Reccordando un día de pesca en las Bajas.

Escrito hoy, 11 de Julio 2011. Acaecido un domingo del verano de 1944.


Recordando un día de pesca desde los Tarajales de la playa de las Bajas, en Güimar, Tenerife.


Es una playa mala, de callados, sin arena; de corrientes hacia adentro; en verano hacen un ruido enorme el roce de sus callados unos contra otros, en su corriente ondulada y continua.
Allí,  nadie se aventura al baño, las malas experiencias son abundantes.
En ese lugar, cuando apenas tenía doce años, fui el compañero menor de un grupo de personas que íbamos a tirar del "chinchorro" (pesca desde la orilla) . 
El lugar no era bueno para nada, pero ese día, según Miguel, el hermano mayor de tres; Juan y Carmelo, había localizado un enorme banco de sardinas que venían huyendo de unas toninas, intentando refugiarse en aquella playa; fue mala su elección; los tres hermano veteranos del mar, hijos de Juan el chinchorrero, (su apellido era Castellano), pero se había ganado ese segundo apellido, con minúscula, por sus conocimientos del mar y el arte de la pesca, (es ese honroso seudónimo, el que aún hoy perdura en sus nietos y bisnietos)
Ese día, un domingo, (solo iba los fines de semana y festivos) llegué a las 5,30 de la mañana al Puertito, iba caminando desde Güimar, 6 kilómetros) ya Carmelo, el más joven de los hermanos, estaba echando piedras pequeñas a su barco, cada hijo cuidaba y preparaba su embarcación, y la de Carmelo era la más pequeña, encargada de arrinconar los bancos de peces hacia la red. Cada hermano hacía lo propio con lo suyo; las redes de pesca, las de cerco, y muchas cosas más que yo nunca supe por qué se hacían.
Miguel, el mayor y más veterano, ya estaba preparado para salir a la mar.  
Un tiempo después, como a las 6´30 de la mañana, se oyeron los gritos de éste desde la Bajas, la insistencia de Miguel hizo que sus hermanos salieran muy deprisa hacia donde estaba su hermano que apenas era visible volando sobre las crestas de las olas, y se perdía entre ellas a cada momento. Nosotros, los pescadores  de tierra mirábamos como las enormes olas azotaban a los callados de las orillas y como las barcas parecían norias que aparecían y desaparecían sobre y entre las olas.
Todos, unos cincuenta decíamos: pescado habrá mucho, pero el mar en la orilla está horrible; hacía falta tanto valentía como temeridad; los que esperábamos las cuerdas de la red, eramos meros espectadores; aquellas olas enormes, con una fuerza descomunal, hacían sonar los callados como esas castañuelas del folclore flamenco. Apenas aclaraba el día, 6.50 horas, Miguel con su barco ya estaba cerca de la orilla, donde las olas a elevaba a más de 2 metros; ante aquellas encrucijada ¿quien iba a buscar las sogas que arrastrarían la red hacia tierra?;  entonces,  allí estaba Juan-hijo, hermano de Miguel, y al susurro de las voces de los que esperábamos, diciamos: no te metas Juan, que las olas te matan, Juan desafió a las olas; aquel hombre VALIENTE, POCO TEMEROSO, metió su cabeza cerca de la cresta de una ola, y la atravesó, cuando le vimos asomar al otro lado, todos dimos gracias a Dios por haberle ayudado a vencer a una fuerza de la naturaleza; recogió las sogas de la barca de su hermano y regresó a la orilla donde su padre,  Juan el viejo,  no dejaba de gritar ordenando lo que había que hacer; Juan-hijo, a su regreso, recibió una reprimenda de las olas que lo golpearon contra el suelo, por haber tenido la osadía de romper su prestigio de malas olas, y su padre le dio unas palmaditas en el hombro por su valentía; pero el resto de los que le esperábamos aplaudimos su osada valentía como si de un héroe se tratara, para mi fue un vencedor, un Viriato. 
Ya las cuerdas en la orilla, todos tiramos de la red para atrapar las sardinas; ese día fue el mejor de pesca en muchos años anteriores y posteriores.


Recuerdos.


Hoy miro al mar más blanco que azul
con olas horribles en esta playa,
recuerdo aquel episodio de mi vida
a Carmelo subido en la proa de su barca.


quizá pensando en el pescado
que podría sacar del aquella mar brava, 
si sus redes soportaban tal cantidad de peces
en las aguas embravecidas, alborotadas.


OH, traicionera playa de piedras
de corrientes adversas y bravas,
ayer nos regalaste un banquete
de sardinas, viejas y caballas;
pero hoy vuelves a ser 
lo que siempre has sido
una playa sin arena, 
llena de callados,
y solitaria.


Te advierto playa mala, mala playa
que Juan aún vive en nuestra memoria,
y podría volver para decirte que eres vulnerable 
y como ya lo hizo volverá su espíritu a amansarte;
y aunque no lo mereces, se asoma mi parte buena
que te avisa para que no se repita la historia.


Jecego.

8 comentarios:

Jacque dijo...

Gosto de ler suas histórias...... E seu Blog está lindo.........


BEIJO
BESOS

Marinel dijo...

Qué historia más emotiva... y este poema lo intuyo nostálgico,de añoranza por la pérdida del protagonista.
El mar es de una belleza impresionante,pero es fiera indomable,por mucho que deseemos o nos muestre en ocasiones lo contrario.
Un besazo.

Marinel dijo...

Por cierto Isidro,me llevo un Tajinaste azul,¿vale?
Recuerda que me lo ofreciste!
:)
Otro beso.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Jacque, gracias por tu comentario; es un placer escribir para mis amigos. Tus blogs son preciosos, llenos de contenidos decorativos y pensantes.
Un abrazo. Jecego.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Marinel, el mar, ay el mar. he vivido siempre próximo as orilla, durante 35 años viví a menos de 30 metros, frente a frente y lo conozco bien; es un gran amigo, pero con la rapidez que a él le caracteriza, se convierte en un enemigo implacable al que nada le importa la vida ajena.
Amiga, respetemosle y mantengamos las distancias, porque no es de fiar. Tiene dos caras, una buena y otra mala.
Amiga, un abrazo.
Jecego

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Marinel, puedes tomar lo que quieras de mi blog, escribo y expongo para compartir.
El Tajinaste creo que solo nace en Canarias, en las zonas altas. El rojo es el más abundante, crece entre dos y tres metros como el blanco o amarillo, depende de las zonas; el azul es más escaso, también más debilucho y hasta torcido.
Amiga, un abrazo. Jecego.

Alma Mateos Taborda dijo...

Una historia narrada con maestría y un poema intenso y nostalgioso. Maravilloso. Aplaudo tu talento. Un abrazo.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Alma Mateo; gracias por tu visita y comentario.
Es un placer leerte.
Un abrazo. Jecego.