Sirena.

Dedicada a una flor que aún no sabe que lo es.

Sirena sobre las olas
en la mar escondida,
cresta sobre la ola
espuma en la orilla.

Imagen entre las mujeres
sueño entre los náufragos,
musa ante la muerte
música allí abajo.

Quisiera ver tu figura
ante la calida muerte;
para pedirte me acompañes
por el camino y verte,
por ese sendero de luna
que riela sobre ese mar océano,
que tú tan bien conoces
y solo, podría perderme.

Quisiera llegar al fondo
de ese mar que es tu casa,
para conocer los recovecos
que hicieron hermosa tu cara;
y agradecerles con una mirada
el haberme dejado verte,
realizando así mi sueño
de tener una sirena en casa.

Mujer en la tierra
sirena en el agua,
en mi corazón ninfa
amor en mi alma.

Un día un marinero te vio
mientras su cuerpo se ahogaba,
se agarró a tu cola rezando
y le sacaste del agua;
clavando en su cuello tus branquias
lo llevaste hasta la playa;
ahora anda buscando sirenas
por los márgenes de tus aguas.

Una ola me contó: que había visto,
a una sirena sobre un barco hundido,
y pensé: quizás sea mi sirena
que hizo su hogar en mi barquillo..

Jecego.

Inutilmente busco

Inútilmente busco.

Ansiosamente busco entre mis muchos días perdidos
algo que es tuyo, que no es mío, que me abrasa,
que quema mi pecho, de forma oculta y sigilosa
entre mis vísceras escondido, como una brasa.

Busco y busco, no encuentro nada en mi cuerpo
pero me quema, me abrasa, me reduce al dolor,
al ansia, a la sed, al desamor, a ausencia, a nada
y se que es tuyo, el misterio que quema mi alma.

No se donde escondes el veneno que me mata
si en mi sangre, en mi pecho, en la cuna de mi alma,
que ni lo veo ni lo toco, solo siento como vaga
por mi cuerpo a sus anchas, como ola en la playa.

Lo busco y no lo encuentro, apreto el puño y escapa
como perfume de mi mano, dejando el vacío del aire,
que pasa de largo, sin dejar huella, solo el rumor
de su paso, por el cuerpo que quiso asirse a la nada.

Ahora creo que fue tu amor que vino a buscarme
que yo no comprendí su lenguaje de silencio,
me faltaron palabras o quizás besos que hablen
pero ahora ya es tarde para ir a su encuentro;

habrá tomado otro rumbo, otro camino, otro aire
entre ruidos de besos, y abrazos que arden.....
de nada valdría buscar entre las brasas
las cenizas que quemaron otros brazos en un baile.

Ahora ya es tarde.

Jecego.

Me veo así

Febrero 09. 17.


Me veo así.

Como un lápiz; carbón, madera y pintura
y a ti como un cuadro hecho a mi medida,
creado, imaginado y sostenido en el aire
con el profundo y cálido aliento de mi vida.

Con mi lápiz he trenzado las líneas curvas
que limitan mi sueño, a crear una imagen tuya,
sin salirme un ápice de los límites que veo
en tu pecho, tus caderas tu aire y tu cintura.

Veo tu pelo color castaño enmarañado
al mío color de plata, fundidos en un abrazo,
que hunde mi sueño en mi sangre, huyendo
del frío refugio, de mi cuadro mal pintado.

Y te veo como un lingote de oro en mis manos
cubriendo mi corona de plata como copa,
llena de perfumes de violetas, de jazmín y rosas
en el inmenso jardín de tus áureas horas.

Soy soñador y sueño con verte
y te veo en mi cuadro hermosa,
emulando a las musas de las artes
y yo absorto contemplándote.
Jecego

Sueño que soñaba.

Sueño que soñaba. 15/02/09.




Que con cada beso que te daba, sonaba la campana
de la Iglesia de San Pedro, que como vigía,
vigilaba mis movimientos, andanzas y fechorías
para evitar el trenzado abrazo que encendiera la llama.


Y se acercaba a mí con su sombra, hasta someterme
a su voluntad, llevándome como hoja seca el viento,
anulando mi fuego y hambre de besos, tendiendo
una red con su sombra sobre mi cuerpo ya inerme.


Mi cuerpo ya sometido al deseo de la campana
llorando fuego y rabia por mis labios heridos
escupía los besos perdidos en aquella batalla;


es inútil, pensé, seguir luchando con la suerte
de la campana que está muy alta y puede verme
y hacer sonar su badajo en el hueco de su bronce,
cada vez que te bese.



Jecego.

(5) Las Dehesas.

(5) Las Dehesas.
Viernes 6 de Febrero 09.

Amaneciste imitando mi cabeza
cubierta por una hermosa túnica blanca,
tu lo haces por engalanar tu estampa
yo, porque me lo marca el tiempo;

tu eres la musa de mis noches
siempre te veo diferente; más hermosa,
más reluciente, más sutil y primorosa,
cada día más próxima a mi sueño.

El Sol, tu sol, con mis ojos, iluminan
los rincones más íntimos de tu cuerpo,
porque eres mía, mi arco iris, mi viento
con la nieve que cubre tus laderas, y tus cerros;

quiero ser también tu tiempo, tu hierba
tus árboles, tus parras, tu bodega,
con el vino que tienes dentro, que es mío,
y entre los dos, beberlo, a sorbos lentos.

Tu eres mi arco iris de pasta, de tierra,
no, el de agua y sol, que es una reacción;
sobre de ti se puede pisar, se puede vivir,
se puede estar, y hasta soñar como yo;
el arco iris de colores, se proyecta sobre de ti
porque así hace ver mejor toda su majestad,
y te corona, porque luciéndose él, te hace más hermosa.

Pero........

La vida nos engaña, lo verás cuando salga el sol,
su calor derretirá tu túnica blanca, que te abandonará,
pero yo seguiré quí, a pesar de sus rayos
luciendo mi cabellera blanca;
tu seguirás luciendo tus cambiantes formas
hierba verde, flores blancas, uvas y manzanas,
y como hoy, una túnica de escarcha blanca
mientras yo, solo podré lucir mis canas.

La vida sigue, y nos engaña
pero no podemos cambiarla,
y aún hay quien piensa
que puede ganar la batalla.

Jecego.

Vivo soñando.

Vivo soñando.

Sueño que despierto soy poeta
escribo poemas que alguien lee,
y me felicitan por mi labor
que agradezco, y con fervor,
aumento mi tarea de poeta,
para esa gente tan especial
que le da valor a mis letras;

y como yo vivo del aire, soy poeta,
sano por fuera, loco por dentro,
me apunto a esos momentos
de soñar, soñar y soñar;

porque se que al despertar
y descubra que solo ha sido un sueño,
sabré que es peor el remedio, que tengo,
que la triste realidad, por llegar;

y que será mejor seguir durmiendo
y escribir poemas sin parar,
que despertar y verme en la almohada
escribiendo, escribiendo, escribiendo....

Pero como soy libre y soñador
me compraré un bloc nuevo,
donde escribir mis recuerdos

y también mis aventuras;
que en suma son las locuras
que vivo mientras duermo,

Jecego.

Yo te siento.

Yo te siento,

Ocupando mi pecho como el aire
en mis venas, como río desbordado,
rompiendo a mi corazón su ritmo
el calor del tuyo enamorado;

en mis vísceras como cuerpo extraño
sustituyes su función fisiológica,
para darle un sentido diferente
al flujo normal de mis hormonas.

Te siento dentro de mí, muy dentro,
y cuando cierro los ojos te veo,
como mariposa libando una flor
en las células de mi cuerpo;

y ellas entregando sus energías
enmarcadas en su silencio,
a ti, mitocondria querida
eterno manantial de mi cuerpo.

Te siento dentro de mi mundo
ocupando mi espacio vital,
como agua que lleva el río
a su corazón que es el mar.

Te siento dentro de mi pecho
llenando mi corazón despierto,
te siento correr por mis venas
y hasta durmiendo te siento.

Jecego.


Sentir es vivir, o revivir otros momentos vividos.

Oigo tu voz pero no puedo ayudarte.

Oigo tu voz pero no puedo ayudarte. 04/08/08.

Mirando a través de los cristales de mi casa
Veo como el viento abate las ramas,
Del naranjo de un jardín cercano
Que queriendo quejarse hablaba;
Y parecía decirme en silencio:
Cúbreme un poco como puedas
Del viento que rompe mis ramas,
Que yo te pagaré ofreciéndote
Mis azahares, y mis naranjas.

Pero el naranjo era de doña Petra
Y no estaba a mi alcance ayudarle,
Seguí escuchando la música
Del viento en sus ramas;
Evadiéndome de la ayuda
Que yo pudiera prestarle.

El naranjo siguió sufriendo en sus ramas
El azote del viento enfurecido,
Y el naranjo cedió al acoso
Dando por perdidas sus ramas;
Que rotas, sin vida, en el suelo,
Lloraban, lloraban y lloraban,
Porque la suerte le había abandonado
Dejando muy fea su cara.

El viento se fue, había llegado la calma,
Pero el naranjo seguía llorando,
Porque nadie le había escuchado
Cuando pidió que le ayudaran;
Ahora no podía compartir los perfumes
De su flor de azahar,
Tampoco tendría naranjas,
Porque el viento se llevó sus flores.

Y el que escuchó mi voz
Y no quiso socorrerme
Cuando el viento me azotaba,
Se quedó sin nada, como yo;
Sin perfumes, sin fruto y sin ramas;
Decía el naranjo….y yo pensaba…

Jecego.