La dehesa no parece un jardin.



La dehesa no parece un jardín, siéndolo,
no es un poema pareciéndolo,
no es una rosa blanca, siendo verde
pero sus sépalos la guardan en su seno
como trocitos de cielo del frío invierno.

Mi poema es todo eso en mi pensamiento
y se asoma a la ventana de mis sentidos,
respira el aire de los pinos, hayas y  escobones
entre el monte bajo, castaños y madroños;

y se asoman las flores de almendros y ciruelos
a las ventanas de mis ojos que reflejan,
señales de felicidad en un mundo verde
lleno de contrastes, todo, con sabor a cielo.

La dehesa es una poesía llena de naturaleza,
de sombras, de fantasmas y de sueños
creados por la nubes que se posan sobre las ramas,
y hablan  a sus hojas, portavoces de silencios;
al oído exquisito de los pajaritos en sus nidos
y a sus padres con sus alas al viento.

La Dehesa es: fuente y nido de sueños,
donde todos queremos soñar, un momento,
al abrigo de sus sépalos.


Jecego.