España.

Una flor en la mano
y un encuentro para la paz
nos espera en silencio;
hagamos que nuestras palabras
sean esos pétalos que dan su vida
por romper esa nube que nos separa.

No nos equivoquemos otra vez,
madre solo hay una, España,
no permitamos que se rompa
por nada, defendámosla con palabras.

Hagamos un ramo con todas esas flores
que forman una España unida.


Jecego. Domingo 24 de junio del 18

Ayer estaba confundido.

Ayer estaba confundido,
pensaba que yo era poesía;
hoy veo que poesía eres tú
y yo el lápiz con que las escribo.
No soy poeta, solo la fuente
de donde manan los poemas,
entre pinos y tabaibas
entre el monte y la mar.
Robo las palabras a los alisios
en su viaje de Izaña a la mar,
las escribo en mi memoria
y transcribo en este lugar;
para llevártelas a tu nido
en mi silencio visual.
Jecego. Martes 12 de junio del 18.

Viernes 08 de Junio del 18. El tiempo.

Viernes 08 de Junio del 18. El tiempo.

Un sol agitado por los alisios
calienta todo mi Valle;
hasta la arena de sus playas
se tornan cálida,
yo caminaba por sus orillas
recordando vivencias lejanas,
y hasta creí ver mis pisadas
en las cenizas “picón” de la montaña;

todo era fantasía en este momento,
en vez de agua, sol y viento,
ni primavera, ni verano ni otoño,
solo sol y viento
a cambio de sol y agua;

las flores lloraban viendo
sus pétalos quemados
por el sol y el viento,
sus hojas marchitas muerta de sed
clamando al cielo,  agua, agua, agua;
los pájaros se fueron a otros lugares
donde el tiempo les diera de comer
lejos de este lugar, que era su casa.

Todo se ha puesto adverso a la vida
por suerte, los pájaros tienen alas y se van,
pero nosotros nos quedamos viendo
cuerpos muertos de flores, sin sabia,
imaginando otra hoja de ruta, diferente
hasta que cambie el tiempo.
Jecego

Somos mucho más que la imagen que nos da el espejo.

Todos amamos nuestra figura y la cuidamos con mucho esmero a pesar de que solo es un modelo, una imagen, un lugar donde se guarda un alma que no conocemos; ninguno reparamos en que el alma, es lo más valioso que tenemos, pero como no la vemos, no la valoramos; hay que ver para creer, dijo Santo Tomás, y fue recriminado por Jesús; pero nosotros seguimos olvidando que nuestra figura es solo una caja donde guardamos nuestro  tesoro que no vemos; tampoco vemos nuestra voz y la escuchamos y obedecemos, ¿por qué no escuchamos también esa voz que nos dice que también somos pensamiento que no vemos, que lo que llevamos dentro es mucho más valioso que esa imagen que nos da un espejo.
Pensemos que somos mucho más que la imagen de nuestro cuerpo.


Jecego. Jueves 07 de Junio del 18.

Mi Maestra.

Mi maestra.

Hace 75 años,  en mi barrio; El calvario de Güimar hubo una escuela mixta  (varones y hembras juntos), mi maestra, María de la Paz Ruiz Rodríguez tenía un enorme grupo de alumnos, unos cincuenta sentados en los pupitres (con su agujero para poner el tintero para que no se volcara) y unas diez niñas sentadas en bancos aprendiendo costura, a las que ella misma impartía clases; era un todo terreno; las clases eran mañana y tarde; el libro universal era la enciclopedia de Rodríguez y Sánchez, luego Rodríguez y Rodríguez habían alumnos que querían aprender, y alumnos que iban a clase porque era obligado ir; esta heroína también ayudaba en su casa al que quisiera aclarar algo que no entendiera en la escuela; su esposo, don Antonio Gascón era el “amo” de casa y tenía a su cuidado mientras ella estaba en clase a sus hijos, Rafael, Juan, Damian, Joaquín y sus hijas: Margarita?, Visitación y Milagros. Esta maestra, además  de ser una GRAN madre, era una inmejorable Maestra, que no solo enseñaba, sino que quería a sus alumnos como hijos.
Ella me enseño a recitar una poesía de Federico Urrutia, dedicada a José Antonio Primo de Rivera, que recité cuando se inauguró la Cruz De los Caídos que está en la plaza del Ayuntamiento de Güimar, en presencia del Gobernador Civil de Canarias, General García Escames.
Puedo decir de mi maestra, que fue mi segunda madre, cosa que ella misma diría; un abrazo para ella, en ese infinito mundo donde va la gente generosa, sabia y buena.
Adjunto fotos de la casa donde vivió y de la escuela donde impartió clases, (un poco abandonado); cerca de la Capilla del Calvario. Güimar.

Un alumno. Jecego.

Anoche soñé que una nube era mi amiga.

Anoche soñé que una nube era mi amiga,
soñé que tenía una cara de muy cansada;
no sonreía, muy seria me miraba, somnolienta,
como si la nube viniera de una de una noche de tormenta,
donde el miedo la empujaba, y la trajera
con la fuerza el viento, bajo sus alas, a esta morada.

Su silueta de formas difusas y extrañas
me divertía, me gustaba, se aproximaba a mí
y yo con mis manos la modelaba;
siguió conmigo un rato y nos alimentamos del aire,
nos acostamos sobre la tierra de una montaña de sueños,
modelé con mis manos el cuerpo que soñaba
hasta que el frío me sacó de aquel sueño extraño,
y la nube empezó a hablarme historias trágicas
que me mantuvieron absorto parte de la noche;

al amanecer la nube despareció sin dejar rastro,
se fue a su nido, donde el rocío hace que crezca el bosque,
donde hay muchos árboles a crecer entre ellos,
desde donde poder ver el cielo, para subir y tocar lo;

se perdió a mis ojos tristes, para abrirlos felizmente
en aquel bosque, donde dejó su nido;
mejoró su estado, su presencia para mi ausente
iluminó su bosque, y la nube volvió a ser nube
en su propio monte, mientras, en la mañana,
me encontré solo de nuevo, en mi almohada.


Jecego. Lunes 04 de junio del 18.

Regreso a mi sombra.

Regreso a mi sombra.

Caminaba bajo un sol abrazador
por una vereda que había entre la hierba;
el sol alumbraba mi camino
y la yerba se abría sobre la tierra,
ante mis pasos hacia un lugar sin nombre,
donde nada me esperaba y yo desconocía;

parecía una marioneta andante,
un espantapájaros que se movía,
una veleta sin viento, apuntando a un punto,
con la mente fija en un lugar desconocido
que me llevaba al norte donde había un árbol
que me llamaba y brindaba su sombra.

Por fin y con mucha suerte, encontré el árbol,
me acerqué a él, le vi. sonreír;
tendió sus rama y abrazó bajo su sombra,
y me sentí elevado sobre de mi mismo
como si  aquella sombra, fuera mi madre
y aquel lugar, el sitio donde nací…..


Jecego. Viernes 01 de junio del 18.

Anoche soñé un sueño muy extraño.

Anoche soñé un sueño muy extraño; soñé que nuestros ojos se miraban y sin voz, se hablaban; soñé que se aproximaban hasta acariciarse sus párpados y juntar sus pestañas, durante mucho tiempo; luego se separaban y lloraban lágrimas que llenaron un charco sito a tus pies;
mientras nuestros ojos se acariciaban;
que el agua de la fuente era tuya y mía; los dos nos mirábamos en el espejo de aquel agua; aquello parecía magia, seguíamos mirándonos sin decir nada y nos acercamos tanto al charco que se movió el agua, y se hizo un circulo en su superficie en forma de globo, nos metimos dentro sin decir nada, y seguimos soñando. Cuando desperté, estaba mojada mi almohada, me toqué los ojos y estaban solos, los tuyos, ya se habían ido a tu almohada; así es la vida; un sueño que se acaba cuando se acaba la vida;
ya dijo un sabio, que la vida es un sueño y que vida y sueño, lo mismo son…


Jecego. 30 de mayo del 18.