Hoy como ayer, el hombre se equivoca.



Amanecer en La Dehesa de Güimar

Nada cambia, solo la gente cambia;
ni siquiera cambia el humo de otra madera,
arde, se quema y eleva sobre la tierra
y al elevarse canta, sobre la yerba seca.

Nunca el hombre supo como evitar la guerra
antes de encender la llama, siempre 
frotó la yesca que la declara, la enciende,
se aparta, y deja que arda como si no ardiera.

Se aleja, se olvida;  y en su partida deja
ese olor a llama que se libra de la madera.
Y marchita el cielo antes luminoso, con su estela
de humo quebrantando la belleza de la estepa.

Nunca,  ayer estuvo tan cerca ni tan lejos,
de los hombres solo han cambiado sus caras
y retornan repitiendo errores viejos, con olor a guerra;

nada hay nuevo bajo el sol;  ni siquiera el hombre
ha sabido cambiar la faz a la tierra con cordura,
solo sabe destruirla, arruinarla, incendiarla; con su locura. 

El hombre es: inmisericorde consigo mismo,
y siendo así, ¿que más le vamos a pedir......?
el hombre no cambia, ni aún pisando
sus propias miserias; él se cree sus propias mentiras,
porque nunca ha visto más allá,  de sus erradas palabras.

Jecego.


4 comentarios:

Sneyder dijo...

El ser humano sigue equivocándose, creando guerras, destruyendo vidas… llenándonos de dolor. Y aun así no cambiamos
Ley que…"La guerra es dulce para aquellos que nunca la han experimentado.
Sentidos versos. Siempre un placer leerte.

Un abrazo Isidro

Jacque dijo...

Lindo Poema !!!!!!!!!

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Sneyder, el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Gracias por tu visita y comentario.
Un abrazo. Jecego.

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Jacque, los humanos nunca aprendemos, siempre repetimos los mismos errores.
Gracias por tu visita y comentario.
Un abrazo. Jecego