Los árboles hablan, escuchalos.

Tengo en las Dehesas un trozo de tierra con parras y árboles; las parras son blancas y negras, y los árboles: castaños, peras, manzanos, ciruelos, membrillos, y duraznos; los ciruelos son: blancos y negros; canarios, japoneses y mixtos.
En la primavera y verano, siempre que los visito se alegran; yo toco sus ramas para comprobar su salud, y ellos se mueven de alegría regalándome sus aromas, sus bailes y su felicidad con el movimiento de sus hojas, poniendo muy cerca de mis ojos, sus flores... y los pájaros cantan pregonando su contento revoloteando en sus ramas.
Pero este mes de Marzo, cuando subí a verlos, estaban blancos, tiritando de frío, sus flores habían caído muertas a sus plantas, y sus hojas heladas lloraban lagrimas enormes que salían de las heridas que les había producido el desconsiderado hielo acumulado en sus ramas; las huertas parecían habitaciones de un hospital de una raza diferente a la humana, pero que se siente herida y entristece cuando la naturaleza, su madre, le falla.
También se me parecía algo a un cementerio, donde los cipreses elevan al cielo sus ramas suplicando paz para las almas de sus vecinos, que descansan a sus plantas. 
En un estado de angustia manifiesta por ver como mis arboles luchaban; y con que entereza soportaban la crudeza del tiempo; con la cabeza baja por el peso del dolor, baje hasta la parte más baja donde tengo los castaños; allí se complicaron las cosas; tengo un castaño más que centenario, una de sus enormes ramas, yacía en el suelo besando la tierra que le había criado, hasta que un poderoso viento le arranco de los brazos de su madre; el pobre se lamentaba de su mala suerte por tener que abandonar a quien le había dado la vida, su madre,  y por no poder ofrecer su fruto, cosa que había hecho por más de un siglo.
Quieto, inmóvil, sin hojas, sin nada, se quejaba de su mala suerte; hasta hace unos días miraba a la tierra desde las alturas, y ahora tristemente, la usaba como cama. Todo un desafío a la tierra; ayer vivía de ella,  y ahora se suma,  para alimentar a su madre y hermanos que aún están abrazados a ella.
La Naturaleza no quita nada, cambia, pero siempre hay algo en si misma, que compensa.
Me abrazo a esa madre,  porque se, que con mi muerte, alguien se beneficiará,  y yo no nací para perdurar, sino para conocerla......
Jecego.

7 comentarios:

sonia dijo...

Boa noite,

Lindo texto.

a nossa mãe Terra, eterna, para todos nós.

abraços.

sonia

Estrella Altair dijo...

Me encanta este post.. de entrega a la naturaleza, de sentirla, de vivirla, de amarla y de volver a ella.
Que bello Isidro,

eres malo no te pasas por mi casa...

ja, ja, ja.

si ya sé que estas muy ocupado..

pero te echo de menos..

Ess parras, manzanos, ciruelos canarios y castaños y peras..

que suerten tiene de que tu les cuides..

Un besazo..

con menos envidida que este finde me voy al pueblo.

Jacque dijo...

Magia de la noche

Era la noche cálida como lo son tus ojos,
gruta de magia blanca era la noche.
Era la noche cómplice, bajo qué estrellas rotas
cobijamos el sueño de una noche,
de un verano sin noche, de un instante tan hondo
que era nada la vida aquella noche.
Galerías secretas de tus ojos sin bruma,
su nocturno fulgor, su brillo intacto.
Fresca rama tu risa golpeando mi pecho
en esa abierta herida de la noche.
Temblaban nuestras manos unidas en la noche,
y era noche el perfume de tu pelo,
y dolía mirarte como cuando hace frío
y quemaba en mi noche tu mirada.
Cuando besé tus labios, pareció arder la noche.
Igual que un corazón latió la noche.
y fue la noche nuestra y robamos la noche.
Sigilosa la luna nos seguía los pasos.

Jacque dijo...

Apareça.........

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Sonia; gracias por tu visita y comentario. Siempre hay que agrdecer a la tierra lo mucho que nos da; de no ser por ella, ni siquiera existiriamos.
Un abrazo amig; que pases un buen día.
Un abrazo desde Tenerife, Canarias.
Jecego.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Estrella; gracias por tu comentario. Yo soy un enamorado de la Naturaleza, ella nos da todo a cambio de nada, mas bien la maltratamos y no nos lo tiene en cuenta. Ahora estarás fastidiada, porque la luz preciosa de la Luna no deja ver las Estrellas. Es precioso ver las plantas de noche cubiertas de color plata.
Un abrazo y gracias por tu visita.
Jecego.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Jacque. Precioso poema.
Me pregunto:

Que sería de la noche si tu le faltaras
que sería de ella, sin tus sueños
que haría sin tu mirada
que rompe la oscuridad
y arrulla tu embeleso.

Seguramente, nada,
porque tu eres su magia....

Amiga Jacque, en tu poema se me representa la magia de la noche.

Un abrazo. Jecego.