11/07.

Quiero ser su nombre
quiero ser su eco,
quiero ser su memoria
quiero ser su pensamiento;
o una palabra que una
todos mis desvelos,
en esa luz sonora
que llene todos mis deseos.

El aire que respiro
las estrellas del cielo,
la luz de un amanecer
en un incandescente velo;
que prolonga la montaña
por el accidentado suelo,
haciendo lo verde, rojo,
como capricho del cielo.

Ese sol que nos alumbra
un astro en tu seno,
para estar todo el día contigo
y en la noche ser tu compañero;
y pensar que yo soy tu luz
y tú mi luna y universo.

Jecego.

Desde mi jardin en el cielo.



Desde mi jardín en el cielo. 15/11/2006.

Es mi jardín, un mundo encantado
los pinos canarios y gallegos, verde intenso
y mis frutales abundantes e inmensos
con un horizonte: rojo oscuro, y un gris azulado;

De la copa de los pinos
como manantial milagroso
brotan las nubes sin tino
formando un mar gaseoso;
que los mayores llamaron
mar de nubes, o sombrero.

No se ve nada del pueblo,
todo está cubierto por el sombrero;
solo puedo ver el cielo
donde queda un agujero,
y alguna ave que viene a la fiesta
de este paisaje, celestial y somero.

En la estrella de los tiempos
veo un resplandor,
que me lleva a la confusión;
¿será la luz de Venus?
o, ¿será la mano de Dios?.

Con el verde muere el tiempo
con la roca, el dolor;
en el desierto, muere el mar
y en tus ojos muero yo.

Y las cosas etéreas,
como las nubes del sombrero,
son como el orden; están ahí;
y sabemos, que las hizo un obrero,
que no fuimos ni tú, ni yo,
ni de los hombres el resto.

Pon tú,…nombre al creador;
yo,…ya se lo he puesto.

Jecego.

Desde las Dehesas. El tiempo habla.

Desde las Dehesas.
El tiempo habla. 23/04/07.

Después de la caída de los cipreses
sobre las tumbas blancas,
todos los árboles tiemblan
y de las flores brotan lágrimas;
es por el miedo a la sierra
de las legiones sin alma.

Tiene miedo la noche
a que llegue la mañana,
y que con sus rayos de luz
rompa su negra sábana;
que oculta al que se oculta
a la sombra de la montaña.

Tiene miedo la rosa roja
abierta hace una semana,
a que caigan sus pétalos
durante la madrugada;
porque no siente la frescura
del agua por sus calas.

Siente que su aroma se disipa
entre la nube de aire blanca,
y quiere poner en agua su tallo
creyendo recuperar la fama;
que se ha ido con el tiempo
a ocupar su lugar en el mapa,
del tiempo que le corresponde
por derecho y edad en su casa.

Yo le digo desde esta altura
estás fuera de tiempo,
ya no eres reina de nada,
has puesto tus ramas en agua
pero está vacía la jarra;
pasó tu tiempo, están tus hojas ajadas
no imites a la flor temprana; ni al día,
ni a la noche, ni a la luz del alba,
porque el tiempo se refleja en la cara.

Confórmate con que alguien te huela
aunque no te lleve en la solapa.
Todo tiene su tiempo
todo en la vida se acaba.