Tu vida solo es, lo que tú quieres que sea.
Creo que la vida es una nube pasajera
que lleva el viento en su regazo,
que es un abrazo de despedida
una ilusión o una quimera, un adiós;
puede ser otra cosa: el suspiro de un enamorado
un abrazo, un beso, un deseo, un sueño
que se quedó dormido en la almohada
como recuerdo bello perdido;
o el perfume de una rosa en la nariz de una jardinera
o su deseo de ser tan hermosa como ella,
frotando su rostro con los pétalos mas hermosos
en un sueño infantil, de ser la más bella princesa.
En la vida todo es sueño, hasta el más pobre
sueña que es rico y poderoso, o estrella de un coso;
el feo sueña que es hermoso, cuando sueña bien
sueña, en lo que nunca pensó el rico poderoso;
porque los sueños están llenos de fantasías
y el pobre sueña con vaciar el bolso,
mientras el rico sueña, sueña, en llenar otro
y así les va la vida, en ilusiones vacías.
En nuestras vidas de todo hay un poco
de amor, de dinero, de sueños, de fantasías,
de trabajo, de miserias, de sabio y de loco;
solo con administrar lo que tenemos con decoro
seríamos todos más conformes con la miga
que tenemos guardadas en nuestro bolso.
Lo demás es todo envidia cochina
envuelta en sublimes esbozos,
que nunca te darán un cuadro perfecto
del sueño que tienes de otros.
Reminiscencias, propias y ajenas.
Güimar en mi mente
Güimar en mi mente.
26/04/09.
Yo nací de tu tierra, y canto
porque mi corazón es tuyo.
Canto en mis poemas tu imagen
junto a todas tus criaturas,
dejando que me acompañen
y que con mi amor se fundan.
Tengo mis raíces en tu tierra
ojalá no se sequen nuca,
quiero ser tuyo para siempre
y que mis ramas te cubran;
con mis retoños y hojas verdes
y mis hijos como fruta.
Quiero verte cada día
desde el amanecer a la penumbra,
oír el canto de tus pájaros
y ver en la noche tu plateada luna;
hasta que se rompan mis deseos
o mi cuerpo se derrumba,
mis días se queden sin sol
y mis noches sin la señora luna.
Preciosa te llamo y te canto
desde la alborada de tus brumas,
hasta el ocaso de tu sol
y la presencia de tu luna;
porque no quiero perder mi tiempo
sin alabar tu hermosura,
bajo la luz del sol ardoroso
y de la cálida luna.
Te escribo para cantarte y decirte
porque sé que tú me escuchas,
o lees mis poemas en la noche
porque tú eres tierra única;
y cuidas de tus hijos como madre
como la parra, a sus uvas,
oculta bajo sus hojas verdes
del sol ardiente y de la lluvia.
Jecego.
26/04/09.
Yo nací de tu tierra, y canto
porque mi corazón es tuyo.
Canto en mis poemas tu imagen
junto a todas tus criaturas,
dejando que me acompañen
y que con mi amor se fundan.
Tengo mis raíces en tu tierra
ojalá no se sequen nuca,
quiero ser tuyo para siempre
y que mis ramas te cubran;
con mis retoños y hojas verdes
y mis hijos como fruta.
Quiero verte cada día
desde el amanecer a la penumbra,
oír el canto de tus pájaros
y ver en la noche tu plateada luna;
hasta que se rompan mis deseos
o mi cuerpo se derrumba,
mis días se queden sin sol
y mis noches sin la señora luna.
Preciosa te llamo y te canto
desde la alborada de tus brumas,
hasta el ocaso de tu sol
y la presencia de tu luna;
porque no quiero perder mi tiempo
sin alabar tu hermosura,
bajo la luz del sol ardoroso
y de la cálida luna.
Te escribo para cantarte y decirte
porque sé que tú me escuchas,
o lees mis poemas en la noche
porque tú eres tierra única;
y cuidas de tus hijos como madre
como la parra, a sus uvas,
oculta bajo sus hojas verdes
del sol ardiente y de la lluvia.
Jecego.
Días de las Madres ( presentes)
Día de las Madres. (Presentes)
Mayo del 09.
Madre, tú eres una flor
pero no una flor cualquiera,
tú eres la flor primera
que brotó en mi corazón;
como un tesoro especial
donde no brilla el oro, ni el rubí,
ni siquiera, el perfume de una rosa,
lo tuyo, es otra cosa, solo amor, así:
Madre, yo te vi, te veo y veré hermosa
diferente a todas las cosas
siempre dentro de mí.
Madre, yo nací de ti
y Dios puso en mí,
un corazón de rosa,
unos ojos de azabache,
un andar sobre las olas,
un cuerpo como el tuyo
y un amor que me desborda;
todo eso en tu día:
quiero ofrecértelo a ti.
Jecego.
Mayo del 09.
Madre, tú eres una flor
pero no una flor cualquiera,
tú eres la flor primera
que brotó en mi corazón;
como un tesoro especial
donde no brilla el oro, ni el rubí,
ni siquiera, el perfume de una rosa,
lo tuyo, es otra cosa, solo amor, así:
Madre, yo te vi, te veo y veré hermosa
diferente a todas las cosas
siempre dentro de mí.
Madre, yo nací de ti
y Dios puso en mí,
un corazón de rosa,
unos ojos de azabache,
un andar sobre las olas,
un cuerpo como el tuyo
y un amor que me desborda;
todo eso en tu día:
quiero ofrecértelo a ti.
Jecego.
Día de la Madre
Día de la madre. (día 06 de Mayo del 06)
Jecego.
Ayer fuiste alegría de tus padres
hoy, madre de tus hijos,
mañana sentirás el regocijo,
de tener nietos y ser madre.
Fuiste flor y alegría
fuiste el albor de la mañana,
hoy eres rosa temprana,
en el tiempo: eres un día.
Mira cuanto te rodea
cuanto tienes a tu lado,
que hasta el inmenso mar salado,
tiene envidia y te jalea;
porque tu eres madre y abuela
y venciste siempre, en la pelea.
De tus padres fuiste juguete y alegría,
fuiste el lucero de la mañana,
fuiste el sol del medio día,
de la noche fuiste la sábana;
y sería lástima vana
no reconocer tu valía.
Es tanto lo que se aprende
en el término de un día
que hasta en la noche fría
tu amor calor desprende;
y calientas los cuerpos ateridos
de tus nietos e hijos, y aprenden.
Este dato que al cielo desafía,
es lo que irrita a la mar
que siendo tú, solo un ser, y guía,
puedas amar, amar y amar;
y ella siendo una masa infinita
y teniendo tantas criaturas en su seno,
no pueda imitarte, y tiene celos,
de tu amor, y gracia infinita.
No basta con ser grande y poderoso
hay que tener un corazón hermoso
donde quepan hijos y nietos
y un cielo estrellado de gozo;
y, que su corazón sea, un mar,
de amor y cariño para sus hijos,
y los hijos de sus hijos y además,
tener un alma de cristal; para amar, amar y amar.
Jecego.
Ayer fuiste alegría de tus padres
hoy, madre de tus hijos,
mañana sentirás el regocijo,
de tener nietos y ser madre.
Fuiste flor y alegría
fuiste el albor de la mañana,
hoy eres rosa temprana,
en el tiempo: eres un día.
Mira cuanto te rodea
cuanto tienes a tu lado,
que hasta el inmenso mar salado,
tiene envidia y te jalea;
porque tu eres madre y abuela
y venciste siempre, en la pelea.
De tus padres fuiste juguete y alegría,
fuiste el lucero de la mañana,
fuiste el sol del medio día,
de la noche fuiste la sábana;
y sería lástima vana
no reconocer tu valía.
Es tanto lo que se aprende
en el término de un día
que hasta en la noche fría
tu amor calor desprende;
y calientas los cuerpos ateridos
de tus nietos e hijos, y aprenden.
Este dato que al cielo desafía,
es lo que irrita a la mar
que siendo tú, solo un ser, y guía,
puedas amar, amar y amar;
y ella siendo una masa infinita
y teniendo tantas criaturas en su seno,
no pueda imitarte, y tiene celos,
de tu amor, y gracia infinita.
No basta con ser grande y poderoso
hay que tener un corazón hermoso
donde quepan hijos y nietos
y un cielo estrellado de gozo;
y, que su corazón sea, un mar,
de amor y cariño para sus hijos,
y los hijos de sus hijos y además,
tener un alma de cristal; para amar, amar y amar.
El día de la Madre. Mayo 09-.
Dedicado a las madres que se han ido.
El día de la madre.
Mayo del 09.
Tu eres madre la flor
que dio a luz mi ser,
yo soy aquel dios
que nació de una mujer;
y lleva grabado el amor
con el que duplicaste tu ser.
Madre, tu eres una flor
yo, el hijo aquel,
que quiso ser y no pudo
llevar tu perfume de mujer.
Madre, tu eres la flor más hermosa
del jardín del cielo, en la tierra,
tu eres esa luz primorosa
que da a sus hijos una estrella;
para que en la noche vean su camino
y en el día, un sol como vela,
ilumine todos sus pasos
y puedan seguir su estela.
Vuelve madre, vuelve pronto,
vuelve a mi lado,
yo ya estoy cansado
de ver con la luz de sol y las estrellas;
quiero ver con la luz de tus ojos
en la noche que me asecha,
para volver a mi primer mundo
donde tú eras:
mi sol, mi vida, mi dios y mi estrella.
Jecego.
El día de la madre.
Mayo del 09.
Tu eres madre la flor
que dio a luz mi ser,
yo soy aquel dios
que nació de una mujer;
y lleva grabado el amor
con el que duplicaste tu ser.
Madre, tu eres una flor
yo, el hijo aquel,
que quiso ser y no pudo
llevar tu perfume de mujer.
Madre, tu eres la flor más hermosa
del jardín del cielo, en la tierra,
tu eres esa luz primorosa
que da a sus hijos una estrella;
para que en la noche vean su camino
y en el día, un sol como vela,
ilumine todos sus pasos
y puedan seguir su estela.
Vuelve madre, vuelve pronto,
vuelve a mi lado,
yo ya estoy cansado
de ver con la luz de sol y las estrellas;
quiero ver con la luz de tus ojos
en la noche que me asecha,
para volver a mi primer mundo
donde tú eras:
mi sol, mi vida, mi dios y mi estrella.
Jecego.
Imaginación.
Imaginación.
Imaginar una imagen tuya
solo con verte los ojos,
es para mi un antojo
que se grabó en mi alma.
Te imagino inconsciente
sin ropa, atrevida,
abriendo en mi pecho una herida
tan profunda como el cosmos;
que sangra al ritmo de mi corazón
que se desborda
del sueño que guardan mis ojos.
Jecego.
Imaginar una imagen tuya
solo con verte los ojos,
es para mi un antojo
que se grabó en mi alma.
Te imagino inconsciente
sin ropa, atrevida,
abriendo en mi pecho una herida
tan profunda como el cosmos;
que sangra al ritmo de mi corazón
que se desborda
del sueño que guardan mis ojos.
Jecego.
La verdad y la intención.
La verdad y la intención.
05/04/09.
La verdad va detrás de la intención
como sombra pegada a su cuerpo,
quiere ser testigo de aquella infracción
que alteró el concepto primero;
que siendo una idea bien cualificada
se convirtió en un presumible enredo,
usando palabras improvisadas
lejos del concepto primero.
La verdad es una palabra madura
en la cresta de los recuerdos,
que hablan de momentos guardados
en lo profundo del pecho;
siempre encadenada a algún momento
acaecido en nuestro tiempo,
que brota a los labios, en momentos sublimes
y se esconde en los malos tiempos.
La intención son otras palabras
improvisadas en algún momento,
arraigada en tiempos malos
que van a dejar de ser secretos;
rompiendo el lecho donde se guardaban
salen a la calle, soberbiamente,
y levantando mucho la frente
gritan, pregonan y alardean
la poca calidad de la gente.
Dejando al desnudo sus credenciales
echando al viento su pensamiento,
que llevará por los aires, al mundo
todo aquello ruin que llevaba dentro.
Jecego.
La verdad, es humilde y se pronuncia con respeto.
La intención, es soberbia que escandaliza al viento.
05/04/09.
La verdad va detrás de la intención
como sombra pegada a su cuerpo,
quiere ser testigo de aquella infracción
que alteró el concepto primero;
que siendo una idea bien cualificada
se convirtió en un presumible enredo,
usando palabras improvisadas
lejos del concepto primero.
La verdad es una palabra madura
en la cresta de los recuerdos,
que hablan de momentos guardados
en lo profundo del pecho;
siempre encadenada a algún momento
acaecido en nuestro tiempo,
que brota a los labios, en momentos sublimes
y se esconde en los malos tiempos.
La intención son otras palabras
improvisadas en algún momento,
arraigada en tiempos malos
que van a dejar de ser secretos;
rompiendo el lecho donde se guardaban
salen a la calle, soberbiamente,
y levantando mucho la frente
gritan, pregonan y alardean
la poca calidad de la gente.
Dejando al desnudo sus credenciales
echando al viento su pensamiento,
que llevará por los aires, al mundo
todo aquello ruin que llevaba dentro.
Jecego.
La verdad, es humilde y se pronuncia con respeto.
La intención, es soberbia que escandaliza al viento.
El piano y el pajarillo.
El piano y el pajarillo.
En una sala de aquella mansión
en un jardín abandonado,
un viejo piano esperaba
la llegada del gorrión.
Se habían hecho amigos
hasta se querían los dos,
ambos se sentían solos
ausentes de amor;
o no lo habían encontrado
en su medio, alrededor.
El pajarito se colaba
por la ventana entreabierta,
se posaba sobre el piano
y saltaba sobre sus teclas;
que sonaban contentas
notas de alegres sonatas.
Y el pájaro, saltaba y bailaba
sobre las teclas del piano;
ya habían formado un dúo
entre el piano y el pájaro.
No somos congéneres
pero somos más que hermanos,
tú llevabas años en silencio
y yo nunca había bailado.
Le decía el gorrión al piano.
Y el piano le decía: hermano,
más que hermano:
hace mucho tiempo que no sentía
las caricias de una mano;
pero los dedos de tus patas
mis teclas acariciaron,
y ha recorrido mi cuerpo
un gran amor como regalo:
brotando mis notas como suspiros
que arrancaron tus manos;
y por segundos he sentido
todo el calor de un hermano.
Jecego. 05/04/2009
En una sala de aquella mansión
en un jardín abandonado,
un viejo piano esperaba
la llegada del gorrión.
Se habían hecho amigos
hasta se querían los dos,
ambos se sentían solos
ausentes de amor;
o no lo habían encontrado
en su medio, alrededor.
El pajarito se colaba
por la ventana entreabierta,
se posaba sobre el piano
y saltaba sobre sus teclas;
que sonaban contentas
notas de alegres sonatas.
Y el pájaro, saltaba y bailaba
sobre las teclas del piano;
ya habían formado un dúo
entre el piano y el pájaro.
No somos congéneres
pero somos más que hermanos,
tú llevabas años en silencio
y yo nunca había bailado.
Le decía el gorrión al piano.
Y el piano le decía: hermano,
más que hermano:
hace mucho tiempo que no sentía
las caricias de una mano;
pero los dedos de tus patas
mis teclas acariciaron,
y ha recorrido mi cuerpo
un gran amor como regalo:
brotando mis notas como suspiros
que arrancaron tus manos;
y por segundos he sentido
todo el calor de un hermano.
Jecego. 05/04/2009
Vivír más allá del pensamiento.
Vivir más allá del pensamiento.
Vivir más allá del pensamiento
es aferrarse a la vida,
cuando ha muerto el cerebro;
querer pensar
cuando ha muerto el cerebro,
es como pedir voz al silencio,
luz, a la noche,
al loco, razón,
al olvido, recuerdos.
Vivir más allá del pensamiento
es vivir en soledad,
en una soledad eterna
donde nadie habla de ellos;
donde ha muerto el tiempo,
donde termina la vida,
donde todo es nada,
solo oscuridad y silencio.
Cuando muere el cerebro
se vive fuera de tiempo,
solo vive el corazón,
el resto, nada;
a veces una tibia sonrisa aflora a su boca
y una leve luz pasajera ilumina su cara;
para caer de nuevo en la penumbra
de aquella noche tan larga.
Cuando ha muerto el cerebro,
el final da paso al principio,
entregando todas sus cartas
con todo lo que había aprendido;
ahora con todas las páginas olvidadas
regresa a su primitivo silencio
cuando no sabía nada;
con su cuaderno en la mano
y todas sus páginas en blanco,
anda buscando palabras.
Jecego.
Vivir más allá del pensamiento
es aferrarse a la vida,
cuando ha muerto el cerebro;
querer pensar
cuando ha muerto el cerebro,
es como pedir voz al silencio,
luz, a la noche,
al loco, razón,
al olvido, recuerdos.
Vivir más allá del pensamiento
es vivir en soledad,
en una soledad eterna
donde nadie habla de ellos;
donde ha muerto el tiempo,
donde termina la vida,
donde todo es nada,
solo oscuridad y silencio.
Cuando muere el cerebro
se vive fuera de tiempo,
solo vive el corazón,
el resto, nada;
a veces una tibia sonrisa aflora a su boca
y una leve luz pasajera ilumina su cara;
para caer de nuevo en la penumbra
de aquella noche tan larga.
Cuando ha muerto el cerebro,
el final da paso al principio,
entregando todas sus cartas
con todo lo que había aprendido;
ahora con todas las páginas olvidadas
regresa a su primitivo silencio
cuando no sabía nada;
con su cuaderno en la mano
y todas sus páginas en blanco,
anda buscando palabras.
Jecego.
Inutilmente busco.
Inútilmente busco.
Ansiosamente busco entre mis muchos días perdidos
algo que es tuyo, que no es mío, que me abrasa,
que quema mi pecho, de forma oculta y sigilosa
entre mis vísceras escondido, como una brasa.
Busco y busco, no encuentro nada en mi cuerpo
pero me quema, me abrasa, me reduce al dolor,
al ansia, a la sed, al desamor, a ausencia, a nada
y se que es tuyo, el misterio que quema mi alma.
No se donde escondes el veneno que me mata
si en mi sangre, en mi pecho, en la cuna de mi alma,
que ni lo veo ni lo toco, solo siento como vaga
por mi cuerpo a sus anchas, como ola en la playa.
Lo busco y no lo encuentro, apreto el puño y escapa
como perfume de mi mano, dejando el vacío del aire,
que pasa de largo, sin dejar huella, solo el rumor
de su paso, por el cuerpo que quiso asirse a la nada.
Ahora creo que fue tu amor que vino a buscarme
que yo no comprendí su lenguaje de silencio,
me faltaron palabras o quizás besos que hablen
pero ahora ya es tarde para ir a su encuentro;
habrá tomado otro rumbo, otro camino, otro aire
entre ruidos de besos, y abrazos que arden.....
de nada valdría buscar entre las brasas
las cenizas que quemaron otros brazos en un baile.
Ahora ya es tarde.
Jecego.
Ansiosamente busco entre mis muchos días perdidos
algo que es tuyo, que no es mío, que me abrasa,
que quema mi pecho, de forma oculta y sigilosa
entre mis vísceras escondido, como una brasa.
Busco y busco, no encuentro nada en mi cuerpo
pero me quema, me abrasa, me reduce al dolor,
al ansia, a la sed, al desamor, a ausencia, a nada
y se que es tuyo, el misterio que quema mi alma.
No se donde escondes el veneno que me mata
si en mi sangre, en mi pecho, en la cuna de mi alma,
que ni lo veo ni lo toco, solo siento como vaga
por mi cuerpo a sus anchas, como ola en la playa.
Lo busco y no lo encuentro, apreto el puño y escapa
como perfume de mi mano, dejando el vacío del aire,
que pasa de largo, sin dejar huella, solo el rumor
de su paso, por el cuerpo que quiso asirse a la nada.
Ahora creo que fue tu amor que vino a buscarme
que yo no comprendí su lenguaje de silencio,
me faltaron palabras o quizás besos que hablen
pero ahora ya es tarde para ir a su encuentro;
habrá tomado otro rumbo, otro camino, otro aire
entre ruidos de besos, y abrazos que arden.....
de nada valdría buscar entre las brasas
las cenizas que quemaron otros brazos en un baile.
Ahora ya es tarde.
Jecego.
Fe.
Fe.
Fe, palabra pequeña
de infinito tamaño,
no cabe en la tierra
ni en el hombre tacaño;
que quiere y no puede
que ignora y no sabe,
que la fe, es la base
de la vida del hombre.
Que quiere ocupar el mundo
siguiendo los pasos del orbe,
pero el hombre es un ser incomodo
que se evidencia en costumbres.
Sin fe el hombre es voz de nadie
que abre distintas puertas en su tiempo,
llevando un mensaje equivocado
de ilusiones muertas en su cuerpo.
La fe es lo que mueve al hombre
sin fe nada lleva,
solo deambula sin voz
solo sonidos balbucea;
porque la fe eleva la conciencia
y sin conciencia nada queda,
del hombre que quiso ser y no fue
solo le quedó la materia.
Jecego.
Fe, palabra pequeña
de infinito tamaño,
no cabe en la tierra
ni en el hombre tacaño;
que quiere y no puede
que ignora y no sabe,
que la fe, es la base
de la vida del hombre.
Que quiere ocupar el mundo
siguiendo los pasos del orbe,
pero el hombre es un ser incomodo
que se evidencia en costumbres.
Sin fe el hombre es voz de nadie
que abre distintas puertas en su tiempo,
llevando un mensaje equivocado
de ilusiones muertas en su cuerpo.
La fe es lo que mueve al hombre
sin fe nada lleva,
solo deambula sin voz
solo sonidos balbucea;
porque la fe eleva la conciencia
y sin conciencia nada queda,
del hombre que quiso ser y no fue
solo le quedó la materia.
Jecego.
Escucho tu voz en el silencio.
Escucho tu voz en el silencio. 05/06/07.
Decía la luna al sol con su débil voz
mientras se miraba sobre el ancho mar,
aquel espejo de agua que ondulaba su cuerpo
dándole forma de mujer sideral.
Quisiera tener un corazón para sentir
y un alma para poder amar,
unos dedos para tocarte
y boca para poder cantar;
hablarte y seducirte
y traerte junto a mi espejo, en el mar.
Escuchar tu voz en el viento
en mis sueños sentir tu calor,
y como las flores darte mis perfumes
con los secretos de mi gran amor.
Pero como no tengo nada de eso
seguiré en la cuna de mis sueños,
dejando que el viento te lleve mis perfumes
y mi voz silenciosa como un arrullo de amor;
y que no ceses nunca en ese empeño
de calentar el universo incluida yo.
Yo soy la luna, tú eres el sol
yo necesito tu luz y tu calor;
a mi me falta lo que te sobra a ti
compartámoslo los dos.
Se, dijo la luna, que estas son voces del corazón.
Pero, ¿no hay voces sin sonido que hablan de amor?.
¿No hablan así las flores?
¿No habla así el ruiseñor?
Deja que Dios te hable por mí,
que yo le hablaré a Dios.
Jecego.
Decía la luna al sol con su débil voz
mientras se miraba sobre el ancho mar,
aquel espejo de agua que ondulaba su cuerpo
dándole forma de mujer sideral.
Quisiera tener un corazón para sentir
y un alma para poder amar,
unos dedos para tocarte
y boca para poder cantar;
hablarte y seducirte
y traerte junto a mi espejo, en el mar.
Escuchar tu voz en el viento
en mis sueños sentir tu calor,
y como las flores darte mis perfumes
con los secretos de mi gran amor.
Pero como no tengo nada de eso
seguiré en la cuna de mis sueños,
dejando que el viento te lleve mis perfumes
y mi voz silenciosa como un arrullo de amor;
y que no ceses nunca en ese empeño
de calentar el universo incluida yo.
Yo soy la luna, tú eres el sol
yo necesito tu luz y tu calor;
a mi me falta lo que te sobra a ti
compartámoslo los dos.
Se, dijo la luna, que estas son voces del corazón.
Pero, ¿no hay voces sin sonido que hablan de amor?.
¿No hablan así las flores?
¿No habla así el ruiseñor?
Deja que Dios te hable por mí,
que yo le hablaré a Dios.
Jecego.
No saben.
No saben. 02/04/2007.
Hay personas que no saben
quien habita en su cuerpo,
y buscan fuera de si
lo que oculto llevan dentro.
Son como las palmeras
con sus ramas espinosas al viento,
queriendo atrapar al vecino
aunque llevan la miel dentro.
No conocen lo hermoso del amor
porque no se buscan dentro;
si solo miran hacia fuera
con arrogancia de experto,
no pueden ver la ignorancia
que arraigada llevan dentro.
A todo le llega su día
a todo le llega su tiempo,
y mirará detrás de sus ojos
y sabrá lo que lleva dentro;
viendo que todo no es trigo
que hay mucha paja en su seno.
Aprenderá a ser humilde
aprenderá a ser sincero,
aprenderá que todo no es oro
lo que lleva a su espalda, el viejo.
Que también lleva los fracasos
ocultos en su talego,
porque la vida es un tiempo
que pasamos aprendiendo;
que a unos les sirve de experiencia
a otros solo de meros cuentos;
por eso unos son hombres sabios,
y otros, tristes viejos.
No saben que el tiempo se va
y solo quedan los recuerdos,
abrázate a la vida y aprende
a ser prudente y discreto;
que el que aprende de la vida es sabio
y el que no se aprovecha es necio.
Jecego.
Hay personas que no saben
quien habita en su cuerpo,
y buscan fuera de si
lo que oculto llevan dentro.
Son como las palmeras
con sus ramas espinosas al viento,
queriendo atrapar al vecino
aunque llevan la miel dentro.
No conocen lo hermoso del amor
porque no se buscan dentro;
si solo miran hacia fuera
con arrogancia de experto,
no pueden ver la ignorancia
que arraigada llevan dentro.
A todo le llega su día
a todo le llega su tiempo,
y mirará detrás de sus ojos
y sabrá lo que lleva dentro;
viendo que todo no es trigo
que hay mucha paja en su seno.
Aprenderá a ser humilde
aprenderá a ser sincero,
aprenderá que todo no es oro
lo que lleva a su espalda, el viejo.
Que también lleva los fracasos
ocultos en su talego,
porque la vida es un tiempo
que pasamos aprendiendo;
que a unos les sirve de experiencia
a otros solo de meros cuentos;
por eso unos son hombres sabios,
y otros, tristes viejos.
No saben que el tiempo se va
y solo quedan los recuerdos,
abrázate a la vida y aprende
a ser prudente y discreto;
que el que aprende de la vida es sabio
y el que no se aprovecha es necio.
Jecego.
El sol, a la luna.
El sol, a la luna.
Quise ver en ti
a la mujer de mis sueños,
pero pronto descubrí
que eras de los hombres el dueño;
que salías todas la noches
para enamorar con ellos;
y que te gustaban todos
y a todos quitabas el sueño,
a todos cubrías con tu manto de plata
y cerrabas los ojos al verlos.
También descubrí
en mis noches de desvelo,
que a todos llamabas por su nombre:
Juan, José, o Pedro;
pero ellos pronunciaban
sin explicación alguna,
muchos nombres de damas
pero nunca oí, tu nombre, de luna.
Eso me hace pensar
que tú eres la reina del amor,
que sales de noche para animar,
y también ocultar
bajo tu manto de plata:
a todos aquellos que salen de noche
para que no vean sus caras;
para esos amores ocultos
que no duran nada;
que solo son un haz de luz
en tu noche plateada.
Y también me hace pensar
en que yo sea, el amor de tu alma,
que no he sabido darte más luz
que la de tu manto de plata.
Yo podría darte más luz
tanta, hasta quemar tus alas,
para que no salgas de noche
y calientes mi almohada.
Así sería yo, el rey del universo,
y tu, mi fiel amada.
Pero no, yo seguiré siendo el sol,
y tu, la luna plateada,
Jecego.
Quise ver en ti
a la mujer de mis sueños,
pero pronto descubrí
que eras de los hombres el dueño;
que salías todas la noches
para enamorar con ellos;
y que te gustaban todos
y a todos quitabas el sueño,
a todos cubrías con tu manto de plata
y cerrabas los ojos al verlos.
También descubrí
en mis noches de desvelo,
que a todos llamabas por su nombre:
Juan, José, o Pedro;
pero ellos pronunciaban
sin explicación alguna,
muchos nombres de damas
pero nunca oí, tu nombre, de luna.
Eso me hace pensar
que tú eres la reina del amor,
que sales de noche para animar,
y también ocultar
bajo tu manto de plata:
a todos aquellos que salen de noche
para que no vean sus caras;
para esos amores ocultos
que no duran nada;
que solo son un haz de luz
en tu noche plateada.
Y también me hace pensar
en que yo sea, el amor de tu alma,
que no he sabido darte más luz
que la de tu manto de plata.
Yo podría darte más luz
tanta, hasta quemar tus alas,
para que no salgas de noche
y calientes mi almohada.
Así sería yo, el rey del universo,
y tu, mi fiel amada.
Pero no, yo seguiré siendo el sol,
y tu, la luna plateada,
Jecego.
Cuando miro tus ojos
Cuando miro tus ojos. 02/04/2007.
Para un amigo, que dejó de serlo.
Cuando miro tu cuerpo veo
todo el mundo bello,
que te dieron tus padres
con la gracia de Dios desde el cielo;
y pienso que hermoso es el mundo
si es verdad lo que veo.
Cuando miro a tus ojos veo
entre ellos y tu cuello,
toda una montaña de mentiras
que sin esperarlas leo;
y pienso: ¿Cómo se puede guardar,
tanta mentira en un cuerpo?.
¿Cuántas cosas malas hay que hacer
para tener el cuerpo lleno,
de mentiras que no salen
a la luz de tu cuerpo?.
Y pienso:
la vida es ingrata
para el mundo de los buenos;
pero es una enorme carga
para todos aquellos,
que por ser tan egoístas
tienen el cuerpo lleno:
de recuerdos de plomo
y de pensamientos huecos.
Jecego.
Para un amigo, que dejó de serlo.
Cuando miro tu cuerpo veo
todo el mundo bello,
que te dieron tus padres
con la gracia de Dios desde el cielo;
y pienso que hermoso es el mundo
si es verdad lo que veo.
Cuando miro a tus ojos veo
entre ellos y tu cuello,
toda una montaña de mentiras
que sin esperarlas leo;
y pienso: ¿Cómo se puede guardar,
tanta mentira en un cuerpo?.
¿Cuántas cosas malas hay que hacer
para tener el cuerpo lleno,
de mentiras que no salen
a la luz de tu cuerpo?.
Y pienso:
la vida es ingrata
para el mundo de los buenos;
pero es una enorme carga
para todos aquellos,
que por ser tan egoístas
tienen el cuerpo lleno:
de recuerdos de plomo
y de pensamientos huecos.
Jecego.
La magarza y el cardo.
La magarza y el cardo. 03/04/07.
Que cerca habían nacido
el uno del otro;
que diferente estructura
lucían sus rostro;
la magarza sus flores blancas
el cardo, tímidas flores violetas,
y unas espinas agudas
cubrían toda su cresta;
eran un pareja dispar
que aproximó la naturaleza.
Era arrogante la magarza
con sus flores enhiestas,
pregonando su hermosura
entre las otras hierbas;
que cubrían al cardo
sumido en la tristeza.
El cardo que aspiraba
a convivir con la magarza,
descubrió que no podía
con las flores de sus ramas;
que aunque su color era
seductor verde esmeralda,
la magarza lucía
muchas flores en su cara;
y él solo tenía
espinas en su espalda,
y alguna flor violeta
para ofrecer a la magarza.
Y el cardo muy triste se alejó
del circulo de la magarza,
llevando siempre consigo
las espinas en su espalda.
Jecego.
Que cerca habían nacido
el uno del otro;
que diferente estructura
lucían sus rostro;
la magarza sus flores blancas
el cardo, tímidas flores violetas,
y unas espinas agudas
cubrían toda su cresta;
eran un pareja dispar
que aproximó la naturaleza.
Era arrogante la magarza
con sus flores enhiestas,
pregonando su hermosura
entre las otras hierbas;
que cubrían al cardo
sumido en la tristeza.
El cardo que aspiraba
a convivir con la magarza,
descubrió que no podía
con las flores de sus ramas;
que aunque su color era
seductor verde esmeralda,
la magarza lucía
muchas flores en su cara;
y él solo tenía
espinas en su espalda,
y alguna flor violeta
para ofrecer a la magarza.
Y el cardo muy triste se alejó
del circulo de la magarza,
llevando siempre consigo
las espinas en su espalda.
Jecego.
Tengo una imágen tiya en mi pecho.
Tengo una imagen tuya en mi pecho. 02/04/07.
Son las retinas de mis ojos
es la lente de mi cámara,
es el torrente de un río
que vierte en mí sus aguas;
con su imagen cristalina
del torrente que me embriaga,
con el amor que me llena
en silencio, sin palabras;
eso escribía yo,
mientras tu, rezabas.
Me tomaré el agua de tu río,
esa ingente cantidad de agua,
para que mis células se alimenten,
en el río de tus aguas;
porque quiero ser el hombre
salvado de las aguas,
que fue seguramente tu ruego
cuando al Señor rezabas.
Quiero ser el Moisés
alimentado en tus aguas,
y que tu río sea el cause
que conduzca mi alma.
Guardé esa imagen en mi pecho,
en silencio, sin palabras;
tomándome el agua de tu río
mientras tu rezabas.
Jecego.
Son las retinas de mis ojos
es la lente de mi cámara,
es el torrente de un río
que vierte en mí sus aguas;
con su imagen cristalina
del torrente que me embriaga,
con el amor que me llena
en silencio, sin palabras;
eso escribía yo,
mientras tu, rezabas.
Me tomaré el agua de tu río,
esa ingente cantidad de agua,
para que mis células se alimenten,
en el río de tus aguas;
porque quiero ser el hombre
salvado de las aguas,
que fue seguramente tu ruego
cuando al Señor rezabas.
Quiero ser el Moisés
alimentado en tus aguas,
y que tu río sea el cause
que conduzca mi alma.
Guardé esa imagen en mi pecho,
en silencio, sin palabras;
tomándome el agua de tu río
mientras tu rezabas.
Jecego.
Hojas secas de un rosal.
Hojas secas de un rosal. 02/04/07.
Estábamos a finales de invierno
el viento soplaba en el lugar,
y las hojas de aquel rosal
rodaban de uno a otro rincón;
había perdido sus flor
lucía un tanto pelado,
sus espinas eran la muestra
de su ciclo terminado.
La verdad es, que de un rosal,
solo su flor es hermosa,
sus tallos tienen espinas
que castigan a quien las toca;
es el castigo del tiempo
por ser tan vanidosa,
no le deja nada de lo que fue
cuando presumía de rosa.
El tiempo es infinito
no así el de la rosa,
que siendo finito su tiempo
nunca supo ser provechosa;
y dejó acercar su fin
en el tiempo y en las cosas,
que marchitaron sus pétalos
su cáliz y sus hojas;
que hoy se lleva el viento
con sus perfumes de rosa.
Jecego
Estábamos a finales de invierno
el viento soplaba en el lugar,
y las hojas de aquel rosal
rodaban de uno a otro rincón;
había perdido sus flor
lucía un tanto pelado,
sus espinas eran la muestra
de su ciclo terminado.
La verdad es, que de un rosal,
solo su flor es hermosa,
sus tallos tienen espinas
que castigan a quien las toca;
es el castigo del tiempo
por ser tan vanidosa,
no le deja nada de lo que fue
cuando presumía de rosa.
El tiempo es infinito
no así el de la rosa,
que siendo finito su tiempo
nunca supo ser provechosa;
y dejó acercar su fin
en el tiempo y en las cosas,
que marchitaron sus pétalos
su cáliz y sus hojas;
que hoy se lleva el viento
con sus perfumes de rosa.
Jecego
Me retiro del mar.
Me retiro del mar. 02/04/07.
Con sus aguas azules
y su espuma blanca,
bajo un sol refulgente
y una luna pálida;
encandilaban mis ojos
y embriagaban mi alma,
cuando mis pies tocaban
sus cálidas aguas.
Todo era dulzura
todo ilusión vana,
cuando tocaban mis pies
aquella masa de agua;
sentía que algo corría
con mi sangre acelerada;
aunque solo había tocado
con mis dedos el agua.
Me retiro de ese mar
azul con espuma blanca,
antes que se alborote su masa
y me arrastre con sus aguas.
Prefiero ver desde la orilla
esa hermosa masa salada,
antes que se ericen sus aguas
con olas de espuma blanca;
y me lleven a oír música
de sirenas con guitarra
Jecego
Con sus aguas azules
y su espuma blanca,
bajo un sol refulgente
y una luna pálida;
encandilaban mis ojos
y embriagaban mi alma,
cuando mis pies tocaban
sus cálidas aguas.
Todo era dulzura
todo ilusión vana,
cuando tocaban mis pies
aquella masa de agua;
sentía que algo corría
con mi sangre acelerada;
aunque solo había tocado
con mis dedos el agua.
Me retiro de ese mar
azul con espuma blanca,
antes que se alborote su masa
y me arrastre con sus aguas.
Prefiero ver desde la orilla
esa hermosa masa salada,
antes que se ericen sus aguas
con olas de espuma blanca;
y me lleven a oír música
de sirenas con guitarra
Jecego
Aurora
Aurora. 01/04/07
Súbitamente en el horizonte
se rompió el manto de la noche,
y entre las nubes apareció
el astro rey con sus colores;
creando la aurora con sus albores
y un mundo nuevo en los hombres.
Como una flecha extendió su luz
por todos los recovecos del valle,
dejando solo una sombra
a los pies de la montaña grande;
subió hasta las Dehesas
y laderas de Agache,
donde se detuvo un momento
calentando frutas y parrales.
Disipada la sombra de la montaña
a altas horas de la mañana,
con la melena de sus nubes
iba sembrando con calma;
todas aquellas cosas hermosas
que recogemos de sus ramas,
como frutos y verduras
y alimentos para el alma;
sigue avanzando la luz a su fin, el ocaso,
dejando regueros de vida
con el canto de los pájaros;
y algún que otro búho
esperando la noche posado.
Jecego.
Súbitamente en el horizonte
se rompió el manto de la noche,
y entre las nubes apareció
el astro rey con sus colores;
creando la aurora con sus albores
y un mundo nuevo en los hombres.
Como una flecha extendió su luz
por todos los recovecos del valle,
dejando solo una sombra
a los pies de la montaña grande;
subió hasta las Dehesas
y laderas de Agache,
donde se detuvo un momento
calentando frutas y parrales.
Disipada la sombra de la montaña
a altas horas de la mañana,
con la melena de sus nubes
iba sembrando con calma;
todas aquellas cosas hermosas
que recogemos de sus ramas,
como frutos y verduras
y alimentos para el alma;
sigue avanzando la luz a su fin, el ocaso,
dejando regueros de vida
con el canto de los pájaros;
y algún que otro búho
esperando la noche posado.
Jecego.
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