Recuerdo un amanecer triste.

Recuerdo un amanecer triste:
Sábado 6 de febrero de 16.

Recuerdo un amanecer rojo en el horizonte
y el mar rojo cereza con inmensas olas;
olor a fuego, a llama, a muerte líquida
que como lluvia salpicaba la magnitud del aire;

el rojo del sol, hacía heridas profundas en la mar,
atravesaba la figura física de las locas olas
cargadas de muerte por la incisa llama solar
que hacía arder el agua que se estrellaba en la roca.

Ese día nos refugiamos tú y yo en la luna, amante del sol
y cuidaba de que sus dardos asesinos no le llegaran,
ocultándola más allá de su llama,
para no lesionar su piel de cristal volcánico.

Pasaron las horas y lloviendo a mares, 
se apagó aquel incendio solar y la mar se hizo mansa,
volvió a ser lo que era, mundo azul de los branquiales,
después de apagado aquel desierto de agua salada.

Y respiré tranquilo al despertar y ver
que todo había sido un mal sueño, y sudaba.

Jecego.