Amor; eso es compañía.

Amor; eso es compañía.

Para no sentirme solo vivo con mi soledad,
cada noche renuevo mi pasado,
hago hilos con mi memoria
y tejo con él la ropa que llevo puesta;

tejo y tejo con mucho cuidado
evitando ruidos que me despierten,
que rompa el silencio que me rodea
y me haga volver a mi vida silente.

Amar a la vida es hacer algo por ella,
tenerla ocupada viviéndola;
sentirla, acariciarla, hablarle sin palabras
hasta que el calor de su sangre se haga nuestra;

a ese tiempo que rompe la soledad,
yo llamo vida, porque escribo en un lenguaje
que solo ella y yo conocemos, y llamamos amor
en esa oscuridad que nos regala el silencio.

Quizá sea el canto de la primavera que renueva
esa sangre que permanecía estancada
en nuestras venas, esperando su compañía
deja de ser agua sola, para unirse a la clorofila,
esencia en sus flores, luz en sus colores,
y en mágica verdad, rompe la noche sombría.

Jecego. 24/03/17.

El ángel tiene nombre.

El ángel tiene nombre.

El ángel es un recuerdo que perdura;
que nunca se ha ido y vuelve sobre sus pasos
como la lluvia que va de la cumbre a la mar,
siempre por el mismo barranco
hollando el mismo camino con el mismo cantar.

Que al chocar en piedras distintas, cambian el sonido
y riman cantares diferentes en los mismos oídos,
que cambian con el aire su música accidental;
su correr atlético en su rodar, es caricia en el recuerdo
y silencio cuando va llegando a la mar.

Recuerda que la brisa, que no te decía nada, habla,
que el ángel no era viento que te empujaba,
que aquella roca en tu camino, que rompía tu textura,
era tu fuerza rota que se hacía música cuando chocaban
cuerpo a cuerpo en el agua y sin querer se besaban.

No reniegues de lo que es tu sombra
ni del agua que te llevo a la mar
ni de la música que te regaló el viento;

porque todo eso y más que no invento
es tu historia de verdad que en silencio
se oculta en tu lado oscuro.

Jecego.

Día. Ayer, hoy y mañana.

Día.

Hoy te levantaste sin llamarte,
tenías tu itinerario gravado con dos historias;
la que cuentas y la que ocultas,
que contarás cuando la luna salga;

suerte te desean las estrellas
que el cielo ocupan, porque a ellas
no puedes engañarlas
ya que conocen tu arte, para contarlas;

ayer, triste ayer,
hoy, imágenes repetidas;
playa sin sol, solo imágenes laxas,
contando historias, con sombras de palabras;

hoy se oculta el sol detrás de nubes hermanas;
unas blancas, otras negras y otras extrañas,
que ocuparán su espacio en la playa
mientras crean una historia, para la luna, mañana.

Ayer, hoy y mañana, fracciones del mismo tiempo
que se aúnan en una historia fantasma;
para crear en la mente que escucha
la imagen de un día soleado en la playa.

Los días cambian pero no vemos su cambio.
Lo vemos, cuando paseamos por su tiempo,
lo distribuimos como queremos,
los pintamos del color que nos da la gana
y lo contamos como historias nuestras, sin verlo.

Jecego. 21.03.17.


Poesía, hoy es tu día.

Poesía. (En su día)

Sonríe a la primavera,
ve flores donde hay piedras,
mírate al espejo y piensa
la maravilla que eres;
y dirás como yo:
“hoy es mi día”
y sonreirás pensando:
“soy poesía”…..

Jecego.

Verde, todo verde.

Verde, todo verde.

No era todo orégano
pero sí, verde como si lo fuera;
verde y fresco, todo bosque,
hasta el cielo se hizo verde
para que lo viera.
Todo paz y silencio
centrado todo en una quimera;
más allá del verde silencio
una nube de pensamientos volaba,
y un recogido pensamiento se queda.
Aquel apacible cuadro de Anaga,
aquella profunda cordillera verde,
y aquellos alisios frescos residentes,
dejaron en mi alma la huella sana
de una perdurable mañana.
Tan poco tiempo
hizo grande una mañana;
increíble lo que es el tiempo
cuando se para,
increíble, cuando acelera;
increíble cuando se estira
y en un momento hace una historia
que puede durar, semanas.
Tanto se llenó mi memoria
del verde de una mañana,
que puedo hablar mucho tiempo
del verde de esta mañana.
Quizá cuando vuelva
ya serán flores esas ramas vedes,
que vi esta mañana.

Jecego.

A Rodrigo.

A Rodrigo.

Canto a la primavera incipiente
y a las nubes como fuentes elevadas,
al sol como infierno escondiendo sus llamas
para hacer a mi tierra, primavera cálida
en todas sus montañas, llanuras y cañadas;

Tú que mi sangre alteras, primavera,
que puedes cambiar de color, la faz de la tierra,
haz que mis raíces se hagan ramas
de las que broten flores bellas, y de ellas,
infantes como el que tengo en mis manos cansadas;

llámalo Rodrigo si puedes
sin que me muestre con el central de su mano,
el camino que le señalo y no quiere;

no tienes que hacer lo que no quieras
ni pensar lo que yo pienso, si no quieres,
pero, Rodrigo, ese dedo tieso no me pega….

Tú bisabuelo. Jecego. 20.03.17.



Viento. Adiós; buen viaje.

Viento. Adiós; buen viaje.

Vete lejos, donde no hagas daño,
oculta tu nombre; y tu cara huraña,
saca tu faz apacible, la de ese céfiro
que a veces eres; o la de alisios en la mañana.

Seré todo silencio, si transformas
tu desmelenada cabellera,
en nieve en la montaña y agua
para ver en mi tierra, la primavera.

Que las piedras se hagan flores;
escuchame medroso amigo,
escucha mi ruego tu solo;

haz mi ruego lluvia, y mi tierra gozo
trayendo la primavera en tus hombros
hazme creer que no eres malo en todo;
que también eres céfiro en el poniente,
y alisios en mis mañanas….

Jecego.

Mi isla es mi piel.

Mi Isla, es mi piel.
Y el viento, mi azote.

Yo acostumbrado a mis límites
a no salirme de mis contornos,
siento que mi piel se rompe
cuan las olas llegan con violentos modos.

Se elevan cuatro y seis metros sobre
la llanura del océano, poderosas,
y luego como espejos se rompen
y lloran blanca espuma en sus bordes.

Me siento azotado en mis orillas
mis arenas lloran de dolor y esconden,
esperando que amaine el viento que atiza
mis orillas y rompen la piel de mis bordes.

Mi Isla está vestida de azul y blanco
sus playas, que suelen ser mansas
están alborotadas, frías y mal vestidas
llenas de banderas rojas llorando.

Esperan que se vaya el viento y llueva
que se note la primavera en su retorno,
que se vea su verde fondo y sus flores
como siempre, Canarias vestida con su encanto;

y que sus playas sean refugio de la flores que andan
mojando sus pies y sus encantos, y a la vez,
sentirme a mí mismo envuelto en los alisios
nuestro viento propio, entre flores tantas.
respirando hondo, sin que me duela nada.

Jecego. 17.03.17.