Yo soy aquel.

Yo soy aquel que se ve en el espejo

de sus recuerdos.


(En esta poesía trato de exponer algunos recuerdos de mi vida cuando tenía 12 años)
(ahora, el póximo día 15 de Octubre, del 2009, cumpliré 78 añitos.)


He subido hasta las dehesas
para acompañar al pino canario,
y ver desde esa verde altura,
a mi pueblo, sus calles y mi barrio.


Allá, veo el mar atlántico
como espejo en su marco,
y en el espejo veo a un niño
como de unos doce años:
moreno, flaco y descalzo
con un haz de tederas al hombro,
para llevar a sus cabras y conejos,
hasta su corral, en Tonazo.


En otro lugar del espejo
de aquella, gran masa salada,
veo al mismo niño, con otros,
jugando en la Asomada;
al boliche, al trompo, a piola, al cuento,
a carreras por saber, quien primero llegaba,
y a las cometas compitiendo,
por ver quien mas la elevaba.


A la pelota de trapo, que hacía
con las medias de punto ingles,
que la madre desechaba, por rotas,
por la planta de los pies.


Las medias se llenaba de papeles y algún trapo
apretados en el fondo, para darle redondez,
le daban vuelta, para virarla al revés
luego una badana, para terminar el trabajo.


En este espejo no hay orden
de edad, espacio ni tiempo,
solo hay muchos recuerdos,
traídos y llevados por el viento.

Subiendo por el tanque de don Cirilo
con el bulto cruzado, del hombro al costado,
va, a la escuela de doña Maria de la Paz,
situada en el Calvario
en un salón de Gonzalo Santana,
“la universidad del barrio”.


En el bulto llevaba, la enciclopedia,
el manuscrito, “países y mares”, una libreta,
tinta y pluma, goma, lápiz, y la tabla;

en sus pies, ilusión, por llegar a la escuela
y hambre de aprender  en la testa,
con la docta palabra de Doña María de la Paz


insigne y madre- maestra.


Las olas del mar, mueven a su antojo,
el cristal, de mi espejo, imaginario,
trayéndome imágenes en solitario,
sustrayéndolas y presentándolas sin enojo.


Soy masjuelero de nacimiento
aunque de la plaza soy gregario,
recuerdo la casa donde nací en la Asomada,
para mi familia, y vecinos, un santuario;


recuerdo caminos, veredas y llanos,
aljibes, tanques, y tarjeas de mis acuarios,
donde bebía agua cuando venia del campo
cansado, inclinando mi cuerpo en el charco;
recuerdo a mis padres, en la mesa, sentados,
sin televisión, sin lavadora ni radio.


Solo se miraban a los ojos, resignados,
y extendían su mirada a su rebaño…

Otra vez se ha movido mi espejo
y ha trasladado mi mente al instante
a un huerto verde muy largo
plantado de maíz, papas y tomates:
y veo a mis padres trabajando
y a mi hermano Melquíades en un capazo.


La mar se ha puesto brava con el viento
y mi espejo de agua marina, me proyecta,
desde la altura de las dehesas, estoy viendo,
el serpentear de los caminos, como veletas;
la montaña grande verde y ondulada,
como el pelo de una dama, de buena planta;
las casas del Socorro agrupadas
como un portal de Belén, en arena templada.


El viento en los pinos me hizo despertar,
de aquel sueño, que recuerdo con sutileza,
pero como no soy ni desanimo ni tristeza,
solo un álbum de mi calendario;
recordaré todas mis obras pasadas y presentes
y contaré a mi manera, en mi glosario,
todo lo que recuerde, de mi lejano pasado
y que hoy, sus imágenes, invadan mi mente.


Yo no miro por encima de nadie
de los que delante de mi caminan,
ellos, van acompañados y volverán,
yo voy solo con mi sombra, a mi aire;


Desde la altura de las Dehesas,
veo todo a mis pies, engalanado,
de verdes plantaciones, de fresas,
aguacates, naranjos y plátanos;
y a mi alrededor veo, tengo, y admiro,
todos lo colores y aromas, del agro:


peras, manzanas, ciruelas, castañas,
higos, limones, uvas, membrillos,
tunos, nueces, higos cotos y blancos
y flores, que forman, el arco iris de mi vida.


Toda esa belleza se puede ver desde los cielos,
y desde el pino canario, en las alturas, que,
las dehesas, madre natural ha de ser,
residencia habitual por los siglos;

corolario de hermosura y placer,
de mi valle güimarero, una primura;
y por si fuera poco tener tanta hermosura ,
se le suma en el horizonte, la boreal aurora, para ver.


Jecego.







2 comentarios:

vuelo de hada... dijo...

Más bien somos los jóvenes los que podemos aprender de estos blogs, un placer leerte me instalo por aqui también.
Un abrazo desde mis rincones...

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Vuelo de hada: gracias por acercarte a mi blog, por lerme y por darme fuerzas para seguir.
Soy un aprendiz muy tardío, pero estoy a la sombra de todos ustedes que me empujan para poder seguirlos.
He leido varios temas de tu blog y puedo afirmar que estoy aprendiendo. Te seguiré.
Un abrazo.

PD.Todo lo que escribo es mío y se que debo aprender muho para expresarlo, pero aprenderé.