Mis andares, y adiós.....



Detrás de unos ojos negros

y una sonrisa perlada, 
me subí a la guagua Tisa
para saber donde iba
aquella mujer bronceada.


Primero subí a Arafo

luego bajé a Candelaria,
pero la mujer de mis sueños
seguía marcando su camino
sin señales de bajarla.


Yo esperaba sentado

tras ella en mi asiento,
y más tiesa que un ajo porro
seguía muy callada
mirando al mar océano.


Así todo el camino

una hora densa y larga,
hasta el intercambiador
final del  recorrido
y parada de la guagua.


Allí se bajo

y más frágil que una rosa,
aquella cosa tan hermosa
moviendo con su cintura
el aire de la capital;


iba haciendo ondas en el aire

con el vaivén de sus caderas
se metió en el Corte Ingles
la más elegante güimarera.


Uf, cuanto miraba y compraba 

aquella misteriosa dama;


todo le parecía poco....

y compraba y compraba;


de pronto paró, y pensó

mirando al piso de arriba...con lástima;
ya no compro más... y se fue a la caja
pagó en efectivo y sonrió....
me quedó para la guagua;


mi amiga se había controlado

y dejado en su monedero,
el suficiente dinero
para pagar su regreso en la guagua. 


Así deberíamos ser todos

no gastar más de lo que tenemos,
que luego vienen los problemas
por querer lo que no podemos.


Y nos volvimos juntos a Güimar

aunque ella nunca supo que le seguía;
yo era su perfume y guía....
y me mantuve siempre en secreto...


Jecego.




2 comentarios:

Katy Sánchez dijo...

Muy simpáticos tus versos. Esto de tener un admirador secreto y no saberlo no es de ley. Ya podrías haberle ofrecido una rosa, o hacerte el
encontradizo:-)
Bss

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Tienes Razón Katy, pero a veces las ideas se nublan y convierten en noches lo que en realidades día.
Gracias por tu idea, en mi próximo arrebato buscaré una Rosa.
Un abrazo y Felices fiestas.
Isidro Jesús.