Busco mi historia, en mi memoria.















Buscando en mis rincones recuerdos
que se hayan perdido en mi andar,
encuentro semidormidas historias
esperando ser sacadas de su olvido,
para no morir sin pena ni gloria
en algún rincón del camino
que sería condenar mi historia
a caer en una oscuridad sin sentido.

Encontré la voz de un secreto
entre tú y yo escondido,
en un recoveco del camino
olvidado, tuyo y mío;

a la voz le puse nombre, amor,
y le saqué del olvido,
con la señal de un dedo
que abrió todos mis caminos.

Y el nombre hizo su historia
que arrancó al silencio su destino,
condenada a convertirse en ceniza
ahora imagen de un recuerdo querido;
la memoria se hizo palabra
que arranco un recuerdo al olvido,
y se hizo historia de un suceso
rescatado a la historia, ya perdido.

Jecego.

Historia es la suma de los recuerdos rescatados del tiempo por la palabra.

La voz de la esperanza.








La esperanza ocupa

de la mente, su parte más alta,

y cree encontrar en el cielo

su refugio en la nada;

en busca de la palabra justa

que defina la esperanza,

y solo encuentra silencio

oculto en la nada.



La realidad y la esperanza

se buscan y no se encuentran,

no se dirigen palabra

viven a la sombra de sus huellas:

muerta la esperanza, su mundo,

desaparece sin dejar estela,

en la finitud del silencio

de un pensamiento que vuela;

dejando paso a la realidad

con nombre y con seña,

que puede verse y tocarse

en la masa de su esencia.



Jecego.



La esperanza es un mundo fuera de nuestro mundo, que no hay que perder de vista.

Como surge y se va el amor.













El amor surge sin nombre

y se hace luz en el silencio,

toma vida del susurro

y se eleva como el viento;

convirtiéndose en palabras

cuando abandona el pecho,

siguiendo su impulso dormido

repetido en el tiempo,

dejando un vacío como grito

en un abrazo perpetuo.



Jecego

Para una señora que busca poesía en las palabras.

Tu cuando sonries, eres poesía.

El mundo está lleno de poesías
de hermosas palabras, muchas mentiras,
pero señora, yo le diré
que también hay imágenes
que merecen ser poesía.

Póngase frente a un espejo
abra bien sus ojos,
mírese y sonría:
y habrá descubierto
que hay poesías sin palabras.

Jecego.

Nota:
No hay que ir muy lejos a buscar las cosas, muchas veces las tenemos al lado. O aparecen cuando no las esperas.

Azul.













Es el azul mi color preferido

y cuando lo miro, se hieren mis ojos,

igual que cuando miro a los tuyos

se tiñen los mios de rojo;

azul es cielo infinito

azul la mar salada,

tus ojos son azules

y me encanta tu mirada.



Quiero mirarme en tus ojos

mientras tu miras al mar,

porque así son más azules

tus ojos al mirar;

quiero mirarme en el azul de tus ojos

para que me pases tu azul al mirar,

y aunque tiñas los mios de rojo

quiero a los tuyos mirar.



Jecego.

Personas y amores.

Existen amores silenciosos

y amores llenos de palabras,

los silentes no salen de su refugio

y los parlantes escapan cuando hablas;

el amor profundo está lleno de recuerdos

y el ligero se hace de imágenes falsas,

que no dejan huellas en el hombre

porque escapan con las palabras.



Hay amores que se forjan con palabras vacías,

palabras bonitas que no dicen nada,

porque nacieron de un capricho

no engendrado en el alma;

son palabras que nacen del sexo

vacías de amor que no dicen nada,

y en cuanto termina el acto

se van sin dejar huella en el alma.


Jecego.

El amor nace y crece con fases igual que la luna. Pero depende del astro rey para alimentarse,

y tú eres el astro que tiene que alimentarlo.

Refranes.

A la suerte no hay que buscarla, viene sola; a veces en forma de piedra que hay que tallar; pero no desechar solo por ser piedra.



Sin trabajo no hay nada que tenga valor para el creador; tu le das el valor con tu trabajo.



El amor qu viene hecho, no se hizo a tu medida y hay que recomponerlo.



Entre tú y yo hay un desierto, pero tu sabes que los dos estamos hechos de tierra, por lo que al final del camino, estaremos juntos, porque el punto de partida es el mismo que el de llegada.

Para una reina sin trono.















Quisiste ser reina de un mundo

que solo en tu mente existía,

nunca mirabas hacia dentro

buscando al rey de tu vida;

entre un batallón de hombres

que tu coronabas en fila.



Y pasaron muchos años

perdidos en la criba,

seleccionando a un rey

que nunca aparecía;

y así llegó la noche

que doblegó tu vida,

y se llevo tu esperanza

de ser reina por un día.



Ahora cuando pasó tu primavera

que ha dejado tu piel marchita,

sigues mirando al cielo

por si Dios evita;

quedarte sin rey y sin trono

en esta tierra bendita.



Jecego.



No trates de coger en el árbol la fruta más alta, porque te faltarán brazos, además deja algo para los pajaritos del campo.

Lava del Malpaís de Güímar.




























Hiciste tu dominio sobre la tierra
cuando parió tu madre la montaña,
de sus cenizas hiciste lava
y con ella, piedras extrañas;
y un jardín entre las piedras
de cardones, balos y tabaibas.


Antaño te llamaron balieras
porque fuiste de los balos la madre,
y con el sol que fue tu padre
criaron cardones balos y tabaibas;
ahora con amor " malpaís”,
bien ganado Jardín del Valle.


Y tapizas de verde las rocas
con tus endémicas plantas,
creando un mundo entre las piedras
que envidian las esmeraldas;
bajo la tórrida luz del sol
entre la roca volcánica,
hay vidas sin voz que dicen:
somos la voz de la esperanza.


Como pueblo con hambre
extendemos nuestras ramas al cielo,
pidiendo agua y sol para nuestro suelo
y al hombre: respeto, respeto, ............


Jecego.

El lince, la oveja y el silencio.





















El lince es un animal carnicero, félido (mamífero carnicero, de cabeza redonda, h0cico corto, lengua escamosa y patas con dedos retráctiles, como el león, el tigre y el gato), de pelo rojizo y orejas puntiagudas, terminadas en un mechón de pelo negro.


La oveja, es un animal mamífero, doméstico que produce leche y lana, además de carne como fin último.


Les contaré como convivieron durante algún tiempo un lince y una oveja en una pequeña granja sin que el carnívoro devorara a la apacible oveja, ni ella huyera del carnicero, aunque tuviera pocas posibilidades de escapar; y como lograron complementarse para serle útil el uno al otro.


No podemos hacer la historia sin esperar a que se desarrolle, detalle que nos obliga a esperar en silencio los acontecimientos que nos darán la luz.


El lince como animal sagaz pensó: si mato a la oveja y me la como hoy, ¿que comeré mañana y pasado?, porque no veo por donde salir de las cercas de esta granja.


La oveja pensó: yo no puedo huir de esta fiera que me comerá vivíta y coleando, pero, ¿como podré enviarlo?.


La oveja en silencio, desbordando la imaginación del más sobresaliénte pensador, y por supuesto, superando con creces la sagacidad y voracidad del lince, puso a su pequeño y noble cerebro a luchar contra la adversidad.


Ya habían pasado muchas horas de su accidental encierro, y el hambre del lince empezaba a hacer mella en su estómago, y reconsideraba su pensamiento primario, mucho más cuando al medio día, vio a la oveja tendida sobre una piedra casi sin respirar; el lince se aproximó a aquel peludo bocado con la intención de saciar su hambre, cuando de pronto vio un grupo de aves rapaces que se acercaban a la casi inerte oveja; el lince que vio venir del cielo su comida, gracias a la astucia de la oveja, y pensando que era más fácil desplumar a un águila, que pelar a una oveja, convirtió su idea asesina de comerse a la oveja, en otra más inteligente, cazar y comerse un águila, a la vez que reservaba a su compañera la oveja para otra ocasión, (el lince no cococía la estrategia de la oveja) ni lo que ésta había imaginado y convertido en realidad; (la forma de que el lince comiera sin ser comida), y además ser admirada por éste; luego la oveja se fue a dormir a un lugar más seguro, sabiendo que el lince había saciado su hambre.

Al atardecer, la oveja en vez de recogerse en algún cuevacho del lugar, volvió a encaramarse en la piedra de la salvación ante los asombrados ojos del lince, que a pesar de su sagacidad no comprendía el comportamiento de la oveja, pero ya tenía la obligación de protegerle y lo haría echándose cerca de ella "aunque a ella le temblaban las patas de miedo" mientras (el lince ya estaba convencido de que su vida dependía de la inteligente oveja), pasado un rato apareció un cuervo creyendo a la oveja muerta, que tuvo la misma suerte que el águila, el lince se lanzó sobre él y lo devoró.

La oveja, en el más riguroso silencio, convencida de que de momento iba salvando el pellejo, volvía a su apartado lugar de descanso.

La oveja no tenía problemas de alimentación, ya que en el lugar había suficiente pasto, su preocupación consistía en atraer a otros animales para que comiera el lince y escapar de ser comida.
Los días pasaban y se repetían las estrategias de la oveja y la cacería del lince, pero en menor grado, ya que las aves habían aprendido unas de otras, como es la norma de la supervivencia.

Entre los dos animales había surgido una química de dependencia y si no se querían, si se necesitaban. Pero ya la oveja no tenía ese poder de atracción para las aves que le servían de alimento al lince y la oveja empezaba a preocuparse por su pellejo, mientras el lince empezaba a padecer hambre; aquella torre de Babel que habían hecho la oveja y el lince empezaba a tambalearse.

Como casi siempre la suerte llega del cielo; un helicóptero de protección de la fauna terrestre observó a la oveja en aquella encrucijada y sus ocupantes decidieron bajar a salvarla, y abrieron la puerta de aquella finca, su prisión. Pero cual fue el asombro de los guardianes de los parques, al ver acercarse a un lince, de la forma más humilde, aproximarse a la oveja, y mirándose cara a cara, lloraron los dos; quizás despidiéndose o tal vez, dándose las gracias por sus respectivas salvaciones, o por haber acabado su odisea de la forma más inteligente, con los argumentos que solo ellos conocen.

Luego cada uno se fue por su camino, en silencio, ambos miraron al cielo y dieron gracias, porque desde allí llego su salvación. Las aves primero, luego el helicóptero con sus guardianes .

Los guardianes del cielo siguen preguntándose en silencio,(pensando) ¿como pudieron convivir un lince y una oveja, en un recinto cerrado?, ustedes ya lo saben, pero, ellos no.
Seguramente pensarán que la inteligencia está por encima de la fuerza. O, eso es un misterio.

Quizá un día lejano se encuentren otra vez, la oveja y el lince, rodeados por sus hijos y nietos contándoles que la inteligencia bien aplicada puede resolver los problemas más difíciles.

David venció a Goliat. El Cid, ganó una batalla después de muerto. La cara engaña, porque la inteligencia se oculta detrás de ella. A los problemas no hay que darles la espalda, hay que solucionarlos dando la cara.

Jecego.

Pienso y hablo conmigo mismo.

Llevo mucho tiempo hablando solo, yo oigo una voz, y otra que no es la mía me contesta; siempre está a mi lado un personaje que interpreta mis pensamientos y da respuesta a los mismos; la verdad que es incomodo oírse sin ser oído.

Hay muchas personas que hablan solas; en la calle, en la plaza, quietas ante una farola o caminando sin parar, casi siempre en voz alta, unas veces con voz sosegada y otras con bastante énfasis, y yo me pregunto ¿que hay en sus mentes para que sean a la vez, mármol y estatua, trigo y harina o barro y figura? A veces las conversaciones son larguísimas, parece que no tienen final. Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos, dijo Aristóteles. O quien habla solo espera hablar con Dios, según Machado. ¿Estarán hablando con Dios, o su alma en dos cuerpos, les permite ser arte y parte de su íntimo soliloquio?

En mi caso, creo que solo me oigo yo, que como dijo Aristóteles tengo un alma y dos cuerpos, uno físico, que veo y toco y otro invisible que me acompaña a todas partes y a todas horas como si fuera mi propia sombra durante el día; mi doble, invisible no dirá nada; y de noche, como dijo un anónimo, “la noche es la sombra de Dios” si Él me oye no comentará nada tampoco. Entonces creo que mi soliloquio solo es una guerra entre dos partes de mi cerebro, el sí y el no, lo creíble y lo inverosímil.

Como dijo Antonio Machado, el hombre de cabeza mediana, enviste contra todo lo que no le cabe en la cabeza; y este puede ser mi problema, que lo que mis ojos han visto y mi inteligencia ha traducido, no está de acuerdo con la idea que tengo de la razón, que provoca el desdoblamiento de mi cerebro.

Hay personas que creen que el amor y la felicidad están fuera de sí mismas y salen a buscarlos fuera; piensan que la cosecha del amigo es mejor que la propia, o que la vaca del vecino da más y mejor leche que la nuestra; error garrafal, “nada del vecino es mejor que lo tuyo” solo ocurre que no miras con el mismo cariño lo que te pertenece que lo ajeno, y eso será tu ruina, cuando has usado los dones ajenos, los no propios, una vez, te has manchado, te has convertido en un esclavo para siempre, porque la memoria, es el enemigo mortal del descanso. Y el vecino se beneficia moralmente, porque se cree envidiado y te ofrecen sus dones y sus dotes para convertirte en su esclavo.

Dicen, que el camino se hace al andar: ¿sabes cuanto camino has recorrido para recoger parte de la cosecha del vecino, para satisfacer a tu mente equivocada y a tu cuerpo enfermo por la envidia, arruinando tu alma?, nunca lo sabrás porque tu mente estaba fuera, separada de ti, solo tu cuerpo se percató de disfrutar de esa cosecha ajena, ignorando la propia, cuando deberías saber “que el amor y la luna, cuando no crece disminuye” y que cuidando con amor tu huerto, y poniendo en él, la misma pasión que pusiste en el del vecino, tu cosecha habría mejorado, y eliminado el deseo de robar. Ahora ya es tarde, tendrás que hablar en silencio, sin esperar respuesta, porque el vecino es un advenedizo, que cultiva en huerto ajeno, mientras que tú tienes tu propio huerto, y las cosechas solo duran una temporada; cuida con cariño a tu jardinero, él recogerá las mejores flores para dártelas con amor y quizás puedas olvidar el error cometido.
Todo lo bueno y lo malo de la vida está dentro de ti, no busque nada fuera, no ayudará a tu conciencia. Haz que tus dos cerebros actúen al unísono, pensando primero y actuando después No dejes que uno de tus cuerpos actúe sin la complicidad de tus dos cerebros.

Al final todos hablamos solos, aunque tal vez nos salve el hecho de que lo hacemos en voz tan baja que no nos oye nadie, o nos resignamos a nuestros pensamientos, que tienen la desventaja de que duran poco y son incoherentes e incompletos o duran demasiado y ensimisman.
Igual ocurrió cuando tomaste parte de la cosecha del vecino, tú creías que nadie te vería, tamaño error, estabas ciega ante tan grave acto, el vecino estaba conforme con el robo, y se dejaba robar, a él no le interesa su verdura y se sentía gratificado viendo que tú te beneficiabas con sus dotes, y como lo hacías con tanta frecuencia, te consideraba una enferma a la que había de ayudar de alguna forma, a él no le importaba como, solo tú eras la manchada, además admiraba tu astucia escurridiza tratando de ocultar lo que tantos ojos estaban viendo. Solo algunos descerebrados creen que lo que ellos no quieren ver, no lo verán los demás y lo que yo no quiero oír no lo oirán otros, y que lo ajeno es propio solo con desearlo; todavía hay personas que buscan en lo ajeno lo que tienen en su casa.
Los pensamientos se pueden ocultar porque no se ven.
Los actos buenos poco se aprecian, y menos se comentan.
Pero los actos malos se ven se multiplican y se comentan.

Tú lo tienes todo, solo tienes que buscarlo dentro de ti, cultivarlo y tratarlo con cariño, la felicidad viene sola, pero hay que ir a su encuentro.
Y repito, la luna y el amor, cuando no crecen, merman.

Jecego.

La felicidad no viene de fuera, está dentro de ti, solo tienes que buscarla y tratarla con cariño, la sonrisa brotará facilmente en tus labios.

Güímar. Tierra adentro.

Güímar, tierra adentro
a la sombra de Cho Marcial y la Dehesa,
indiferente, apatica, de pachorra demostrada,
desganada, todo lo dejas para mañana,
sin pensar que mañana no es nada
solo la sombre de un recuerdo.


¡Despierta!,  no esperes a mañana,
mañana siempre es tarde,
el sol te avisa cada jornada
para luchar por tu tierra, tu madre;
despierta, no sea demasiado tarde
y el día te sorprenda en la almohada.


Jecego,


No dejes que la cama sea tu refugio. Haz tu refugio en el trabajo.

Isla. Tenerife.

Isla, siento en mi tu armonía
y una pasión que me devora,
porque nací en tu seno, un día
cuando amanecía una aurora;
y mirando a su cara sonreía
tomando sus manos como ahora,
sentí en mi pecho el cantar
de una madre que me adora.

Hijo. ahí tienes lo mejor de mi tierra
allí, al Este, mi aurora,
con todos los colores del mar
y el sol como corona.

Jecego.

Isla mía. Tenerife.

Algún navegante te mima
algún otro te adora,
otros añoran tu presencia
y cuando se ausentan, lloran;
porque tu superficie encierra
todos los colores de la aurora,
y tú, reina, lo regalas todo
al que te mira y añora.

Jecego.

Una niña sirena. En la montaña de la mar de Güímar.

Una sirenita, que hacía un paseo por la playa
encontró un día, un guante junto a una gaviota
que estaban dormidos, uno junto a la otra
tullidos de frío al cobijo de una roca;
los cogió entre sus brazos, les acarició,
abrieron los ojos, levantaron sus cabezas,
vieron un hada, y se fueron con ella.

La niña sirena,
nunca se apartaba del guanche y la gaviota
los adoptó como hijos de ella,
y les enseño a vivir entre las aguas
guiándose por el sol y las estrella;
desde entonces la gaviota y el guanche
viven en el mar con su hada-sirena,
pero todos los otoños regresan
a la montaña de la mar güimarera
donde escribieron el primer capitulo
del guanche y la gaviota.

Aún hoy, cuando llega el otoño
se oye un graznar de gaviotas,
y la victoriosa voz de un guanche
en la montaña de la mar, su choza;
o es su eco que se remonta
sobre momentos de la historia;
de voces que se han perdido
por fallos en la memoria.

Y cuando llega el momento
de juntar la noche y el día,
resplandece la melodía
de aquellas voces que han vuelto:
a ocupar su lugar en la tierra
para dejar de ser un recuerdo.

Jecego.

Hay que ponerle nombres a las cosas para que dejen de ser recuerdos.

Dehesa. (domingo 8 de Junio)

Dehesa...
¡Quien te ve y no se lleva en su retina
una imagen de tu piel verde claro!
¡quien puede ignorar tu belleza
si alguna vez estuvo a tu lado!.

Verte a menudo es mi tema
andar entre tus parras, mi encanto,
si estuvieras más cerca de mi
me pasaría el día a tu lado;
limpiando árboles y parras
tomando un vaso de vino blanco.

Pasaríamos juntos las jornadas
en invierno y verano,
en invierno cuidando tus ramas
y en verano, azufrando;
y también recogeré los frutos
que maduran en verano.

Y cuando terminen los días
de tus verdes ramas,
y mi pelo blanco;
todo quedará en un sueño
que el vano silencio calla
cuando se pierde la vida.

Para nada ha servido el tiempo
que te he guardado en mi retina.

Jecego.

Fuerteventura. Espejo del mundo.

Tierra única, sin par, solitaria y hermosa

que sirves de apoyo al mar océano,

de espejo: al sol. la luna y las estrellas

y de refugio al siroco que llevas dentro;

cuando brotaste del fondo del mar

arrancaste sus arenas como trofeo,

a ese mar del que fuiste parte un día

y ahora luces como premio.



De tu victoria sobre las turbulentas aguas

trajiste esas arenas arrancadas al desierto;

y aún escondes en tus entrañas, el fuego

de ese volcán que llevas dentro, y te sacó

de aquella cárcel que fue el océano;

hoy quieres compartir tu cambiante suelo

con los hombres de todas las razas,

que quieran acariciar con sus plantas

las arenas que sacaste del mar profundo:

pidiendo perdón al sol, la luna y al cielo

por hacer común el recreo del hombre,

con su espejo.



Jecego.

Isla de Lanzarote.


















ISLA DE LANZAROTE.

Cuanto tiempo has estado oculta al cielo
cuantas eras sumergida en el agua,
ocultando el fuego de tus venas
por no herir al mar océano;
pero se acabaron tus fuerzas positivas
y estalló todo tu cuerpo en pedazos,
saliendo a la superficie tus trozos de fuego
he hiciste un paraíso con tus brazos.

Hoy los ojos de tus volcanes miran al cielo
buscando, quizá viendo, su futuro en el azul,
porque el negro de su suelo, su túl
le recuerda su nacimiento de un averno;
y quiere ser amable con los hombres
que hoy visitan su suelo,
pensando que lo ayer fue un infierno
es hoy un paraíso árido y yermo,
pero que algún día quiere ser
tan hermoso como el cielo.

Y quiso el sol, la luna y las estrellas
darle su titulo de hermana,
para que sean más de siete las bellas
las candidatas a ser amadas;
brillante y dorada como el sol,
como la luna plateada,
como las estrellas refulgentes,
y azul como la mar salada.

Jecego.

Mi cuerpo está viejo.

Igual que las calles de mi barrio
mi cuerpo está viejo;
ya no juegan los niños en los caminos
a piola, al trompo, ni al tejo,
ni con cometas, ni al boliche: chis y palmo,
ni siquiera cuentan cuentos,
todo ha envejecido
con el transcurrir del tiempo.

Todo se ha perdido en el asfalto
que ha cubierto mi pueblo,
dicen que son avances del mundo
de este mundo nuestro.

Pero yo añoro aquellos tiempos
aquellos tiempos viejos
cuando jugábamos en las calles
a la escondida o al tejo;
en aquellos caminos de tierra
sin ese asfalto negro y feo.

Ya no vienen las golondrinas
que nos anunciaban viento,
y jugaban con nosotros
no importaba a que juego;
ni echan las cometas
para que las eleve el viento
con rafia de badana
de aquellos rolos viejos,
que ahora se enredarían
en los cables de Unelco.

Ni se escuchan las campanas
del reloj del campanario viejo,
que cansado seguía marcando
todas las horas del tiempo;
ni las campanas que tocaban:
a misa, velorios o incendios;
todo se ha envejecido en mi barrio
ya solo quedan recuerdos,
a los que nombro con palabras
para que no mueran en silencio´

Jecego.

A una persona desolada.

Hoy tengo la falsa esperanza
de sembrar en ti una palabra,
que echara raíces como higueras
y frutos en abundancia;
pero me quedaré con las ganas
de sembrar en tierra vana,
sabiendo que mis deseos son suspiros
que se pierden antes que salgan.

Tu no eres receptiva al amor
apenas escuchas las palabras,
y haces que se diluyan las tuyas
en las palabras del que te habla;
solo te escuchas a ti misma
formando una cortina a tu alrededor,
que impide escuchar al que tienes al lado
que te quiere hablar de amor.

Miras desde la montaña al Valle
y solo ves un desierto a lo lejos,
porque nunca podrás ver
más allá de tus ojos.

Jecego

Mi amor es; ¿que es mi amor?

Te contaré lo que no es:
No es la mar, porque es muy grande para mi,
no es la montaña de arena y roca,
no son las Dehesas, con sus uvas, ciruelos,
perales, manzanos e higueras,
ni tampoco el silencio y la sombra
de los castaños de la hoya.

Mi amor creo está dentro de mi
entre mis parietales y calcáneos,
en ese espacio limitado
que quiero llamar tamaño;
porque en esa envoltura encuentro
todo lo hermoso de mi vida,
perfumes, imagenes, sueños y formas
que quiero compartir contigo,
para que dejes de ser un fantasma
vagando por mi camino, a solas.

Pero aún no he descubierto
lo que creo escondido en mis obras,
por ello quiero inundar mi pensamiento,
para que salga, si no se ahoga
y poder disfrutar de él
en casa , contigo, a solas.

Porque mi amor no es interesado
la materia me sobra,
mi amor es de corazón
de espíritu y de memoria;
del tamaño de mi cuerpo
que imita a una gran aurora,
pero le falta el fragor del tuyo
para convertirse en una joya.

Jecego.

Montañas de los Guirres. Güímar

Gemelas o hermanas, siempre juntas,
las llaman tetas de las güimareras,
no se si por similitud y proximidad
o simplemente por hermosas y bien puestas;
sobre el cuerpo de una mujer aborigen
que solo la imaginación alberga.

Traen a mi memoria mi niñez
cuando las visitaba por hierba,
una tierra poco fértil, pedregosa y calcárea
donde se criaban malvas, magarzas y maravillas;
ahora que han pasado los años
cuando mi piel está arrugada fea y vieja
veo a las montañas: áridas, infertiles y secas,
donde han desaparecido las plantas
y ha decaído el embrujo y encanto
de aquellas güimareras y sublimes tetas.

Y es que el tiempo pasa por todo
el tiempo nada respeta,
no importa de que se trate
de persona, animal o tierra.

Jecego.

Hablo con el día y la noche. Mi tiempo.

Hablo con la noche y el día
donde guardo mis tesoros,
con su forma de baúl de recuerdos
compañero de toda mi vida;
no hay cofre mayor que sirva
para guardar tantos sueños,
porque la vida es solo un sueño
que dura toda una vida,
que además sirve de medida
de la resistencia de un cuerpo.

Soy la imagen de un sueño,
un suspiro de un pecho vacío,
una luz bajo los rayos del sol,
un azabache en la noche del tiempo,
un río que se pierde en el mar,
el viento que sobrepasa la colina,
una barquilla azotada por el viento
sin timón, a la deriva.

No soy nada, solo una voz sin palabras
que quiere hablar con la noche y el día,
y no encuentra el momento oportuno
ni la señal convenida;
para poder expresar a mi tiempo
con palabras sin silabas,
que mi vida es solo un momento
como la noche y el día,
y quiero dejar plasmados mis secretos
después de que acabe mi vida;
en el baúl de mis recuerdos
hecho con noches y días,
que es tiempo empleado
en madurar mi vida.

Jecego.

Cuando el sol caía en el ocaso.






















Cuando la luz del sol ya apenas era penumbra,
cuando su luz tardía se convertía en crepúsculo,
cuando callaron los pájaros y apareció el búho,
y empezaba el arrullo adormecido de las sombras;

llegó el murmullo adormecido de dos enamorados
acurrucados en sus brazos y zozobras,
dando rienda suelta a sus sentimientos
en la intimidad más absoluta de sus horas.


El tiempo se hace efímero en su tiempo
el reloj no marca sus horas de ensueño,
cada uno quiere ser del otro su dueño
metiéndolo en su espacio vacío;

con deseos de ser un solo cuerpo
inmerso en una noche sin sentido,
dejando que hablen sus cuerpos
que están en un abrazo fundidos.


Así pasaron las horas
aquellos cuerpos rendidos,
que habían olvidado al mundo
en una noche sin sentido;
luego, llegó la luna con su manto
para cubrirles del intenso frío.


Anónimo.
.

Una imagen tuya.

El mundo se hizo a tu imagen
con masa de piedra y sonido,
con aliento de viento en tu pecho
y ojos en el alma escondidos;
fue una copia desafortunada de ti
bajo este cielo azul infinito,
y pretendiendo hacer una copia
murió sin conseguirlo.

Jecego.

La amistad. El oro de mi vida.

El oro es un cúmulo de estrellas
valor callado del universo,
principio sensible de la vida
nostalgia de muchos por verlo.

Soy rico digo en silencio
sin palabras, mirando al espejo,
y lo soy porque me veo feliz
sabiendo el oro que tengo;
tengo mi familia,
muchos amigos tengo,
tengo salud y sueño
con conservar lo que tengo.

En este mundo de palabras
la amistad se lleva muy dentro,
aunque ésta no tiene forma concreta
sin ella, la vida es solo argumento;
la amistad es parte de la vida
única razón del sueño perfecto,
y no quiero dejar en el exilio
la amistad que llevo dentro:
porque puede perderse en el camino
entre la tierra y el cielo.

Yo tengo en mi familia
y amigos, mi tesoro,
eso es más que el oro
y siempre los tengo;
tengo un sueño de amistad
y con ellos, mi propio cielo.

Jecego.

La amistad y el oro se llevan muy mal. Procura mantenerlos separados.

Palabras para las personas mal avenidas.

Así es la historia nuestra de cada día
bajo la infinita nube gris que nos cubre,
una voz de eternidad que llena nuestro mundo
y un silencio casi absoluto que nos guía;
perdemos el tiempo divagando
oyendo las mismas voces que se repiten,
creyendo poseer la verdad absoluta
cuando olvidamos los momentos tristes.

Pensemos en los momentos buenos
cuando las palabras toman un tono suave,
y encontraremos grandes y felices momentos
bajo esa nube gris que nos cubre;
y hagamos otra historia, nuestra historia,
la historia de ese momento sublime,
que es una historia diferente, que nos dejó el viento
que cambió la palabra enérgica, por suave.

La verdad, no es la palabra que dijiste
la verdad, es el sentimiento que dejaste,
como el viento cuando pasa, el ruido que hace
y deja el mal que hizo, en el suelo, quejándose;
queriendo podemos hacer buenas historias
solo modificando la intensidad de las palabras,
nos queda tiempo, y el viento nos ayudará
cuando desplace la nube gris que nos guarda.

Las palabras duras se cambian a suaves
las altisonantes, a tiernas melodías,
los reproches, por amables momentos
con retorno al silencio de las palabras;
porque la vida se hace de momentos
y los momentos hacen la historia de la vida.

Jecego.

No intentes anular una voz, con otra más alta. Lo mejor es el silencio, que siempre gana.

Montaña grande de Güímar.

Todos conocemos y admiramos
tu cara güimarera,
con la que miras a la cumbre
y al Pico Cho Marcial que se eleva;
de las Dehesas hacia el cielo
buscando en él, una nube blanca
para hacerte un manto que cubra
tu superficie total de arena.

Y así vestida de novia
como frágil azucena,
cubierta de nubes tu cuerpo
te elevas, te elevas y te elevas;
y los güimareros te cantan el estribillo
aquel, que dice:
"niña" cuando la montaña
se cubre con su manto
no vayas por hierba al campo
seguro que lloverá a cántaros
y pude mojar tu refajo.

Y su otra cara, la marinera
la que mira al Mal país,
al atlántico y al horizonte
es muy feliz viendo a sus pies:
a sus hijos vegetales y pétreos
como monumentos en su suelo,
que erectos, en silencio miran al cielo
y se inclinan sobre el mar océano.

Son las dos caras de nuestra montaña
la más hermosa de nuestro Valle;
con una mira al monte
y con la otra al mar abierto;
no se pierde nada de nada
siempre con temple sereno,
cuidando de sus hijos:
los humanos,
los vegetales
y los pétreos.

Jecego.

En busca de un paraíso.

Buscando en mi mente recuerdos

de mi feliz infancia, encontré un nido,

muy parecido a la idea de paraíso

en un camino de rosas, mi camino;

un nido por lo pequeño y hermoso

lugar donde guardo lo vivido.



Este paraíso recogido en mi mente

como recuerdo de mi infancia,

y la fiel y frágil constancia

de que la memoria no duerme;

solo se encarna en recuerdos

oculta en la imagen de su historia.



Desde la montaña grande de Güímar

mirando al Este, cerca del mar bravío,

en el paisaje volcánico que le adorna

encuentro mi paraíso;

entre cardones y tabaibas

balos y enredaderas, escondido

en una atmósfera de amaneceres

con la memoria ceñida a mi nido.



Y es que la memoria no descansa

solo se recoge en su sitio,

y cada mañana se expresa diferente

como un duende en alborada;

y con imágenes pone en tus pupilas

su paraíso de nubes en el alba;

que aún recuerdo de niño

cuando iba por cardones y tabaibas.



La memoria es la piedra donde se guardan

todos los hechos de la historia,

donde se ocultan paraísos prisioneros

ajenos siempre a las palabras;

ahí guardo yo mis memorias

en esa piedra grabada.



Jecego.

Lanzarote. Se hace común al mundo.

Tierra única, sin par, solitaria y hermosa
que sirve de apoyo al mar océano,
y de espejo: al sol, la luna y las estrellas
y de de refugio, al siroco que llevas dentro;
cuando brotaste del fondo del mar
arrancaste sus arenas como trofeo,
a ese mar del que fuiste parte un día
y ahora luces como premio.

De tu victoria sobre las turbulentas aguas
trajiste esa arena arrancada al desierto;
y aún escondes en tus entrañas el fuego
de ese volcán que llevas dentro, y te sacó,
de aquella cárcel que fue tu océano;
hoy quieres compartir tu cambiante suelo
con los hombres de todo el mundo,
que quieran acariciar con sus plantas
las arenas de tus cálidas dunas, tu mundo;
pidiendo perdón al sol, la luna y las estrellas
por hacer común, el recreo del hombre, con su espejo.

Jecego.

El gorrión y el canario.

Se lamentaba un gorrión fuera de la jaula
donde estaba encerrado un canario,
porque quería ser prisionero
antes que libre y sin agua;
en la jaula había agua y comida
y él tenía que buscarla,
así ven las cosas los náufragos
dentro o fuera del agua.

El canario comía, bebía y cantaba
mientras el gorrión le miraba,
el gorrión se puso a pensar
que era mejor la libertad que la jaula;
y que la libertada a veces hace milagros
y siguió visitando al canario enjaulado,
el canario premiaba la compañía del gorrión
cantando, porque dejaba de ser solitario.

El canario agradecía la visita del gorrión
que era libre como un río, como el aire,
mientras él solo era un pájaro enjaulado
en un mundo de gustos miserables.

Un día el gorrión le trajo una flor al canario
y el canario le dio un poco de semillas,
luego con su pico le dio agua
y se hicieron amigos los dos.

Jecego.

La esclavitud se hace más llevadera, cuando se tiene una pierna dentro y otra fuera.

Una foto tuya y un recuerdo. Viejas amigas. Práxedes.y...

Lleno tu imagen de colores
los reduzco todos a un orden,
a ese arco iris policromo
le llamo solo por tu nombre;
en él encuentro la armonía
de mi vida en un instante,
que llena mi pecho de aire
y con un beso le doy vida.

Y todo volverá a ser como era
en su lugar y su tiempo,
los colores serán siendo colores
impalpables como sueños;
y tú seguirás siendo lo que eres
del mundo un monumento.

Un abrazo de tus viejos amigos: Jesús y Carmen.

Para mi esposa en su aniversario.

Siete, siete, son las maravillas de mi mundo
siete, siete, unidas entre sí,
abrazadas a un solo cuerpo, porque así
es diferente a todos, es el tuyo.

No hay otro igual, no caben imitaciones
y son esas las razones que me atan,
a ti, y aunque hay razones que me delatan
el amor encierra todas mis razones.

Se que hay otros mundos y otros soles,
que hay estrellas en el cielo azul;
pero como tú no hay lucero
que pueda iluminar mi alma,
como la llenas tú
de una luz plácida.

Son setenta y siete años de luz
de una luz que no se apaga,
que llevo siempre conmigo
haga el tiempo que haga;
hasta que se apague mi sol
y solo me quede tu luz plácida.

Jecego.

Me equivoqué.

Como si cerraran mis ojos dejé de verte


fue fugaz tu partida a un mundo que no conoces,


no importa cuanto pretendas saber


porque ignoras sus incontables rincones;


donde cada uno impone sus leyes


con la fuerza de su razón,


donde no hay mas ley, que la del universo,


y una razón sin razones.




Como una estrella fugaz te alejas


de la constelación a la que perteneces,


para ir a otro mundo diferente


ocupado por otros cuerpos celestes;


que pueden tener más o menos brillo


pero nunca tan hermoso como éste.




Mi pecho se resigna compasivo


viéndote partir a ese mundo infinito,


dejando en mi retina la luz


de la estela de tus detritos;


y en mi pecho el negro vacío


que dejaste al partir tan lejos.




Nunca se me ocurrió pensar


que te irías con otros soles,


dejando sin luz a mi vida


y mi cuerpo lleno de dolores;


fui iluso al pensar


que mi estrella era diferente


pero cuando pude levantar la frente


acababas de pasar.




Jecego.

La Palabra.

Yo soy tu memoria y tu recuerdo
y quiero ser también tu voz,
para ponerle nombre a tus recuerdos
que son la luz de tu Sol;
quiero instalarme en las palabras
como único libertador de tu pensamiento,
dando nombre a las cosas retenidas
y librarles de su sombría prisión.

Cuando falta la palabra adecuada
el recuerdo se eterniza en la memoria,
haciendo hogar y tumba en su espacio
viviendo y muriendo en la sombra;
sin que nunca se conozca su destino
color, imagen, sentido y forma,
y permanece en lugar reservado
en el espacio vacío de las horas,
esperando la palabra que le libere
de su incierta fase de penumbras.

Anónimo.

Se fue la voz que no quiso oír,

Una nube cubrió la montaña solitaria


que en silencio se comunicaba con el sol,


y se oyó la voz del viento que dijo:




el cielo está reunido con sus estrellas


y quizá no puede oír tu voz,


inténtalo de nuevo cuando pase la nube


tal vez pueda escuchar tu clamor;


pidiendo una imagen tuya


para tus hijos, fruto del amor;


que también son sus hijos


como las estrellas y el sol.




Cuando pasó la nube por su frente


el cielo azul resplandeció,


habló el sol y dijo al mundo


yo soy también, hijo de Dios.




Jecego.

Busco en mi mundo mi sombra.

Como un hombre sin destino
busco en mi mundo mi sombra,
porque creo que es un paraíso
que se oculta en mi memoria;
se que no lograré encontrarla
por mucho que se alargue el camino
porque soy un ser sin destino
desde el inicio de la historia.

Y busco en mis sueños
constructores de paraísos,
un camino que me lleve
a la senda que he perdido;
cuando miré a tus ojos profundamente
y vi en el fondo mi sueño,
aquel vergel que buscaba
antes de marcarme el destino;
pensé:
ese es mi paraíso.

Solo un momento duró mi sueño
porque así lo dispuso mi destino,
una mirada a tus ojos
y al fondo mi paraíso;
pero lo puso tan lejos de mis manos
que no pude comprender mi destino,
y lejos de intentar alcanzarlo
resignado seguí mi camino

Me fui cantando por mi senda,
pequeño, ínfimo, noche, silencio,
si no soy nada, o soy tan poco,
no tengo sombra,
mucho menos un paraíso;
entonces vi que me engañaron tus ojos
cuando creí ver mi destino,
aquello que solo fue un momento
de felicidad en mi camino.

Jecego.

Todo y Nada.

Nada no es solo una palabra
nada es el vacío, es el mundo,
es la belleza, el silencio, la vida,
la memoria, el recuerdo; nada es todo,
si, nada es todo, y todo es nada
oculto en una palabra.

La belleza "es nada", una palabra efímera
que dura en la memoria poco tiempo,
mientras dura su luz en la retina
y el tibio calor de su cuerpo;
como la imagen de la centella de un rayo
que se va sin dejar huella en su partida
cambiando cada segundo su imagen de fuego
por otra más humilde y sencilla
para convertirse en simple vela encendida
aquello que fue antorcha olímpica.

Es un suspiro que huye de un cuerpo
lleno de fantasía, de vacío y de nada,
escrito en el aire, en la memoria vacía de su ego
que no recuerda siquiera, cual fue su casa.

Si todo salió de la nada según la historia,
nada, sería solo una palabra en un mundo vacío.
Pero nada, no es solo una palabra,
es también: la suma de todo.

Jecego.

Cuando el sol caía en el ocaso.

Cuando la luz del sol apenas era penumbra,



cuando su luz cansada se convertía en crepúsculo,



cuando callaron los pájaros y aparecía el búho



y empezaba el arrullo adormecido de las sombras;



llegó el murmullo sin palabras de dos enamorados



acurrucados en sus brazos y zozobras,



dándo rienda suelta a sus sentimientos



en la intidad más absoluta de sus horas.






El tiempo se hace efímero en su tiempo



el reloj no marca sus horas de ensueño,



cada uno quiere del otro ser su dueño



ocultándolo en su espacio vacío;



con deseos de ser un solo cuerpo



inmerso en una noche sin sentido,



dejándo que hablen sus cuerpos



que están en un abrazo fundidos.









La Asomada en mi tiempo. Del año 31, al 08.

Cuanto borra el tiempo en la tierra
usurpando su verdadera historia,
que trae recuerdos a la memoria
de lo que fueron viejos tiempos;
hoy imágenes casi difusas
que olvidaron su nombre y su ego,
quedan apenas residuos de su cara
arrebatadas a mi memoria por el tiempo.

Visité mi barrio hace unos días
ya han pasado sesenta años,
no encontré una cara conocida
de aquellos señores de antaño;
que le escuchaba como sabios
en sus reuniones en la acera,
contaban sus historias de la guerra
en los campos de batalla,
cada uno en su puesto
defendiendo a su patria.

Hoy quedan sus hijos y nietos
los primeros de mi talla, ya viejos,
los nietos con sus hijos
que no se parecen en nada;
las calles medio asfaltadas, vacías,
las aceras rotas, abandonadas,
y las piedras que fueron sillas
abandonaron sus jornadas,
porque se fueron sus dueños
y no hay nadie para ocuparlas;
los nietos tienen sillones y tv.
en todos los rincones de la casa.

La calle principal está desierta
las otras abandonadas,
no hay niños que jueguen
ni boliche, ni trompo, ni nada,
parece que el tiempo se ha ido
abandonándo mi Asomada.

Elicio, Manuel Jorge, Ventura, Marcial, Ismael, Juan Espinel, Abel, Isidro, Juan Bethencourt, Silvestre, Eleuterio, y los socios Manuel, Pepe y Julio, formaban el tribunal de la experiencia. Más arriba Manuel el Chino, Manuel González,(ayudante del Juez, don Diego López). Manuel Perdomo y Manuel Alonso, entre todos formaban el Parlamento de la Asomada, sin olvidar a sus distinguidas esposa.

Jecego

¿Me recuerdas?

18 de Enero 2010.

Yo soy aquel que un día
posó sus labios en los tuyos
henchidos de miel;  rebosando,
y ardiendo con el aire de tu aliento
dejaste los mios quemando;
y decias con gestos, casi en silencio
quema todo mi cuerpo libando.

Recuerda que eras mi jardin de amor
lleno de margaritas que tu deshojabas,
y yo olía los perfumes de tus manos
en algún pétalo que dejabas;

tú me mirabas, yo te miraba,
y en silencio entre tus brazos,
tomaba la miel de tus labios
con los míos;  y soñaba y soñaba...

Ahora cuando han pasado los años
parece que la miel ya no aflora, 
y en lugar de usar los recuerdos
nos conformamos con palabras;

olvidando que somos los mismos
de antaño, con la miel  ya escasa,
con recuerdos perdidos en el tiempo
cuando soñaba, soñaba y soñaba.

Jecego.

Busco mi destino.

Busco mi destino en el espacio
entre ecos y sonidos que no veo,
y noto que mi ser se diluye
en pequeñas ráfagas de viento;
un segundo de tu presencia me bastaría
para encontrar mi destino en tu pecho,
envuelto en un suspiro tuyo, como aliento,
que me diera un halo de vida.

Pero tus suspiros se pierden en el aire,
a mí, solo me queda su eco,
y se van lejos, muy lejos, al espacio:
mi ser, mi destino, tus suspiros y el viento;
allí, perdido en el azul infinito
busco entre nubes de recuerdos,
tratando de encontrar mi destino
en un mundo sin fronteras de sueños.

En mí, queda la memoria desnuda
que empieza a elaborar mi pensamiento,
que fabrica castillos en el aire
y da vida fantástica a mi cuerpo;
concentrando: destino, suspiros y tiempo
en mí, que solo soy:
una simple ráfaga de viento.


Jecego

A las Dehesas.

Hola tierra mía, como te recuerdo
entre estas cuatro paredes recogido,
la gripe me tiene amordazado
evaporándome entre suspiros;
no sé si llegarán a ti, mis pensamientos
dímelo cuando vaya a verte,
enséñame los brotes en cierne
de tus parras, las parras mías;
y no dejes que los conejos
hagan daño a tus pámpanos
para ofrecerme tus alegrías,
y enjugar un poco mi llanto
por no verte en tantos días.

Se que no puedes hablar
que tus hojas no dicen palabras,
pero tu color me dice
cuanto llevas en el alma;
un alma diferente a la mía
que también quiere y habla.

Quizá vaya a verte el lunes
solo tú y yo lo sabemos,
llevaré todos mis sentidos
trataré de andar todo tu cuerpo;
por si algún conejo ha herido
alguno de tus sarmiento
y curarte como siempre
aunque me siento ya viejo,
pero haré todo cuanto pueda
para evitar el dolor de tu cuerpo.

Me encanta el olor de tu tierra
el color de tus plantas verdes,
en vino que tú me das
y estar junto a ti, si tú quieres.

Jecego

Canto a mi Isla, Tenerife.

Naciste enclavada en Africa
pero un averno te separó de ella,
tenía envidia de tu singular belleza
y te lanzó al mar como Isla;
con tus hermanas menores
ramillete ardiente de cenizas.

Entonces sacaste tu casta, tu valía,
de la mar salada hiciste arcilla,
con agua, polvo y viento, las nubes,
y con el sol, una aurora tibia;
hoy todo es un nido de belleza
que el mismo mundo envidia.

Con la energía acumulada en tu cuerpo
y el rescoldo de tus aguas y cenizas,
hiciste un volcán, el Teide gigante
como bandera insigne de la Isla;
tú que fuiste parte del continenete
eres un vergel como insignia,
que hiciste luchando como heroína
al lado de tus hermanas, las otras Islas,
La Palma, Gomera y Hierro,
Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura,
y las tres hermanas pequeñas:
Isla de Lobos, Alegranza, La graciosa,
y Tenerife, mi tierra hermosa,
en conjunto, la hermanas forman:
el Jardín de las Islas Canarias.

Todos los canarios estamos orgullosos
de vivir en la tierra que vivimos,
de saber que somos hijos de luchadores
serenos, garantes y compasivos;
pero tambien somos soldados
para defender nuestro paraíso,
si hubieran dudas de que somos
los guardianes de nuestros hijos.

Gracias Isla, por tener la madre que tengo,
gracias madre, por dejarme ser tu hijo.

Jecego.

A mi nieta Laura.

Mi vida es una historia de viejos
de esos que escriben sus historias en la roca,
porque no quieren que se las borre el tiempo
o las sepulten en una profunda fosa:
porque sus historias son sus vidas
y sus vidas, frágiles rosas.

Rosa como la que acaba de llegar
de los Madriles en buena hora,
allá estudia, aquí suscribe
mis palabras con sus obras;
hablando maravillas de su abuelo
colgando en las paredes sus notas.

No hace falta ser docto en la materia
si tienes corazón y sentimientos,
para hacer la poesía que hago
solo hay que tener buenos nietos;
vivir en armonía con el tiempo
y tener los nietos que tengo,
escribir lo que te dicta el corazón
y poner palabras al pensamiento.

Jecego.

Isla. Mi Isla. Tenerife.

No soy tu dueño, pero como si lo fuera
te llevo dentro de mí, impregnando mi piel morena,
como navegante a la deriva
en busca de un cielo en tu tierra;
marinero que te llora, Isla,
que añora la presencia de tus hierbas
y tiene miedo del vacío
que hay entre el cielo y tu silueta.

Marinero soy de tierra adentro
marinero de tus caminos y veredas,
de las que se hacen al andar
sobre la verde y tierna hierba;
que tiene miedo a la mar
al bergantin y sus velas,
cuando en la noche mira al cielo
buscando guía en las estrellas;
añorando una imagen tuya
y abrazarme a tu tierra.

No me gustan los caminos de la mar
ni los surcos, ni la estela,
de los barcos que le surcan
con multiples banderas;
porque soy de tierra adentro
enamorado de tu silueta,
y aunque no soy tu dueño
para mí, como si lo fuera,
porque me vasta con pisar tu tierra
para sentirme dueño de ella.

Soy un marinero de esta Isla
de los que no saben nadar,
que busca cobijo en tus caletas
esperando que suba la mar;
para poder mojar mis manos
con su "dulce" agua salada,
marinero de tierra adentro soy
con la mar en mi espalda.

Jecego.

Cuento, Un hombre iba al Este caminando.

Hubo un hombre que quería tocar las nubes de la mañana, sus ojos se fijaron en ellas, y solo les apartaba su vista, hacia atrás para ver su propia sombra, que era su única guía, mientras caminaba por la mañana; por la tarde, su sombra estaba al frente, y con la mirada perdida, fijada en su memoria, iba al encuentro de una alborada.

Cuando la tierra quedó a su espalda, cruzó el mar caminando sobre las aguas en el camino que le iba haciendo la luna, luego el sol extendía sus rayos creando nuevos caminos.

El andante cruzó los mares sin importarle nada.

Un día llegó a la otra orilla del mar donde había visto las preciosas nubes que había visto bailar, pero se había equivocado, porque estaba viéndolas mucho más allá, al otro lado de la tierra y siguió caminando, porque llevaba impresa en su memoria, aquella imagen única, de una alborada, y tenía que llegar hasta donde estaban las nubes, su imagen soñada, la reina de las bellezas, la imagen de su vida.

Así pasaron muchos años, caminando en dirección al Este, siempre como guía su propia sombra, buscando aquellas nubes fantásticas que había visto en Canarias, y que parecían que se alejaban mientras él trataba de acercarse. Pero su fe se unió a su esperanza y le sobraban fuerza para alcanzarlas; y seguía caminando con la única guía de su sombra, porque quería encontrar aquellas nubes de la alborada.

En su andar incansable le llego la desolación.

Había llegado a un país sin sol, donde todo estaba cubierto de nieve y agua; donde no había sombras, todo era un anochecer, sin sol, sin luna, sin estrellas. Se metió en una cueva y durmió, y mientras lo hacía soñó: que como Canarias no hay dos mundos; que las nubes, son solo para verlas, porque no se dejan coger, son huérfanas de padre y madre, no se repiten, son únicas en la tierra a su semejanza y no se separan de los canarios, porque con el Teide son su santo y seña.

Durmió profundamente, lo justo después de tan larga jornada; cuando despertó y abrió los ojos, eran las seis de la mañana, en las Dehesas de Güímar, y ante sus ojos, la alborada que buscaba.

Él la había ido a buscar por todo el mundo; pero ellas no salen de Canarias, su Patria, su Mundo, su Paraíso; el Paraíso de España.

Jecego.

A mi madre, mi padre y hermanos.

He visitado la casa donde nacimos
ya sin tejas, ventanas ni puertas,
que quizás me hubieran conocido
por ser mis fieles centinelas;
pero alguien se las había llevado
sin dejar en sus marcos las huellas.

Entré en la habitación que habitamos
cuando niños, todos en la misma sala,
solo trozos de tejas y vigas había
en el lugar donde estuvo nuestra cama;
triste recuerdo me llevo este día
de lo que antes fue nuestra humilde casa,
lugar donde nacimos sanos y felices
hoy una ruina en mi alma.

Lugar que ayer fue un nido de amor
donde nacieron los reyes de casa,
hoy nuestros padres ven desde el cielo
que lo que ayer fue,.... hoy no es nada.

Jecego.

La fuente que fue tu espejo.

La fuente que fue tu espejo.
       (10 de Junio 2010).
Fui a la Plaza de las Flores para ver la fuente,
había calor y quise tocar el agua,
y encontré una imagen tuya,
en ella reflejada, mirándome;
te miré profundamente, se movió tu retrato,
cerré los ojos, y me quedé mirándote.


¡Cuánto tiempo habrá pasado desde la última vez
que usaste el agua como espejo!,

porque la imagen que dejaste en la fuente
de cielo, sol y luna a la vez, según veo;
es la efigie que llena mi alma de recuerdos
de aquellos tiempos que se llevó el viento,
y aunque el reloj de mi vida quede atrapado en el tiempo
quiero seguir viendo tu imagen en ese espejo.


En mi mente tengo grabada aquella imagen
también el eco de tu voz y su melodía,
y al verte reflejada en el agua
mis recuerdos se avivan, regresan, me muerden;

se prenden a mí, como brisa temprana,
y cierro los ojos para ver tu imagen,
en este espejo de agua, cielo, sol y luna
que me regaló la fuente, esta mañana.


Jecego.