Día primoroso, soleado

de rayos cálidos y nubes blancas;

señal de primavera en un invierno raro

cargado de viento y frío en sus ancas.

 

Quiso el sol asomarse

más allá de la montaña

para calentar nuestro valle

con su candor positivo el aire

bajo el azul de nuestro cielo

a orillas de nuestros mares.

 

Mi valle es el nido donde el cielo

puso su pasión verdadera;

donde las estrellas duermen

y cuentan sus penas a su duende,

antes de emprender su vuelo

al ocaso de su cielo.

 

Y las  flores piden a la luz su encuentro

para dar brillo y color a sus pétalos;

para que nuestro valle sea el mejor paraíso

de  luz, de color, y belleza, del mundo.

 

Somos afortunados……….

procuremos serlo siempre;

eso debe estar fijo en tu mente

cuidando tu medio con amor profundo.

 Canario.......eres afortunado.

Jecego. 19 de enero del 17.

Creo que estoy llegando.

Creo que estoy llegando
al amanecer de un sueño;
cuando creía ser tu dueño
apareció el sol para borrarlo.

Cuando llegaste de tu bohío,
tus ojos y cuerpo llegaron,
y se llenó de luz y perfume
el corral de mi predio solitario;

con ese olor a ti, a monte y retama,
que mezclaste con el mío in sito;
de romero, tomillo y hierbahuerto, (yerbabuena)
que en simbiosis se unieron y crearon
ese sabor único, nuestro, exquisito,
libado, entre dos corazones amando.

Y fuiste tú la vencedora
de la batalla entre nuestros labios,
porque el aroma que traías  de tu bohío
a monte y retama,
era más fuerte que el mío
de romero, tomillo y hierbahuerto.. (yerbabuena)

me alumbré con luz de tus ojos
con tu mirada llené mi vacío,
y en mi corral quedé dormido
entre tu cuerpo y mis sábanas.


Jecego.

Gracias paalabra por ser fiel a tu memoria.

Gracias palabra por ser fiel a tu memoria.

Un viejo poeta cansado de mirar a su  alrededor, al mar, a la montaña y al río de palabras que pasaban por su mente, se fue una tarde al campo, y sobre las hojas secas de una higuera se recostó mirando al cielo y dibujó un enorme mapa de constelaciones y estrellas poniéndoles nombres nuevos a cada una que iba descubriendo de acuerdo con las figuras que imaginaba entre las ramas secas de la higuera; eran tantas las figuras y las estrellas imaginadas que se convirtió en un juego de imágenes y palabras que pasaban tan deprisa que creyó que estaba en su casa escribiendo, porque las figuras como las palabras le hacían caer en un profundo sueño, y soñaba, pero en sus sueños no encontró poemas, sino juegos amorosos entre unas estrellas y otras que ocultaban sus rostros para que no les conocieran sus vecinas lejanas; así se fueron formando grupos entrañables que les definieron como amigas compañeras o constelaciones, cada una hacía lo que podía, y las otras guardaban su secreto, hacían de guardianas y disfrutaban como locas de sus amoríos; las estrellas fueron envejeciendo y rompiéndose los lazos que les ataban y separándose a orillas del camino para ver pasar a las estrellas nuevas que les reemplazan; ahora se mandan mensajes de memoria, de recuerdos con la poca luz que aún les queda, recordando cuando se encontraban en su apogeo y un solo sol acariciaba a varias.
La memoria solo termina cuando llega la noche de los sueños, porque la vida, también es un sueño. Mi estrella favorita, la que me quita el sueño, está encima de mí y se llama memoria, ya cubierta por una nube blanca de recuerdos ocultos en el tiempo.


Jecego.

11 de mayo del 13

11 de mayo del 13.

Día triste donde los haya
día en que me retiraste tu mirada,
te fuiste sin decir nada
dejando mi alma triste sin tu alma.

Cada día me parece otro tiempo
más difícil que el pasado
todo mi cielo está nublado, o
se escondieron las estrellas a un tiempo.

Amiga mía, mi gran silencio
(a veces oigo tu voz, que me habla).
¡¡ Miro y no te encuentro, callas
pero sigo oyéndote, en mi silencio ¡!.

No entiendo como es la vida,
solo que cada mañana sale el sol;
pero que hago yo sin ver nada
cuando la luz de mis ojos se apaga,
y miro al cielo sin ver nada
en la noche profunda de mi sueño.

Solo silencio y la luz de mi sueño
apagada…….
tristemente, apagada.


Jecego.

Sol y soledad.

 
Me encanta caminar cuando delante de mí, mi sombra me guía porque sé que el sol es mi guarda espalda.

Cuando mi sombra va detrás es el deslumbrante sol sobre mi frente, quien me precede y me orienta.

En mi territorio, solo al atardecer y no siempre, mi sombra va a mi lado como amiga, de mi mano, por ello no salgo por la noche, porque la soledad me ciega y las sombras me engañan…

 
Jecego.

Quiero ser del viento su juguete.


Quiero ser del viento su juguete

de ti, el aire que respiras,

y de tu voz, el timbre que llega

a lo más hondo de mi pecho;

haciéndose sol en mi herida

y cura mis males en silencio.


Quiero ser ese viento que habita

en las ramas de los pinos en el monte,

que se sube a las nubes y vuela

desde la mañana a la noche,

sobre los caminos de mi pueblo

entre castaños, monte bajo y escobones.


Quiero ser de ti, tu almohada,

de tu tiempo, las horas nocturnas,

de tu silencio, esa voz callada y dulce

con que despides a la noche y callas.


Quiero ser el jardinero secreto

de las flores que adornan tu cuerpo;

quiero ser, voz y silencio, además de viento

para envolver todo tu cuerpo con el mío.


Jecego.

La memoria siempre queda.

La memoria siempre queda.

Solo la noche eterna
puede borrar la memoria,
el recuerdo nunca pasa
su huella siempre queda;

la memoria no es un ángel bueno,
tampoco malo,
es la sombra de un momento
que puede ser bueno o pasajero;

que se queda dentro de uno
como un sueño,
como la luz de un relámpago,
como un trueno, como un beso,
que ocurren en un instante
y se hace eterno en el recuerdo;

ayer viví un viento cálido
que duró solo un momento;
hoy lo noto frío como hielo
y de nuevo próximo,
que quiero borrarlo de mi memoria
pero no puedo,
porque está cerrada por el tiempo;

La memoria es la sombra que queda
de los buenos y malos momentos;
es el perfume, la esencia, la visión
de un momento que siempre  queda.


Jecego.

Bordeando al viento. La felicidad.


Bordeando al viento. La felicidad.

 Por tus orillas voy buscando algo tuyo, siempre:
en el monte, en la mar y en las páginas del silencio;
algo escrito, tu voz, tu imagen, tu sombra o algo
que me hable de ti y no encuentro;

siquiera una huella tuya, invisible a mis ojos, pero
que huela a ti, señal de un momento, pasado;

te busco felicidad en los recovecos,
de mis caminos andados en mi tiempo;
se que estás cerca de mí, como un sueño
esperando el momento para regalarme un beso.

Mientras, seguiré bordeando tu recuerdo,
aspirando tu aroma,
viéndote en mis sueños
y reconociendo tu sombra
hasta que termine mi sueño.

Jecego