Como un beduino.




Como un beduino
caminaba por las arenas de tu desierto;
sin saber si estaba vivo o muerto
rodeaba tus dunas, casi perdido
mirando al cielo, buscando a Venus
como guía de regreso,
por confuso camino
de ese gran desierto, que es tu cuerpo
perdido:

Me encontré con los soles de tus ojos,
el dulce manantial de tu boca,
tu desierto con montañas y cañada,
un Valle rico en placeres,
una cicatriz que un día fue manantial de vida,
un oasis y dos caminos, el tuyo y el mío
cada uno con un destino, pero unidos
para siempre….


Jecego. 24 de junio del 16.