Poesía historica. Mi memoria.

Se fue la voz que no quiso oír.






Nube detrás del Pico Cho Marcial y la Montaña Solitaria de hormigón .
Valle de Güimar, Tenerife.





Una nube cubrió la montaña solitaria
que en silencio se comunicaba con el sol
y se oyó la voz del viento que dijo:


el cielo está reunido con sus estrellas
y quizás no puede oír tu voz;
inténtalo de nuevo cuando pase la nube
talvez pueda oír tu clamor,
pidiendo una mirada tuya
para tus hijos, hijos del amor;
que también son sus hijos
como las estrellas y el sol.


Cuando pasó la nube por su frente
el cielo azul resplandeció,
habló el sol y dijo al mundo
yo soy también, hijo de Dios.


Jecego.




Soy tu portavoz.

Yo soy tu memoria y tu recuerdo
y quiero ser también tu voz,
para ponerle nombre a tus recuerdos
que son la luz de tu sol;

quiero instalarme en las palabras
como único libertador de tu pensamiento,
dando nombre a las cosas retenidas
y librarles de su sombría prisión.


Cuando falta la palabra adecuada
el recuerdo se eterniza en la memoria,
haciendo hogar y tumba en su espacio
viviendo y muriendo en la sombra;


sin que nunca se conozca su destino
color, imagen, sentido y forma,
y permanecen en su lugar reservado
en el espacio vacío de las horas,
esperando la palabra que le libere
de su incierta fase de penumbra.


Cuando el sol caía en su ocaso.

Cuando su luz apenas era penumbra,
cuando ya cansada se convertía en crepúsculo;
cuando callaron los pájaros, aparecía el búho
y empezaba el arrullo adormecido de las sombras;


llegó el murmullo sin palabras de dos enamorados
acurrucados en sus brazos y zozobras,
dando rienda suelta a sus sentimientos
en la intimidad más absoluta de sus horas.


El tiempo se hace efímero en su tiempo
el reloj no marca sus horas de ensueño,
cada uno quiere del otro ser su dueño
ocultándose dentro de su espacio vacío;


con deseos de ser un solo cuerpo
inmerso en una noche sin sentido,
dejando que hablen sus cuerpos
que están en un abrazo fundidos.


Jecego.


Una imagen tuya.


El mundo se hizo a tu imagen
con manos de piedra y sonido,
con aliento de viento en tu pecho
y ojos en el alma escondidos;


fue una copia desafortunada de ti
bajo este cielo azul, infinito,
que pretendió ser una replica tuya
y murió sin conseguirlo.


Jecego.


Mi cuerpo está viejo.


Igual que las calles de mi pueblo,
mi cuerpo, está viejo y abatido,
ya no juegan los niños en las calles
ni a piola, ni al tejo, ni al trompo,
ni cometas ni, al boliche, chis y palmo,
ni contamos cuentos;  todo ha envejecido
con el transcurrir del tiempo.


Todo se ha perdido en el asfalto
que ha cubierto mi pueblo,
dicen que son avances del mundo
de este mundo nuestro,
pero yo añoro aquellos tiempos
aquellos tiempos viejos
en que jugábamos en las calles
a la escondida o al tejo,
en aquellos caminos de tierra
sin este asfalto negro y feo.


Ya no vienen las golondrinas
que nos anunciaban viento,
y jugaban con nosotros
no importaba a que juego;


ni echamos las cometas
para que las elevara el viento,
con rafia de badana
de aquellos rolos viejos,
que ahora se enredarían
en los cables de unelco.


Ni se escuchan las campanas
del reloj del campanario viejo,
que ya ronco, siguen marcando
todas las horas del tiempo;


ni aquellas campanas que tocaban:
a misas, a velorios, o a incendios;
todo ha envejecido en mi pueblo
ya, solo quedan recuerdos,
a los que les nombro con palabras
para que no mueran en silencio.




¿Cuanto tiempo ha pasado por mí?.


Me pregunto cuanto tiempo he vivido
cuando miro al aguacatero de enfrente,
casi seco, con algunas ramas verdes
en su tallo viejo, por los años corroído;


yo lo recuerdo joven y fuerte, lleno de frutos
cuando era de don Miguel Juan y doña. Pilar,
el de la tienda de ropa, y telas al detal,
igual que yo de viejo, catorce lustros pasados;


y se avivan en mi, lejanos recuerdos
a los que le pongo palabras como nombres,
para que se mantenga en el tiempo ya ido
y no caigan en un mundo de silencio.


El como yo, oímos voces muy lejanas
con ecos felices de jóvenes y niños,
recordando aquellos tiempos con cariño
de inocentes juegos y lozana cara;


hoy, tan lejos de ayer, menos que mañana,
ya casi juntos, mi alba y mi ocaso,
pienso que mi reloj se ha parado en el tiempo
cargando con las huellas del pasado;
sobre mi cuerpo seco, triste y viejo,
como el aguacatero de al lado.


Jecego.

8 comentarios:

Katy dijo...

Con tanta poesia que hás publicado de sopetón ya me hecho un lio. Me quedo con la de la nube porque soy una enamorada de ellas.
Vaya prisas, no deja que me empape con la lluvia suave de tus palabras. Esto es una tormenta:)

"ya casi juntos, mi alba y mi ocaso,
pienso que mi reloj se ha parado en el tiempo cargando con las huellas del pasado;
sobre mi cuerpo seco, triste y viejo,como el aguacatero de al lado"

Un enorme abrazo

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Katy, tu eres la luz que tengo al lado, pues apenas hace un momento que escribi y ya me llegó la luz de tu sol.
Un abrazo amiga, gracias por tu visita y comentario, espero tu sol cada día.
Jecego.

Pluma Roja dijo...

Buenos días apreciado Jecego, paso el día de hoy saludando a los buenos amigos.

Te dejo un fuerte abrazo

Besos.

Hasta pronto.

Flor dijo...

Isidro, que tanto escribiste hoy??

Te vas de vacaciones y nos dejas tus huellas para que no te olvidemos ?? jajajajaja

Me gustaron todos, todos son preciosos.

Besos mil mi poeta romantico.

Flor

Estrella Altair dijo...

Isidro, ja, ja,....

osea que no te gustan los androides....

ja, ja, ja.

a mi si..

¿Viste la pelicula Blade runner???

y va de eso ... amores entre androides y humanos..

pero bueno admito tu opinión, con grado..

y por otro lado me agrada mucho recoger pedazitos de tu historia y ahora sé que para ti fue importante ese reloj de campanario, que has jugado a cometas, que las campanas te emocionan, que Migual Juan y doña Pilar te llenan de emoción en su recuerdo, que el aguatero.. te ha echo feliz.. muchas veces y muchos años.

Gracias.. tu si que eres luz para los demás.. luz y esperanza...

el tiempo ha pasado por ti y por tu cuerpo..y te habla y te cuenta... cosas.. que nos trasmites en forma de poesia y que a mi me llenan de emoción,

.. sigue haciéndolo..

gracias por tus piropos...

pero esa dama azul.. no soy yo...

yo soy mas...

... como te diría....????

como el castaño...y como la abeja, juntos...

Besos...

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Pluma Roja; tu nunca pasas de larga, porque siempre dejas tu huella de sabiduría, ¿cuantos blog tenemos raices tuyas? En el mio tengo : raices, ramas y frutos que luzco con orgullo. Gracias amiga por tu comentario, uno des frutos de mis ramas.
Un abrazp, Jecego.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Flor; no me voy de paso, nunca lo haría sin despedirme de mis amigos, que son muchos y forman ya parte de mi mundo, este que aunque lo descubrí tarde, me abrazo a él. ¿Donde encontraría yo a estas alturas de mi vida nada mejor? y aunque lo encontrara, no cambiaria a los amigos que tengo, por otros que pudiera tener.
Amiga, gracias por la Flor de tu comentario. Un abrazp.
Jecego.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Estrella...teniendo los amigos humanoides que tengo, voy a pensar en otros androides. ¿Podrías decirme, si conoces alguno, si tienen sangre caliente? en algunas fotos parece que si, pero yo ya no estoy para pruebas. Prefiero tomar pedacitos de mi historia publicarlos con cierta mascara, sentarme bajo el castaño, recoger su fruto; tomarme un vaso de vino con un bocadillo de pan, lomos de caballas, tomates y lechuga. Solo trabajo hasta las dos de la tarde, luego retomo el camino de casa, cubro los 6 km. de distancia desde la Dehesa a casa, me ducho, como, y a descansar. (esto solo lo hago los domingos y días festivos).
En los pueblos, mirandolo desde la atalaya del tiempo, todo es poesía;
como la abeja y el castaño.
Amiga, un abrazo. Gracias por tu precioso comentario.
Jecego.