Un hombre en busca de una alborada.

Un hombre en busca de una alborada. (Foto del Blog de rcedres, De todo un poco.)



(viernes 15 de enero 2010)


Hubo un hombre que quería tocar las nubes de la mañana; sus ojos se fijaron en ellas, y solo les apartaba su vista para mirar hacia atrás, para ver su propia sombra, que era su única guía mientras caminaba durante la mañana; por la tarde, su sombra estaba al frente, y con la mirada perdida, fijada en su memoria, iba al encuentro de una alborada.



Cuando la tierra quedó a su espalda, cruzó el mar, caminando sobre las aguas, en el camino que le iba haciendo la luna, luego, al día siguiente, el sol extendía sus rayos creando nuevos caminos..


El andante cruzó los mares sin importarle nada.


Un día llegó a la otra orilla del mar donde había visto las preciosas nubes que bailaban,  pero se había equivocado, porque ahora lo hacian  mucho más allá, al otro lado de la tierra pero siguió caminando, porque llevaba impresa en su memoria, aquella imagen única, de una alborada, y tenía que llegar hasta donde estaban las nubes, su imagen soñada, la reina de las bellezas, la imagen de su vida, su meta soñada.


Así pasaron muchos años, caminando en dirección al Este, siempre como guía su propia sombra, buscando aquellas nubes fantásticas que había visto en Canarias, y que parecían que se alejaban mientras él trataba de acercarse. Pero su fe se unió a su esperanza y le sobraban fuerza para alcanzarlas; y seguía caminando con la única guía de su sombra, porque quería encontrar aquellas nubes multicolores que había visto en la alborada.


En su andar incansable encontró la desolación.


Había llegado a un país sin sol, donde todo estaba cubierto de nieve y agua; donde no había sombras, todo era un anochecer, sin sol, sin luna, sin estrellas. Se metió en una cueva y durmió, y mientras lo hacía soñó: que como Canarias no hay dos mundos; que las nubes, son solo para verlas, porque no se dejan coger, son huérfanas de padre y madre, no se repiten, son únicas en la tierra a su semejanza y no se separan de los canarios, porque con el Teide son su santo y seña.


Durmió profundamente, lo justo después de tan larga jornada; cuando despertó y abrió los ojos, eran las seis de la mañana, estaba en las Dehesas de Güímar, monte cerca de Izaña, y asombrado, ante sus ojos, tenía la alborada que buscaba.


Él la había ido a buscar por todo el mundo; pero ellas no salen de Canarias, su Patria, su Mundo, su Paraíso; el Paraíso de España.


Jecego.


4 comentarios:

Flor dijo...

En prosa o en verso tu escribes de maravilla.

Pero yo creo que se debe buscar mismo que no se encuentre, solo así se da valor al que nos rodea. La felicidad casi siempre esta cerca y uno no la mira. Si uno no la busca, no la ve nunca!

Besiños
Flor

Pluma Roja dijo...

Preciosa prosa. Un lindo relato. Y ¿sabes? después de leerla me encantaría conocer Las Canarias. Un bello día Poeta.

Hasta pronto.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Flor; es verdad, uno debe buscar la felicidad, primero, en uno mismo, luego, a nuestro alrededor; porque la feliidad solo es una imagen que poseemos, pero que a veces no la apresiamos y se nos va.
Cuando tomas una rosa de un rosal, has roto su felicidad, por lucierte con ella, pero la flor no está de acuerdo, se marchita, y
muere; hubiera sido mejor, lucirte cual eres y dejar la rosa en el rosal, y no buscar en el rosal la belleza que buscabas.
Un abrazo amiga.
Jecego.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Pluma Roja, Gracias por TODO, porque lo tuyo es mucho.

Colocaré imagenes de mi pueblo para que lo conozcan mis amigos.

Un abrazo mi amiga, que la suerte sea tu aliada.
Jecego.