Aun sin llegar te has ido.

Aún sin llegar, te has ido.

Estábamos tan cerca del río de miel
y te has ido sorteando mis orillas,
te has ido sin llegar a  mi sabor
por esas veredas que llegan a otro camino;

te evades del sendero de mi río
hasta otro lago de un viejo amigo; a sus aguas
conocidas de siempre; olvidando el charco mío
en la llanura de mi oasis en un desierto anclado;

te veo alejarte, cuando no has llegado
y perderte en la lejanía que te llama,
sin abandonar mi río de miel dorado
en mi desierto perdido, lleno de palabras;
que sin salir de mí te alejan de mis orillas
buscando la sombra de un recuerdo nostálgico.

Buscas en el laberinto de tu memoria
recuerdos que vives gota a gota y te llaman;
y te vas sin haber llegado a mi río
después de haber probado la miel de mi lago.

Son tan sólidos los baluartes  de tu partida
que revives los momentos vividos en otra parte.

Jecego