Hermosa mañana

Hermosa es la mañana
el atardecer, tristeza y dolor;
pero mañana en la aurora, se juntan y aman
mezclando sus perfumes y colores
sin lucha y sin rencor
en un precioso amanecer.

Son flores de un mismo jardín
emulándose a si mismas en su ego,
nada más hermoso que ellas
dentro de su mundo hermoso,
regalo de la primavera
entre arcos iris y cielo.

Su música son las aves que le cantan,
oro el sol que le acaricia cada día;
luces de fiesta las estrellas que le acompañan
vestidas con el traje de plata
que les regala la luna;
también son ostentosas
y se miran en el espejo del océano
y ven hermosas;
con su traje de nubes plateadas
salpicada de luces de cristal de agua
en su jardín de ensueño,
en su propio aroma, como hermanas.

Jecego…..
En mi memoria.

En mi memoria quedó la imagen
de un tiempo que aún no se ha ido,
que me rodea, me invade y recuerda
tantos momentos vividos
en tan lejana infancia;
presentes ahora en mi memoria
como hilos de recuerdos de un ovillo
que se deshace ante mis ojos
empujado por una lágrima,
que quedó aparcada en el tiempo
y se deshace ahora en mis párpados
y sin romperse, ve, como el tiempo pasa
y se lleva consigo aquello que yo guardaba.
La memoria es el baúl del tiempo
donde guardamos todo;
el tiempo es la pagina
a la que confiamos nuestra historia;
y las lágrimas:
el rio que se lleva todo al olvido.

Jecego. 24/02/17.


Canto a una rosa.

Canto a una rosa.

Rosa, blanca, amarilla o roja,
no te escondas detrás de tus espinas,
no tengo miedo a la muerte
y te asaltaré donde te escondas
por tenerte a todas horas, siempre.

Que con verte el sol me alumbra,
teniéndote la pasión me embarga,
y mi fuerza rompe las cadenas del miedo
que tengo a tus espinas
que convierto en dócil seda blanca;

y atravieso con mis manos
entre el terciopelo de tus ramas;
y traigo esa flor tuya que amo, aspiro tu aroma,
doy gracias al cielo y mirándote, le pido:
me perdone por amarte tanto.

Jecego, 21/02/17.




Tiempo y vida

Tiempo y vida.

Ya no me acuerdo cuanto he vivido,
pero quiero vivir otro tanto;
he vivido a más de cien latidos por minuto
creo que quería llegar antes a mi finito,
pero errado o no sigo tan campante
buscando mi destino;
y aunque lo recuerdo, sigo a mi paso
no tengo prisa en llegar, pero no aminoro
mi marcha; mi ritmo siempre va conmigo,
y sin pensar a donde voy tan deprisa, sigo.
Sé que cada uno tiene su camino y tiempo,
y que a mí me queda mucho que andar,
por eso voy deprisa en mi silencio
por si llegar puedo a descansar.. en mi tiempo,
o necesito de un regalo.

Jecego.

Que es el amor.


El amor es una fuente que todos buscamos;
un río que pasa ante nosotros y no vemos;
una corriente en la que nadamos cada día e ignoramos,
porque el amor no se ve, solo se siente dentro;

cuantas definiciones hay del amor; son incontables,
son tantas, como opiniones existen,
pero solo una queda en el corazón que resiste
las demás se van con el aire de algún suspiro, lejos;

no me hables de amores que como las nubes
aparecen y desaparecen en un instante;
porque amor a primera vista no es amor, solo
pasión carnal, ilusión de un momento.

Fíjate en cada amanecer, precioso instante
de belleza sin par, inusitada luz y fuente,
bailando sin parar, luminoso presente
que emborracha al instante, y se va para siempre.

El amor hace prodigios en todos los seres,
unas veces, dura poco tiempo y muere;
otras, se emborrachan con su esencia y queda
prendado y prendido en su fuente, para siempre.

No me digas lo que es amor; soy mi río,
mi cause, mi vega, mi cabaña y mi mar,
donde me encuentro y muero contigo.

Jecego.

Paz armonía, o sueño

Paz y armonía, o sueño.

Buscando la paz y la armonía, caminaba entre pinos en la dehesa de Güímar; iba abriendo veredas entre el monte bajo y me crucé con un sendero ya viejo, pero la huella de un calzado de cuero hizo que me sentara a estudiar su edad; lo hice y mientras miraba su estructura para averiguar su procedencia y edad me quedé dormido apoyado en un hermoso pino; cuando abrí los ojos me di cuenta que el apoyo era muy incomodo y me recosté sobre la pinocha del suelo, ya era otra cosa, me sentí más cómodo y empecé a imaginar un sueño; lo que soñé fue tan hermoso que no se lo voy a contar para no romperlo, porque todo no podría hacerlo; pasaron las horas y entre el rurú de las lechuzas, el correteo de los conejos y la música del viento en las ramas, llegó el amanecer, precioso milagro; creí que algo me llamaba para decirme que llegó mañana; aún seguía oyendo a mis vecinos; los mirlos empezaron a subir al viento su precioso canto sumado a la música del viento en las ramas, me invitaban a bailar; pero yo no podía, estaba entumecido, el frío había dejado su huella en mis huesos, apenas podía enderezarme, pero por entre las copas de los árboles que habían sido mi cobijo, aparecían los rayos de la luz de ese mañana tan esperado, ya era hoy, dentro de poco rato empezaré de nuevo mi marcha, aunque aún no se a donde voy, porque la paz y la armonía está ante mis ojos; me paré en un claro del monte, miré al horizonte y recreándome en su belleza me dormí de pié, creo, porque me creí cobijado en una cuevita que nunca antes había visto, me pareció bella su oscuridad.
Ahora pienso, si en verdad pasó todo eso, o estaba dormido y escribiendo a la vez.
No busques lejos de ti lo que es tuyo, lo tuyo está dentro de ti, lo de fuera no te pertenece.

Jecego. Jueves 02 de febrero del 17.

Montaña grande de Güimar.

Montaña coqueta y soñadora.

Montaña grande de Güimar,
tu que dejas que el sol acaricie tu cara
y la luna cubra a tus hijos
con la luz plateada de su faz de su cara;
abre tus brazos y deja que el sol llegue
hasta las arenas negras
de tus entrañas, que
enrojezcan los bordes de tu cima,
tus labios,
y crezcan en tus laderas
las tederas,
los cardones
y tabaibas
que te da ese verde hermoso,
ese verde esmeralda de ensueño,
que te hace coqueta y soñadora,
pregonera de tu talle cimbreante
como palmera y mujer,
que hace cantar al güímarero
glorias por tu ser,
y al forastero suspirar
por poderte tener, como reina de su hogar
¡¡Ay!! Mi montaña
con raíz de fuego y cálida piel;
te siento dentro de mí como madre
y como mi sangre en mis venas,
y en mi corazón te siento
hirviendo de amor por mi tierra.
Gracias: mi Valle; mi montaña, mi sol
y tus veredas, mujer......

Jecego.

Esperando tu llegada

Esperando tu llegada.

Perdido en la lóbrega noche: oigo
entre las olas de mi playa,
tus pasos sobre la arena blanca
que moja mis pies cansados y heridos.

Cobijado del mundanal ruido: te espero
en mi refugio en la playa: con miedo
me sorprenda el viento que te trae
preciosa dama de mis sueños.

Te espero a ciegas, sin más luz que
la de la esperanza de ver tu luz,
esos soles que me traen tus ojos
con esa luz cálida que colmará mi sueño.

Solo la densa nube de agua que trae el viento
me cubre en esta soledad tan fría;
no tardes vida mía en llegar a mis orillas
porque tengo mucho frío y mi cielo vacío de estrellas;
necesito lleguen pronto esos pasos que he oído
descalzos sobre mi arena, con el sol de tus ojos,
sol mío.

Jecego. 06/02/17.