Un hombre ya viejo escribe parte de su historia.

Un hombre ya viejo escribe parte de su historia.


Habían pasado muchos años, ya casi no recordaba sus primeros pasos, pero no quería llevarse a su destino toda la memoria que guardaba. Y empezó a arrancar pedazos a sus recuerdos: de niño cuando jugaba con el trompo, al boliche, al fútbol, etc.; de mayorcito cuando trabajaba y estudiaba; de mayor cuando miraba a las jóvenes de su edad, y las acariciaba con los ojos, y por las que suspiraba; así fue pasando su vida, mientras su historia se alargaba.
Se sumaban los hechos y sus esfuerzos se apilaban; no había tiempo que perder, había que trabajar para salvar la patria, siempre empezando por casa. (El futuro estaba en la escuela). Trabajó desde muy joven en una empresa de la plaza, y aunque era de un barrio,  pronto se incorporó a la batalla de la subsistencia.

En aquella época nadie regalaba nada, cada comida era una batalla. Su trabajo era de 8 horas, pero eso solo era, precalentamiento de la jornada; luego seguiría haciendo labores de campo por cuenta propia; recogía hojas secas de tarajales y vendía convertida en estiércol a agricultores de la zona que lo necesitaban. Los domingos, labores de pesca, el chinchorro.

Por las noches a la luz de una vela estudiaba y como libre se examinaba.
El hombre recuerda aquellas enciclopedias de Rodriguez y Rodriguez, y de Santillana, donde se encontraba cualquier cosa que se buscara; aquellos libros de matemáticas de Ardura; aquellos libros de latín, la Odisea,  Eneida, la guerra de las Galias, Solo había que pedir los temas para estudiarlos luego; había que estudiarlo todo.

Aquellos exámenes (en el caso de ese hombre, libres) donde no se oía una palabra; los profesores deambulaban entre las filas de alumnos para que no se copiaran. Nos dirigíamos al profesor con palabras entrecortadas para preguntarle alguna cosa que no entendiamos, y el nos contestaba y nos ponía su mano en el hombro dándonos animo y templanza.

En aquellos momentos, ningún niño menor de 14 años, podía estar en la calle en horas de clase. Habían escuelas de todos los grados, (así se llamaban en los barrios como el de ese hombre). Fue una época de estrecheces, pero preciosa, para las mentes sanas. La seguridad se respiraba. Había trabajo para todos; solo había radio, nada perturbaba el trabajo, los sábados y domingos habían películas.

En esos momentos la exportación de tomates, (años 40) la inmensa mayoría de hombres  y mujeres trabajaban en la agricultura. Los terratenientes y exportadores de frutos defendían su empresa con uñas y dientes; cada obrero tenía que rendir en beneficio de la empresa y para sí mismo, el que más trabajaba, cobraba más; incluso le daban terrenos para que plantaran por su cuenta, fuera de las 8 horas que ellos pagaban. 

El patrón daba casa gratis a sus obreros que venían de otras Islas y quería que los hijos de sus peones fueran también sus obreros, pero no se oponían a que estudiaran, incluso alguna vez, cuando el niño era aplicado (palabra en uso en aquella época), el patrón echaba una mano no cobrando : las papas, los plátanos o los higos pasados.
Aquel hombre estudió mientras trabajaba, tenia una idea clara del futuro; tenía clarísimo que nadie regala nada, y que sin lucha no hay victoria.


Hoy, para que no se pierda su historia, la escribe; pero es muy larga, y la seguirá, otro día.....
Continuará.....
   








11 comentarios:

Patricia dijo...

una historia preciosa, muchos recuerdos y la certeza de tiempos sanos y felices.

gracias por este relato, será un placer continuar compartiendo esta cercanía.

un cálido abrazo.

Jacque dijo...

Linda história........ Quero continuar a ler o que vier depois...

Besos

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Patricia, gracias por tu comentario; mi intención es dejar que la imaginación de cada uno piense lo que quiera lejos de las influencias y manipulaciones políticas. Yo comparto con ese señor todo lo que ha dicho hasta ahora. Mi única extrañeza es como una persona tan mayor esté delante de un ordenador,
Un abrazo. Jecego

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Jacqueline, gracias por tu comentario, esa gente mayor tiene muy buenas historias y se apartan mucho de nuestra vida actual. Querida amiga, gracias anticipadas por tu seguimiento. Un abrazo. Jecego.

Sneyder dijo...

Me gusta como comienza tu historia, quizás a modo de prologo nos cuentas a grandes rasgos tus primeros años de escuela, trabajo…me encantará seguir leyendo tu relato…

Un beso Isidro

Pluma Roja dijo...

Si todos contáramos una historia sobre nuestra vida, se llenaría el mundo de historias. Interesante relato, espero la continuación.

Saludos cordiales :)

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Sneyder; esa historia es igual que otras historias que por cualquier razón están o han quedado silenciadas, ¿acaso todo lo que leemos no son historias?.
Amiga, intentaré abrir otro blog, o crear un apartado para esta historia y no interrumpir los poemas.
Un gran abrazo por tu comentario.
Jecego.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Pluma Roja; te ha salido un competidor en cabellera blanca; seguramente serán especiales luciéndolas. Amiga, todas las cosas que leemos son historias, buenas o malas. Me gustan esas historias individuales, personales únicas; porque las otras "historias" las políticas, están muy adulteradas.
Voy a intentar sacar esta historia del blog, para no interrumpir mi arroyo de poemas. Ambas cosas son parte de mi vida.
Amiga, un gran abrazo por tu constancia y comentarios. Jecego.

Estrella Altair dijo...

Pues sabes.. yo conozco a ese señor..

no sé.. quizás en otras vidas..
me suena su aspecto... ja,, ja, ja...

y desde luego.. su historia empieza muy bien... me gusta.... eso de que miraba a las jóvenes... mientras estudiada, le honra.. con tanta tonteria que hay ahora...

y eso de que era una epoca preciosa.. de trabajo para todos, de horas de radio, de domingos de polícula..

suena muy bien..

quiero saber mas ... de esas tarde de cine..

Me gustó la historia de ese señor.

Un besazo

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Estrella, me alegra tu presencia y comentario. Abran muchas más anécdotas. Un abrazo.
Jecego.

Katy dijo...

Me he pasado como suelo hacer, en silencio a veces, y me he he encontrado con un hombre entrañable, sensible como me lo habia imaginado siempre. Gracias por compartir tu historia y tu manera de ser.
Un beso