Tertulia entre dos caballeros.

Ceferino y Fermín, 
cabreros de profesión; 
en sociedad, caballeros.


Como dos hermanos avenidos
al atardecer se reunían,
en la esquina de Pilar la de Gabino
Fermín y Ceferino, caballeros y vecinos.


Se reunían cada tarde
sin anunciar su presencia,
de palabras, pocos alardes
sobre cabras, competencia.


Fermín, alto y desgarbado,
Ceferino, flaco y fornido,
ambos cubrían su rostro
con sus sombreros hendidos.


Lola, esposa de Ceferino: la lechera;
vendía la leche por el barrio;
Ceferino, no hacía honor a su trabajo,
a la leche le ponía gofio, para no verla, decía:
y aunque tenía que comerla
siempre la cubría con vino.


Cada uno llegaba por un lado de la calle
se sentaban sobre una loza que cubría la tarjea
en la esquina de Pilar la de Gabino
electricista del lugar y del Valle.


Ceferino y Fermín en la esquina de Gabino
iniciaban sus tertulias a las siete de la tarde;
a las nueve, Doña Petra, llamaba a Fermín,
a las nueve y dos minutos, la señora Lola a Ceferino.


Ambas tocaban sus cacerolas, a retiro,
a cenar se dice en el lugar entre vecinos.
cada uno cogía la botella de vino
casi vacías, que traían llenas a la tertulia.


Sin despedirse siquiera, con sus andares en ola,
ambos se dirigían a sus domicilios;
Fermín, a la casa de su patrona, doña Petra;
Ceferino, con su esposa, doña Lola.


Es parte de la historia de dos caballeros de este barrio, que dejaron su recuerdo sobre una piedra, en la esquina de la casa, de Pilar la de Gabino


Jecego.

2 comentarios:

laura dijo...

Me encanta esta historia, sobre todo por lo cercana y verdadera. Besos y abrazos abuelito!

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Laura,la verdad es que algo te toca, la casa a la que me refiero es la de tu bisabuela materna. Así que conociste a los señores de la historia personalmente y la casa aun está en pie.
Un abrazo. Tu abuelo.