Soledad tardía


Soledad tardía.

Me encierro en mi soledad tardía,
grito al cielo que me escucha
y le canto mi serena agonía
que lleva el viento en alas de escarcha;

siento mi piel herida por las espinas del tiempo
y siento un dolor agudo, tembloroso,
como uñas de acero que quemaran
dejando en la piel las cicatrices del tiempo;

para herirme no necesito a nadie,
se herirme solo;
me basta con contar mis días, solo,
y solo mirarme las  heridas que me hizo
mi tiempo sin permiso.

Señor, dame tu mano, la conozco
y sé que es humana y sanará mi piel,
antes que la noche sea polvo, u olvido
perdida en un mundo que no conozco.


Jecego. Güimar 04 de julio del 16.