Se rompió la noche y del Océano surgió Canarias.





Una bola enorme de fuego creó un amanecer
se había roto la noche y todo era luz en mi tierra,
ya no habían secretos para mi ojos que al ver
vieron en los tuyos la luz diamantina de una estrella.

Ya todo era luz, y tu imagen misteriosa marcaba mi camino,
yo de tu mano pisaba donde pisabas tú, a la par del tiempo,
buscando una sombra, un recoveco, un lugar de silencio
donde pudiera abrazarte hasta perder mis sentidos 
sin aquella luz que nos deslumbraba y daba miedo.

La noche se había roto, el sol resplandecía y la tierra era desierto
nada presagiaba alegrías, nada, salvo una paloma blanca
que se acercó y nos dijo: ya han pasado todo lo malo del camino;

esperamos a que se conjugara aquel momento, y

mientras,  llegaba la tarde, y la noche se hizo presente
una voz fuerte se oyó en nuestro mundo y en el lugar
aparecieron Islas y más Islas, todas Canarias, en nuestro desierto;

pasó un rato de tiempo y abrimos los ojos; que despertaron al unísono;

nos quedamos aquí, dijimos; esto deber ser el Paraíso,
y nos quedamos en este lugar, para siempre abrazados;
nosotros en Güimar, mis amigos, en otros paraísos cercanos.

A la sombra del Teide, del Roque Nuble y el Roque de los Muchachos;
mirando al tajinaste gigante, oliendo a retama, a romero a albahaca
y saboreando la miel de tus labios y tus besos, en casa... 

Jecego.



1 comentario:

Katy Sánchez dijo...

No puedes negar que amas tu tierra. Hermosa palabras y hermosos versos le dedicas.
Bss y genial semana