Un día luminoso con memoria gris.



Un día luminoso con memoria gris.

Hoy vi un árbol sin hojas,
y lo consideré un retrato de mí;
tan triste me sentí, al verlo tan pelado
que me acordé de Sancho y Don Miguel
representando el Quijote, en La Mancha;

fue cruel mi pensamiento
pero tan convencido estaba
que llegue a ver con mis ojos
las aspas de los molinos,
en sus desnudas y grises ramas.

Nada es del todo verdad,
tampoco es mentira total,
todo es el fruto de un momento
visto a través del cristal,
con que se mira;

el árbol sin sus verdes hojas, es gris,
así fue mi momento, gris como el árbol,
cristal con que vi el momento aquel,
fugaz como el tiempo que se fue solo
y me dejó ese recuerdo cruel.


Jecego. Lunes 10 de diciembre del 18.

Mi tierra, Gúimar.




Deseo compartir contigo
el árbol prodigioso de mi memoria;
podaré todas mis ramas infértiles,
y te daré aquellas que aún no han florecido
donde guardo las yemas
que no han visto el sol,
y sean tus ojos
los primeros soles que las vean;

compartiré también sus capullos,
sus perfumes, sus colores,
y aquellos mimos que revolotean
como mariposas sobre las flores;

quizá pueda reglarte alguna palabra que no hayas oído;
un poema quizá, un abrazo, un suspiro,
o una frase suelta, perdida,
buscando su nido en tu silencio.


Jecego, sábado 24 de noviembre del 18.
Nuestra memoria.

Si tenemos memoria es porque llevamos en nuestro interior ese niño que nos recuerda nuestra infancia; todos recordamos nuestro pasado porque ese niño nuestro, nuestro otro yo, se ha librado en parte del borrador de nuestra historia y cuenta en nuestro nombre aquello que el tiempo nos va quitando o nos ha quitado; a veces contamos cosas que ya habíamos olvidado, porque ese niño inocente que llevamos dentro nos lo trae al presente; se dan casos en que alguien que en su juventud nunca supo de amores verdaderos, al llegar un momento propicio, en  su madurez sale a disfrutar de lo que nunca había sentido, y fuera de lugar y tiempo, con la ansiedad guardada por mucho tiempo, disfruta a tope y cuanto puede, de esos acto que en su tiempo no pudo satisfacer, por faltarle esa parte del placer que no había encontrado, de la mano de ese niño que estaba dormido en lo más profundo de su ser, su otro yo, esperando el momento de ser protagonista de la felicidad de un tiempo pasado, dormido, ausente de tiempo, pero no muerto, y hace la luz en aquel tiempo que fue solo oscuridad.


Jecego. Sábado 17 de noviembre del 18.

Así es la vida.

Así es la vida.

Somos principio y fin de nuestras vidas,
resultado de dos amores que se han unido,
hijos de Dios en amor fundido en dos células
en las que el Señor infundió su amor
por sus hijos;
donde un corazón late con nombre propio,
independiente de todos, universándose
en todos los sentidos,
haciéndose libre y responsable de sí mismo,
hasta cumplir su destino, o llegue la noche,
que se lleve su vida.


Jecego. 14 de noviembre del 18.

En mi memoria lo llevo todo.

En mi memoria lo llevo todo;
llevo en mis labios tus besos,
en mi pecho tus cantares
en mi alma, tus silencios
y en mi silencio tu voz callada.

Arrancaré al silencio tu ausencia,
robaré a la primavera su alegría;
y en ese jardín sin esencia
escribiré una poesía en una flor,
que borrará para siempre,
mi sueño gris,  y mi dolor 
por tu ausencia.


Jecego. Noviembre, 13, martes del 18.


Mis islas

Mis islas.

Ignoro para que sirve
este paraíso donde guardo
las palabras que callo heridas
por el silencio de un olvido
inconexo de partida;

es un secreto a voces que brota de mis poros,
ese manantial sin sentido de letras que esperan
ser llamadas a fila, para ordenarse en palabras
que digan por mí, lo que yo quiero que digan
a orillas de una línea en una página blanca;

ignoro si es el cause de un río que se aleja,
o el cementerio de un lago que muere
en sus propias frontera, en sus límites,
en sus propias playas, en su misma arena
contando sus granos grises.

Pudo ser también, y es:
que estaba hambriento de poesía
y mis letras salieron a disfrutar sus vidas
se encontraron un día precioso,
miraron al horizonte y quedaron absortas
de ver tanta belleza y gritaron, poesía….


Jecego. Viernes, 09 de noviembre del 18.

El amor, extraña envoltura del hombre.


El amor, extraña envoltura del hombre.

Por fuera de su piel
el hombre también es amor;
una esencia lo envuelve
y da calor y armonía a su ser;

un misterio le hace ver y sentir amor
entre una nube silenciosas de estrellas,
por un sendero de virginales veredas
y un abrumador desierto de dolor.

El hombre madura, se hace sentimental,
se abriga con pieles femeninas, cálidas,
se confunde en ellas y se funde en una
le envuelve en amor y calla, haciéndola suya.

En su profundo ego, el hombre es amor,
sus ojos hablan por él, y silencian;
deja que su envoltura le represente
porque siente que ella es su verdadero ser.

En su última caminata el hombre medita,
se sienta a la orilla del camino y piensa
sobre su piedra, aquella en la que está fundido;
habla con ella y acuerdan:
quedarse en el lugar, juntos, abrazados,
dejar que el tiempo siga su camino,
hablando de lo bien que lo han pasado juntos
y le quiten lo bailado, juntos, como siempre.

Jecego. Sábado 3 de noviembre del 18.



Quien no se cree necesario


Llegó el otoño con sus colores ocres en su transporte el viento; llegó la sombra de un sueño verde llamado primavera;
llegó el silencio obtuso que trasforma los colores de la tierra, en ocres sin vida en las ruedas del viento como transporte;
se fueron los pájaros quien sabe a donde buscado otros bosques, ahora oímos el grito de las hojas secas al pisarlas pidiendo clemencia por quien dio tanta sombra en su vida, ahora olvidada por el hombre que la pisa.
No me pises piden a gritos; soy ocre, amarilla como el oro, para la tierra su tesoro, para la vida el primer eslabón, principio y fin de todos los seres de la tierra, vengo con el otoño; 
soy hermano de la primavera; en alas del viento voy a buscar el invierno; y volveré a ser eso que tu quieres: sombra, flores y fruto para todos los seres que pueblan mi tierra.
Primavera, verano, otoño e invierno; ciclo de la vida;
ninguno viene sin el otro, son una familia muy unida.
Quien no cree que es necesario para otro, es que nunca estuvo solo.


Jecego.